sábado, 23 de enero de 2016

Testament of Youth de Vera Brittain

Una de mis mejores lecturas del 2015
Llevo mucho tiempo prometiendo hablar de este libro y por fin hoy cumplo mi promesa. No va a serme fácil, porque he sacado tanto de él y ha supuesto una emoción tan grande leerlo que temo a cada paso no hacerle justicia. Pero, con mucho respeto, voy a intentarlo.

Se que muchos habéis conocido a Vera Brittain a través de la reciente adaptación al cine de sus memorias (sin duda una excelente forma de llegar a ella); pero si tenéis la oportunidad, comprad un ejemplar de Testament of Youth y empezad a leerlo con calma.  Puede que os impresione su grosor, pero puedo prometeros que no os costará nada devorar sus páginas. Vera Brittain escribe con la sinceridad y la franqueza del amigo que susurra una vieja historia al oído. Querréis leerla deprisa para seguir descubriendo su testimonio y, al mismo tiempo, frenar el ritmo para permanecer con ella el mayor tiempo posible. Yo nunca olvidaré las tres semanas que empleé en leerlo. La rabia, la emoción y las lágrimas que derramé entre sus páginas. 

Como bien dice Mark Bostridge, biógrafo de Vera, en la introducción de la edición de Penguin Classics, "para Vera la publicación de "Testament of Youth" supuso el paso de un rubicón personal. Cerca de los cuarenta por fin había pasado, de la oscuridad, a la fama literaria con la que había soñado desde niña." Precisamente son esos sueños y ambiciones  de juventud los que protagonizan los primeros compases de Testament of Youth

La juventud de Vera, junto a sus padres y su hermano Edward, transcurrió en la pequeña ciudad de Buxton. Corrían los años de reinado de Eduardo VII y la descripción de esos días de inocencia ilustra a la perfección aquella Inglaterra de preguerra. La casa de los Brittain representaba  la esencia misma del hogar de clase media eduardiano. Una casa regida al ritmo de la música del pianoforte y de las comidas y reuniones familiares; de las lecturas adecuadas y los códigos de comportamiento respetables. Las convenciones sociales estaban a la orden del día y 
como cualquier jovencita de su época, Vera asistió como alumna a un respetable colegio de señoritas. 


Una joven Vera.
Pero mientras sus elegantes compañeras se preparaban para pulir sus cualidades como futura esposa, Vera empezó a descubrir con fascinación los entresijos del movimiento sufragista, leyó con fruición reivindicativos ensayos (poco recomendables) y, con ellos, amplió un horizonte que hasta entonces se había visto limitado a la costura, a unas cuantas nociones básicas y a las buenas maneras. Si bien es cierto que no pudo escaparse de sus obligaciones como debutante, una petición no dejó de rondar su cabeza. Entre 1912 y 1913 su vida transcurrió en una interminable sucesión de bailes, vestidos blancos, partidas de tenis, golf, lecciones de música y alguna que otra participación como actriz amateur. Pero pronto reunió el valor para confesarle a su padre su deseo de dejar Buxton y convertirse en universitaria. 

Vera vio en la Universidad la oportunidad de escapar de las convenciones y de la vida social de una pequeña ciudad de provincias. Y no sin mucho insistir, y con la complicidad de su hermano Edward (al que estaba especialmente unida), consiguió el visto bueno de su padre.  Empezaron entonces los meses de preparación del examen de acceso al Somerville College de Oxford. Y sin duda todo este combate de Vera por elegir su propio camino es uno de los aspectos que hacen tan interesante la lectura de Testament of Youth. En el empeño de Vera se refleja la lucha de toda una nueva generación de mujeres; la reivindicación de querer ser algo más que madres y esposas.

