lunes, 22 de abril de 2013

Domingo en un "village français"


Nuestra calle, lugar de animación constante
Como todos los domingos, hoy hemos salido a dar un buen paseo. Ahora que por fin el tiempo es más clemente y empieza a florecer la vida por todas partes, la caminata resulta muchísimo más agradable. Eso si, nuestra calle y sus alrededores siguen tan desiertas como de costumbre. Es muy sencillo, la gente solo se detiene en la plaza del Mercado y en la estación de tren. El resto es lo más parecido a un no man's land que podáis imaginar. ¿Donde quedó mi sueño de hacer como Bella (enlace) en su pequeño pueblecito francés? "Esta es mi pequeña aldea..." 

Hombre no es que fuera a ponerme a cantar como una descosía, pero hubiera estado bien cruzarme con el panadero, cotorrear con la tendera, ser la envidia de las cabareteras... Enfín si esto ya era complicado, hacerle una visita al librero es simple y llanamente imposible. En nuestro pueblecito lo que más se acerca a una librería es el quiosco.
Y ya se sabe a falta de pan, buenas son tortas! Menos mal que está muy bien surtido y al final siempre acabamos picando algo. Como siempre mi elección fue de lo más lógica. ¿Como maldecir tu suerte y la amplitud de tu minúsculo habitáculo? Pues comprándote una revista donde la casa más pequeña tiene una parcela de 1000m. Vamos que de nuevo la Bella me la ha jugado buena; a ver ¿donde demonios está el Ala Oeste que me corresponde?

Menos mal que la elección de Jean ha sido mucho más provechosa. Primero por el delicioso recorrido por Andalousie (válgame como queda el nombre en francés) que hace la revista, y segundo porque uno de los artículos estaba dedicado a la región de los Dolomitas, una preciosa zona  de Italia, protagonista de uno de los libros que estoy disfrutando ahora.

Salvada por los Dolomitas y Amelia Edwards
Me encantan los cuadernos y diarios de viaje antiguos. Sus autores fueron a menudo verdaderos pioneros, que en pleno siglo XVIII y XIX, se atrevieron a adentrarse en lugares totalmente aislados y desconocidos para la gran mayoría de sus compatriotas. Cuando en mi última visita a Gibert Jeune di con el libro de Amelia Edwards, "Una dama en los Dolomitas" no dudé un segundo en llevármelo a casa.

Edwards fue, además de periodista y novelista, una reconocida egiptóloga inglesa. Su amor por Egipto solo podía equipararse al que sentía por hacer las maletas y emprender camino hacia cualquier parte.
Acabo de empezar este viaje con ella y no creáis que ha dejado algún detalle al azar. Lo primero que hace es poner sobre aviso a los futuros viajeros. Para sobrevivir en nuestro periplo por las montañas, debemos equiparnos con lo siguiente: 

" Una pequeña provisión de té, fécula y concentrados Liebig, una o dos botellas de Brandy, un frasco de moscatel o cualquier vino dulce y un hornillo, son los objetos indispensables para garantizar nuestro bienestar durante el viaje"
El Avecrem de la época

Comprendo perfectamente lo del té, lo del concentrado de caldo (nunca sabes que mejunjes vas a tener que tragar por esos lares) y lo del hornillo, pero creo que Amelia va a tener que explicarme más adelante  para que quiere tanta botellita alcoholizada.

No se porqué pero creo que va a ser un gran viaje!