sábado, 20 de abril de 2013

Gigi de Sidonie-Gabrielle Colette

Colette en su ventana del Palais Royal
Hace unos días, después de una fructífera mañana en la Bibliothèque de l'Arsenal, aproveché que el sol por fin brillaba sobre París y me encaminé hacia los jardines del Palais RoyalBajo el brazo llevaba  "Gigi" y si había decidido ir a leerlo allí no era en absoluto por casualidad. 

Colette, su autora, había pasado  los últimos años de su vida, en el número 9 de la Rue de Beaujolais. Las ventanas de su piso se abrían a los mismos jardines donde yo me encontraba y fueron estas vistas las que inspiraron sus últimas obras, entre ellas Gigi. Esta breve historia, ambientada en la Belle epoque, fue acogida con gran entusiasmo cuando fue publicada en 1944. Y no es de extrañar, ya que aún con la terrible guerra de fondo, el público pudo olvidar por un instante el sombrío presente y trasladarse de nuevo al dorado año de 1899.

Es justo entonces cuando la novela da comienzo y en un modesto apartamento parisino conocemos a Gilberte nuestra protagonista. Gigi, como la llaman cariñosamente su madre y su abuela, es una jovencita algo patosa y desgarbada pero de belleza prometedora.

Burgués con selecta y cara compañía
Nieta y sobrina de antiguas "courtisanes" Gigi ha crecido escuchando los escándalos y las hazañas de las grandes meretrices parisinas; pero como una flor que se niega a abrirse demasiado pronto, conserva la inocencia y la frescura propia de sus quince años.  Su vida transcurre tranquila entre  la monotonía de la escuela y las constantes lecciones impartidas por su abuela, Mme Alvarez y su tía Alicia de Saint-Efflam.  La pobre Gigi debe aprender a distinguir los kilates de las joyas, a mantener la postura de sus piernas, a saber elegir los mejores puros y a  comer con elegancia la langosta a la americana. Según su tía esta es la única formación que necesita una muchacha para triunfar en la vida.

Pero si hay algo que consigue ilusionar a Gigi son las frecuentes visitas de Gaston Lachaille, un joven y apuesto heredero, que encuentra en casa de Mme Alvarez, la antigua amante de su padre, un reducto de paz en medio de su desenfrenada existencia. 
Toda esta paz se desvanecerá el día en que Gastón anuncia su ruptura con la que ha sido su última amante. A ojos de Alicia y de Mme Alvarez esta es la oportunidad perfecta para que Gigi se de a conocer al mundo  ¿que mejor reputación para ella que empezar su carrera de cortesana del brazo del acaudalado Gastón? 


Gigi, de niña a ¿futura cortesana?
Todo parece arreglado de antemano, y ante Gigi se vislumbra un futuro de lujos inimaginables; pero lo que nadie espera es que, bajo su aparente inocencia, la joven tiene muy claro  que jamás consentirá convertirse en la mantenida de ningún hombre, ni siquiera del propio Gastón que sin darse cuenta ya ha caído rendido ante la inocencia y el encanto de la bella Gigi.
  
                                     


Lo primero que pensé al pasar la última página fue: !No puede terminar! !Necesito otras cincuenta páginas por lo menos! Y es que si el relato tiene una única pega es que desgraciadamente se hace demasiado corto.  Es la primera vez que leo a Colette y, aunque había oído muchísimas alabanzas de su talento, no puedo creer que haya esperado tanto tiempo para juzgarlo por mi misma. 


Escenas de la adaptación cinematográfica con
 Leslie Caron como Gigi
La verdad es que yo no soy muy aficionada al relato breve y cuando vi lo cortito que era el libro enseguida pensé que me iba a saber a nada. Pero ilusa de mi no sabía que estaba ante una de las "grandes". Solo un excelente escritor puede, en tan solo sesenta páginas y dos escenarios (la historia transcurre únicamente en el apartamento de Gigi y en el de su tía), recrear un mundo que nos absorbe completamente.  Las frases, justas y directas, describen el ambiente con exquisito detalle. Colette tiene ese talento, que pocos escritores poseen (y que yo atribuyo más a las escritoras británicas), de captar las banalidades cotidianas y dotarlas de una apariencia extraordinaria. No os exagero si os digo que he sido capaz de percibir los olores del desayuno que prepara Mme Alvarez o el de la fragancia de lavanda que desprende Gigi cuando se prepara para ir al colegio. La misma paz que sentía Gastón cuando entraba en ese cálido y hogareño universo, formado por tres generaciones de mujeres, la he sentido yo en cada página.

Pero lo que más me ha impresionado es que la autora consigue dotar a los personajes y a las situaciones de tal realismo, que hasta he aceptado sin condenar a nadie, que Gigi estuviese siendo preparada para convertirse en prostituta de lujo. Solo me he limitado a observar y a  disfrutar de la historia sin emitir ningún juicio; exactamente como si estuviese leyendo la novela con los ojos de una lectora de aquella Belle Epoque.
Si a esto le sumamos que el personaje de Gigi es cautivador, los diálogos ingeniosos y la historia increíblemente tierna, ya podéis imaginar lo mucho que me ha gustado.   Os la recomiendo con los ojos cerrados.

Otra de las cosas que me ha encantado es que Colette introdujo los nombres de célebres cortesanas entre las páginas de su novela. Siempre me había llamado la atención ese mundillo de opulenta decadencia, así que ya no había excusa para documentarme un poquito más.  Gracias a un libro de la biblioteca (algo viejo y difícil de encontrar más allá de las librerías de ocasión)  pude hacerme una idea de la tumultuosa existencia de estas mujeres.

De izq. a der. Liane de Pougy, Marguerite Bellanger, la Bella Otero,
Cléo de Merode, Cora Pearl
Emilienne d'Alençon, Mata Hari, Leonide Leblanc
Recibieron un sinfín de nombres "Courtisanes, cocottes, demi-mondaines, lionnes, grandes horizontales (este último  me encanta por que no puede ser más explicito) y en sus momentos de gloria tuvieron en la palma de su mano a los hombres más poderosos de su tiempo. Pasar una noche entre sus encantos llegaba a alcanzar cifras tan astronómicas como los !20.000 francos! (calderilla vamos) No es de extrañar que para estas mujeres su cuerpo representara su mayor capital. Se vendían al mejor postor y todo era poco para conservar su apariencia y hacer frente a la feroz competencia. 

La cara más oscura de la moneda es que la belleza es el más efímero de los dones; una vez marchitas y con sus amantes desaparecidos, muchas de ellas se encontraron en la miseria con el recuerdo como único testigo de su gloria. 
El único consuelo, compartido con muchos de los personajes más trágicos, es que el relato de sus vidas constituyó un material de excepción para los novelistas. Así Zola creó a "Nana", Dumas a la "Dama de las camelias" y Colette hizo lo propio con "Gigi", aunque ofreciéndole un merecido final feliz. 
De esta forma la literatura cogió el testigo y les ofreció el regalo que ni todo el oro de sus amantes habría podido comprarles, un huequecito en la posteridad.

Que tengáis un muy feliz fin de semana :)