Somerville College a principios del siglo XX
Oxford significaba pues conocimientos y libertad. Ante ella se abrían las mejores conferencias del mundo, maravillosas bibliotecas, fascinantes librerías, intelectuales que conocer. Y también la sarta de habladurías en Buxton al verla enfrascada en sus libros, día y noche. Era común oír a las amistades de su madre diciendo escandalizadas "Have you heard? Vera brittain's going to be a lecturer!".


Ser una bluestocking era impopular y la decisión de Vera de estudiar literatura le hicieron ganarse no solo los apelativos de ridícula o excéntrica, si no la terrible amenaza de que le sería mucho más complicado encontrar marido después de sus aventuras intelectuales.


Es entonces precisamente, cuando a instancias de su hermano, conoce a Roland Leighton. De caracteres parecidos, Vera y Roland congenian enseguida y es una delicia asistir a sus primeras conversaciones sobre literatura y religión; a su intercambio de cartas, poemas y libros; y, como no, a sus primeros encuentros como pareja. Con lentitud y seriedad, el noviazgo fue avanzando a lo largo de 1914 conforme a los cánones de la época.
Edward Brittain, Roland Leighton y Victor Richardson,
"los tres mosqueteros" (fuente).
Pero el amor no alteró los firmes principios de Vera; ser una esposa mantenida no era una opción: "casada o no estaba determinada a mantenerme a mi misma, preferiblemente gracias a mis escritos, y nunca convertirme en una carga financiera para mi marido. Estaba convencida ya entonces que la libertad personal y la dignidad en el matrimonio eran incompatibles con la dependencia económica".

Con el aprobado en su bolsillo Vera inició su aventura en Oxford, participando activamente en muchos comités como The Oxford Society for Woman Suffrage, The Bach Choir, The War and Peace Society...pero el  asesinato del archiduque el 29 de junio y la declaración de guerra puso puntos suspensivos a cualquier proyecto. Su hermano Edward, su prometido Roland y Victor el otro amigo que componía el grupo de "los tres mosqueteros" no dudaron en alistarse. En sus mentes brillaba la visión heroica de la guerra y su deber para con la patria y el honor. Y aunque en un primer momento la guerra parecía todavía algo lejano, pronto la atmósfera empezó a enrarecerse. Los uniformes invadieron las calles y los primeros reservistas fueron llamados a filas. 


Mientras sus más allegados empezaban las practicas militares en sus respectivos regimientos, Vera intentaba concentrarse en los estudios por los que tanto había luchado; pero muy pronto se vio incapaz de permanecer al margen del conflicto. Abandonando Oxford decidió enrolarse como enfermera voluntaria, primero en Buxton y más tarde en Londres.
Las jornadas extenuantes se fueron sucediendo, pero también la camaradería con sus compañeras y la libertad de estar sola fuera de casa por primera vez. Para ese entonces corría el año 1915 y Roland ya estaba luchando en Francia. 

Como bien detalla Vera en esta parte de sus memorias la angustia de saberle en el frente era casi insostenible. El sonido del teléfono, la llegada de un telegrama o las listas de heridos en los periódicos eran señales de alarma. En uno de los cortos permisos de Roland ambos pudieron encontrarse en la estación de Saint Pancras y vivir con su despedida, uno de los momentos más emotivos del libro. 


Vera como enfermera en Malta y reunida con su hermano.
Pero sin duda el momento trágico llegaría con el siguiente permiso de Roland. Este había conseguido liberarse para pasar las navidades en casa y Vera a su vez pidió unos días libres en el hospital. La cita estaba fijada en Brighton, hasta donde también viajarían sus respectivos padres. La celebración de una boda parecía algo inminente para todos. Pero tras esperar noticias de Roland durante todo el día 24, sin ningún éxito, Vera recibió el 25 una llamada en la que se anunciaba su muerte en el frente. Caído el 23 de diciembre. A un solo día de regresar a casa.

