lunes, 29 de abril de 2013

Los amores de Sylvia de Elizabeth Gaskell

En los primeros días de noviembre de 1859 Elizabeth Gaskell, acompañada de dos de sus cuatro hijas, hizo las maletas y salió de viaje en busca de inspiración. Tenía en mente escribir una nueva novela ambientada en algún paraje indómito de la región de Yorkshire. Cuando llegó al pueblecito costero de Whitby supo que había llegado al lugar idóneo.
Una vez instalada en el N°1 de Abbey Terrace se dedicó a documentarse y entrevistarse con sus habitantes. Estos compartieron con ella sus recuerdos sobre la historia y las antiguas costumbres de la pequeña localidad ballenera.  Unos años más tarde, aquellas pesquisas dieron como  resultado el libro que os traigo hoy, "Los amores de Sylvia".  

Publicada en febrero de 1863 esta novela tiene una originalidad; a diferencia de sus otras historias, ambientadas en el siglo  XIX, Gaskell traslada la acción al siglo XVIII. Tal y como  ya hiciera con Manchester en "Norte y Sur"(que se convirtió en Milton),  Whitby se transformó bajo la pluma de Gaskell en el pueblecito de Monkshaven. A grandes rasgos esto es lo que cuenta la historia...

Corre el año 1796 e Inglaterra esta inmersa en las cruentas guerras napoleónicas. Pese a estar aislados en las lejanas tierras del Norte, los habitantes de Monkshaven deben hacer  frente, no solo a los peligros de la caza de ballenas, sustento de su economía, sino también a los ataques de las patrullas de la Marina británica. Y es que con gran falta de efectivos, estas no dudan en "cazar" marineros para alistarlos forzosamente en el ejército. Monkshaven sufre enormemente bajo los efectos de esta injusticia, pero sus habitantes intentan llevar una vida normal  entre las preocupaciones propias de la vida cotidiana.


El pueblecito de Whitby
Entre sus gentes una jovencita destaca por su deslumbrante belleza.  Su nombre es Sylvia Robson y es una campesina que vive humildemente en la granja de sus padres.

Sus encantos sin embargo esconden muchos defectos. Pero pese a esto su primo Philip, profundamente enamorado, solo ve en ella la más absoluta perfección. Encargado de la tienda de Monkshaven, Philip es conocido y apreciado por su carácter paciente y responsable. Su única debilidad es Sylvia y su único sueño pensar que un día  pueda convertirla en su esposa.

Pero en su camino, echando por tierra sus planes, se cruza el valeroso y apuesto arponero Charley Kinraid, quien no tarda en conquistar el corazón de la vanidosa Sylvia. Prometida con Kinraid, el triángulo amoroso parece tener los días contados, pero el destino interviene en el momento menos pensado. Bajo los ojos atentos de Philip, Kinraid es enrolado a la fuerza por la Marina. Pese a que este le ruega a Philip que cuente a Sylvia lo que le ha ocurrido, el joven tendero guarda silencio haciendo creer a la joven que Kinraid ha muerto ahogado.
Con Kinraid desaparecido y Sylvia cerciorada de su muerte, Philip consigue finalmente casarse con ella ¿que podría interponerse ahora en su felicidad? Pero lo que Philip no quiere o no puede admitir, es que  estar desaparecido no significa, ni mucho menos, estar muerto.




Monkshaven acechado por la bruma
Antes de nada, un aviso muy importante a los futuros navegantes. Gaskell afirmó que esta había sido, con diferencia, su novela  más triste y en lo que a mi respecta, la congoja todavía me invade cada vez que pienso en la historia. Os he avisado porque, pese a lo que el título pueda sugerir, "Los amores de Sylvia" es un relato triste, muy triste. Sobre todo no esperéis encontrar una historia de amor.

Ante este dato, muchos decidiréis no embarcaros en una lectura tan deprimente, pero yo solo puedo deciros una cosa, la novela no esta escrita por cualquiera. Los que os habéis acercado ya a la obra de la autora, conocéis la magistral capacidad de Gaskell para esbozar  el fiel retrato de localizaciones, costumbres y personajes. En este aspecto, "Los amores de Sylvia" no decepciona; es más tiene una fuerza descriptiva y una atmósfera que te envuelve completamente desde el primer capítulo. Así pues, los valientes, que sigan el viaje conmigo.