Esta sería la primera tragedia a la que Vera tuvo que hacer frente; le seguirían otras perdidas de amigos y sobre todo la de su adorado hermano Edward a escasos cinco meses de que terminara la guerra. Como es comprensible la firma del armisticio en noviembre de 1918 no supuso ningún motivo de alegría para ella. Un mundo nuevo empezaba, pero en medio de la celebración y la euforia, su único pensamiento estaba con los que se habían ido. Ni siquiera las palabras que su hermano le había escrito unos meses antes "we share a memory which is worth all the rest of the world, and the sun of that memory never sets" podían reconfortarla.

Nada describe mejor la sensación de pérdida y vacío de Vera que este párrafo "For the first time I realized, with all that full realisation meant, how completely everything that had hitherto made up my life had vanished with Edward and Roland, with Victor and Geoffrey. The war was over; a new age was beginning; but the dead were dead and would never return." No quedaba nadie cercano para compartir su dolor; todos los que habían dado sentido a su vida habían desaparecido para siempre.



A pesar de los duros golpes Vera, haciendo gala de la valentía y la determinación que muestra a lo largo de toda su autobiografía, continuó ejerciendo su labor de enfermera hasta el final de la guerra. Pasó por Malta y por los hospitales de campaña del frente francés; y una vez firmada la paz regresó a Oxford para continuar sus estudios. Solo una cosa cambió; de pronto comprendió que no podía seguir estudiando literatura inglesa y decidió matricularse en Historia. Quería encontrar en el pasado las causas de las desgracias presentes, comprender los comportamientos de sus contemporáneos buscando en las raíces más profundas.  Y, aunque para ella el cambio supuso un hándicap (pues estaba menos formada en esta nueva disciplina), nunca se arrepintió de su decisión.
En Oxford coincidiría con Margaret Kennedy, también estudiante de Historia y con Winifred Holtby, a la que estaría unida por una profunda amistad; y de pronto el sueño de convertirse en escritora, en paréntesis por la guerra, volvió a convertirse en el motor de su vida.


El piso de Doughty Street en el que
vivieron Vera y Winifred.
Fue en los periódicos locales de Oxford donde Vera escribió sus primeros artículos y una vez terminada la universidad, ella y Winifred, ya inseparables, decidieron compartir un pequeño piso en Londres. Su propósito era escribir sin descanso hasta conseguir hacerse un hueco en el mundillo literario londinense. Y leyendo su testimonio no se puede negar que no lo intentaran. 
Como bien confiesa Vera, sus padres hubiesen preferido verla felizmente casada, pero para ella, el tiempo pasado en el 58 de Doughty Street (situado en Bloomsbury) fue uno de los mejores de su vida. Pese al frío y a lo espartano de su situación, Winifred y ella estaban cumpliendo su sueño.

Dados los magros ingresos que obtenía de su pluma Vera no tuvo más remedio que compaginar la publicación de artículos, con el trabajo como profesora y oradora para la Liga de naciones, recorriendo muchísimas poblaciones del sur de Inglaterra y más tarde varios países europeos. Los éxitos literarios tardarían en llegar (sobre todo para ella, ya que Winifred correría más suerte gracias a sus novelas "Anderby Wold" y "The crowded Street", cuya reseña podéis leer aquí). Pero Vera nunca bajó los brazos y continuó escribiendo. El matrimonio y la maternidad parecían algo lejano y ajeno a ella. Se había convertido en una de esas "mujeres de más" características de su generación, retratadas con maestría por Virginia Nicholson en su libro "Ellas solas".

Vera con su marido George y sus hijos.
(Fuente)
Pero el destino quiso cruzar otro hombre en su camino, George Catlin, con el que terminaría casándose. Sin embargo, el día de su boda Vera no quiso olvidar a otro de los hombres de su vida. Como ramo no llevó lirios, ni brezo blanco, si no un pequeño  manojo de rosas anaranjadas; el mismo ramo que Roland le regaló muchos años atrás durante una noche de Año Nuevo. 

"In spite of the War, which destroyed so much hope, so much beauty, so much promise, life is still here to be lived". 

"A pesar de la guerra, que destruyó tantas esperanzas, tanta belleza y tantas promesas, la vida seguía ahí para ser vivida."

Testament of Youth es la prueba fehaciente de la voluntad de Vera Brittain de vivir la vida y de vivirla en paz. Con su libro, con su testimonio escrito desde el corazón y las entrañas, firmó un alegato pacifista ante el que es difícil  permanecer indiferente. 

Precioso testimonio de la I guerra mundial, del periodo que la precedió y el nuevo mundo que nació tras ella, Testament of Youth es ante todo el homenaje de una mujer valerosa a su generación. A su prometido, a su hermano y a todos los que vivieron, amaron y cayeron en la guerra. 

La lectura de libros como este siempre es valiosa; pero en los tiempos que corren resulta todavía más necesaria. 

No quiero perder la esperanza y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano. Ninguna guerra debe sernos ajena y por más que España no participase en la I Guerra mundial, eso no significa que debamos permanecer ignorantes.

Con este deseo, pues, me despido; espero de corazón que si os animais a leerla disfrutéis con esta preciosa autobiografía. Para mi fue una de mis mejores lecturas del 2015 y sin duda un coup de coeur en toda regla.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas. 


PD. Testament of Youth ocupa el año 1933 en mi Century of Books.

PD1. Uno de los libros que Roland recomendó y prestó a Vera durante su noviazgo fue Pêcheur d'Islande de Pierre Lotti. Ella lo cita con cariño en varias ocasiones y yo no pude evitar leerlo. Roland  estaba en lo cierto; es un libro precioso y totalmente recomendable. A partir de ahora siempre asociaré las dos historias y las recordaré con emoción.
PD2. No podía dejar de compartir el hermoso poema que Roland dedicó a Vera durante su noviazgo. Encontró la inspiración en uno de los paseos que dieron juntos.


Roland Leighton


lunes, 18 de enero de 2016

Los libros que encontré bajo el árbol...

Foto de familia en casa.
¡Y por fin estoy de vuelta para inaugurar 2016! Este año he alargado un pelín más las vacaciones de Navidad y casi casi me como enero sin pisar el mini piso. Volví a París el día 12, y no creáis que me resultó fácil acostumbrarme de nuevo a la rutina después de tantos días de jarana. 
Pero bueno, al final todo ha entrado en orden y por fin puedo sentarme tranquilamente con vosotros y hablaros de los libros que me regalaron durante las fiestas. Algunos fueron regalos de Reyes, otros de cumpleaños. Y...¡qué os puedo decir! Estoy tan feliz de tenerlos entre manos. 

Empezando el montoncito por arriba tenéis Usos y costumbres de los americanos de Fanny Trollope; un libro, publicado en 1832, en el que la sagaz Fanny recogió sus impresiones sobre los tres años que pasó en Estados Unidos. "No me gustan. No me gustan sus principios, no me gustan sus modales, no me gustan sus opiniones". Sentencias como esta y capítulos como "Viaje a las montañas en diligencia" o "Travesía por el Misisipí" me auguran un inolvidable viaje en su compañía. 

Le siguen otras dos obras de ficción ambientadas en territorio americano, Desde que el mundo existe de Rachel Field y Reencuentro de Margaret Deland. La primera llevaba en mi punto de mira desde que Reino de Cordelia anunciase su publicación. ¿Cómo iba a quedar indiferente ante una historia ambientada en las costas de Nueva Inglaterra? Amor, navíos, intrigas familiares...tiene todos los ingredientes para gustarme. A ver si acerté con dar tanto la tabarra con este libro. 
Y en cuanto a la nouvelle Reencuentro, solo puedo decir que resulta irresistible en todos los aspectos. Me ha conquistado su edición y la excelente introducción a cargo de mi querida Laura y estoy convencida de que también lo hará la historia de amor y segundas oportunidades que esconden sus páginas.