Mientras uno está leyendo la novela piensa que no es extraño que Gaskell decidiese ambientar su historia en los inhóspitos acantilados de Monkshaven. Todo en el libro tiene un carácter salvaje y nos traslada a un tiempo en que las pasiones y las fuerzas de los elementos se desataban violentamente. Muy pocas veces el sol hace su aparición a lo largo de la historia. Esta es una narración velada por las brumas, la lluvia y el embravecido oleaje del mar del Norte. Mirad como describe Gaskell la situación del pequeño pueblo:

"Los páramos salvajes y desolados circundaban Monkshaven por tierra con la misma eficacia con que lo hacían las aguas por mar".

Así es como uno se siente al leer la novela, completamente aislado entre una naturaleza hostil que hace aflorar los peores instintos de las personas que la habitan. Y es que si hay algo que caracteriza a la novela es que más que una novela realista, donde personajes de distintas clases sociales se enfrentan, estamos ante el enfrentamiento de distintos caracteres y sentimientos. 


Sylvia y Kinraid charlan bajo la furiosa mirada de Philip
Por un lado tenemos a los personajes que anteponen sus impulsos  al uso de la razón. Ahí tenemos a Sylvia y a su padre (personaje que me encantó pese a ser un zoquete de mucho cuidado). Por otro, tenemos a personajes con caracteres totalmente opuestos: Bell (la madre de Sylvia), Alice Rose y Hester, siempre piensan en las consecuencias de sus actos y en como estos pueden afectar a los demás. No quiere decir que haya personajes buenos y malos porque en esta novela todos son ambas cosas, como en la vida misma.

En todo caso si para mi hay un personaje clave en esta historia, ese es Philip.

Este tiene todo lo que un joven puede necesitar para ser feliz: una buena educación, un floreciente trabajo, amigos que lo aprecian y una mente lúcida que le guia hacia las buenas acciones. Pero todo se difumina cuando Sylvia se cruza en su camino. En su ciega pasión todo lo demás deja de tener importancia para él. Nada es suficiente ni valioso si Sylvia no está a su lado. Claro está que cuando Sylvia elige prometerse con Kinraid en vez de con él la obsesionada mente de Philip no cesará en su intento de conseguirla. Así que cuando las circunstancias le brindan la oportunidad de cumplir su propósito, no hay educación ni moral que valga para frenar sus acciones; incluso sabiendo que está conduciéndolos a todos hacia la tragedia.

Una tragedia que se presagia desde el principio de la novela, y que va ganando en intensidad hasta llegar a unas escenas finales que te rompen  el corazón literalmente (las escenas de Philip en los últimos capítulos de la novela son desgarradoras y no puedes evitar pensar que el castigo que Gaskell le impone por sus faltas es desmesurado).

Esa es la gran pega que para mi tiene la historia. La parte final peca de efectista y  las actitudes de los personajes están llevadas al extremo; tanto que a veces no puedes creer que actúen de semejante manera. Sylvia no tiene nada que ver con el resto de heroínas de Gaskell y me ha sido muy difícil conectar con ella. Es que hay veces que me daban ganas de gritarle: "Niña reacciona por Dios ¿como puedes ser tan cenutria e inconsciente?". Es un personaje realmente desconcertante y parece que nunca podamos llegar a comprenderla, que se guarde sus razones herméticamente y aparezca como incompleta a nuestros ojos.


Sylvia se arrepiente de su matrimonio y
guarda luto por Kinraid
Pero claro todo esto es necesario para que Gaskell cumpla el objetivo para el que escribió la historia, dar al lector una lección. Esta es que, al igual que Sylvia y Philip, las personas no podemos evitar alejarnos de lo que podemos tener para perseguir cosas que, sencillamente, no pueden ser. Muchas veces nos guiamos cegados por  impulsos en vez de por la razón y esto puede tener terribles consecuencias  para nosotros mismos y los que nos rodean.

Esta fue una de las razones por las que Gaskell ambientó su historia en el pasado. Para demostrar que la educación y la civilización actúan de forma positiva en el carácter de las personas, regulando sus impulsos más animales y guiándolos hacia la felicidad. Creo que aquí nuestra Gaskell pecó de inocencia ¿acaso las normas y la educación de la época victoriana en la que ella vivía o incluso de nuestra época han conseguido domar nuestros más terribles instintos?

Es evidente que si. La educación y la civilización han tenido un beneficio enorme en nuestros comportamientos y en la actitud con la que nos desenvolvemos en sociedad, pero aún así, tenemos dentro de nosotros  impulsos, tanto buenos como malos, que una vez avivados son terriblemente difíciles de dominar.

Como véis a pesar de ser un Gaskell no le doy un Coup de coeur. Debo ser sincera y la historia, a pesar de que he disfrutado mucho su lectura, no es de lo mejor de la autora. Aún así os animo a leerla, aunque si es vuestro primer Gaskell id mejor a por otra de sus novelas :)

Feliz lunes a tod@s!