Cierran el montón tres títulos Alba que son tres joyas. Desde que recibí la preciosa edición de Cuentos de Navidad en Nochebuena no pude evitar abalanzarme sobre ellos y leer algunos durante las fiestas. Uno de los que más me gustaron fue "Las hermanas" de Nathaniel Hawthorne. Estoy segura de que voy a convertir en costumbre leerlo cada comienzo de año. Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski me permitirá continuar la apasionante y exigente aventura de adentrarme en la literatura rusa. Y en cuanto a Los cuentos de Katherine Mansfield, que os puedo decir. Era mi mayor deseo tenerlos. No puedo imaginar un regalo mejor. Leer a Mansfield se ha convertido en un placer y en casi una necesidad para mi. Ya la tengo completa en mi estantería.

No dudéis en invertir en ella. Vale su peso en oro.

Y firme, sujetándolos a todos, está mi nuevo ejemplar de Guerra y paz. Este fue el capricho que me autoregalé. Después del enorme disgusto que me llevé al leer Guerra y paz en la edición de Penguin Clásicos (primer borrador de la novela y por lo tanto incompleta), necesitaba urgentemente tenerlo en una buena edición íntegra. La de Alianza cumple con creces la misión. Desde principios de año he estado leyendo el primer volumen y acabo de comenzar el segundo. ¡Qué delicia y qué diferencia leerlo así! Nunca entenderé la decisión de Penguin de publicar el primer borrador de la novela.

Y cuando pensaba que los regalos literarios se habían acabado llegaron tres últimas sorpresas. Mi padrino me regaló con muchísimo acierto Todo ese fuego de Ángeles Caso, un nuevo acercamiento novelado, a la vida de las tres hermanas Brontë que estaba deseando leer; y un paquete con remitente americano puso la guinda del pastel cuando llegué a París. Mi querida Stephanie me regaló dos preciosas ediciones de Orgullo y prejuicio y Jane Eyre. Las habíamos visto en la tienda de Anthropologie cuando estuvimos juntas en el Marais y ¡qué bien sabía lo mucho que me iba a gustar tenerlas! Es cierto que no suelo tener muchas ediciones del mismo libro, porque apenas tengo espacio y tampoco soy yo muy fetichista con esto de las ediciones, pero estas las guardaré con muchísimo cariño.

Última foto del mini abeto antes de volver al armario y los tres nuevos inquilinos
de las estanterías. Cada vez que veo ese Jane Eyre me enamoro un poquito más :)
Y con este botín a cuestas, ya veis que lo mejor está por venir: dar buena cuenta de ellos y por supuesto compartir impresiones con vosotros. Espero de corazón que todos estéis disfrutando de vuestros regalos navideños, sean o no literarios, y que hayáis empezado el 2016 con energía y optimismo. 
Un abrazo enorme y ¡muy felices lecturas a todos!

jueves, 31 de diciembre de 2015

Lecturas 2015


Si tenéis la oportunidad de leer Footsteps de Richard Holmes, no lo dejéis escapar.

Ya está aquí el último día del año y llega el momento de charlar tranquilamente con vosotros y hacer balance de lo que leído en 2015. Este año he aumentado un poquito la cifra y he llegado a un total de 61 libros. De nuevo han vuelto a imponerse las escritoras frente a sus homólogos masculinos y en cuanto al nivel de satisfacción, se mantiene la tónica de años anteriores: buenos momentos de lectura, grandes descubrimientos para mi y, afortunadamente, contadas decepciones.

Echando la vista atrás creo que lo único que he echado en falta este año ha sido la lectura de una gran novela (tanto en extensión como en nivel de satisfacción literaria) en la que habitar. En 2013 me ocurrió con La saga de los Forsyte, en 2014 con Middlemarch y este año tendría que haber sido el año de Guerra y Paz, pero me vi privada de ese gran momento de lectura por la elección de una mala edición de la novela. Así pues, temo que el año Tolstói tendrá que posponerse a 2016 y ¿quién sabe con que otros novelones de peso tendrá que competir?

La casa de la alegría me reconcilió a lo grande con Edith Wharton y A Town like Alice me
encantó en su primera parte, pero decayó en la segunda mitad cuando la acción se traslada a Australia.

Otro de las tendencias que siguen la senda de 2014 es la fecha de publicación de la mayoría de los libros que he leído. De nuevo el siglo XX vuelve a imponerse al siglo XIX, y el avance de mi Century of Books tiene mucho que ver en ello. En 2015 he añadido catorce títulos a mi lista y no podéis imaginar la ilusión que me hace verla crecer año tras año. Poquito a poco voy consiguiendo ese siglo XX literario hecho a mi medida, y ya estoy deseando ir a la búsqueda de nuevos ejemplares para los próximos doce meses. 
Como no podía ser menos algún título Persephone se sumará a la lista, tal y como este año han hecho Someone at a distance de Dorothy Whipple y Lady Rose and Mrs. Memmary de Ruby Ferguson, dos lecturas inolvidables que disfruté muchísimo a pesar del poso de tristeza y melancolía que dejaron en mí.

Un año más vuelvo a Anne Shirley, mi amiga del alma, y a Barbara Pym, uno de
mis refugios favoritos.

2015 ha sido un año lleno de emociones encontradas. He leído muchos de esos libros amables que tanto me gustan y tanto bien hacen cuando uno se siente triste, como Las cuatro gracias de D.E Stevenson, El castillo azul y Ana la de la isla de Lucy Maud Montgomery o Flores para la Señora Harris de Paul Gallico; pero también lecturas duras y comprometidas que han removido mi conciencia y afianzado los principios que defiendo y me comprometo a seguir defendiendo como La jungla de Upton Sinclair y Mujeres sin pareja de George Gissing

Pero sin duda el mayor regalo que me ha dejado este año ha sido descubrir a dos autoras que se han convertido para mi en una fuente inagotable de inspiración, Willa Cather y Katherine Mansfield. ¡Que daría yo por conseguir escribir aunque solo fuese una sola de sus líneas! Me maravilla la perfección con la que ambas analizan la naturaleza humana, la belleza y la sensibilidad que desprende cada una de sus descripciones. Mucho me temo que no descansaré hasta haber leído toda su obra al completo.

Otra mención especial merecen Muriel Spark, a la que he tenido el inmenso placer de descubrir este año y Betty Smith, una vieja conocida que me enamoró con su árbol de Brooklyn y que ha conseguido cautivarme con otras dos de sus novelas Mañana puede ser un gran día y Joy in the morning. Sin duda este ha sido el año de Nueva York. Preparé mi viaje leyendo obras ambientadas en sus calles y volví de allí deseando leer nuevas historias de la gran manzana. Así cayeron Manhattan Transfer de John Dos Passos, Ragtime de E.L Doctorow, La casa de la alegría de Edith Wharton, Ventanas de Manhattan de Antonio Muñoz Molina, The Outward Door de Millen Brand, Sheila Levine ha muerto y vive en Nueva York de Gail Parent, y Letter to New York de Helene Hanff.

Y para poner el broche final al 2015, nada mejor que la selección de mis mejores lecturas del año. Esta vez me ha sido imposible limitarme a cinco títulos, así que aquí tenéis mis siete elegidos. Algunos de ellos he podido reseñarlos en el blog (os dejaré el enlace abajo), otros quedaron ausentes por falta de tiempo, pero prometo hacerles justicia y recomendárnoslos   con honores durante el mes de enero. 

En la bahía, Testament of Youth, Curriculum Vitae, Qué verde era mi valle, Joy in the morning,
Pioneros y Pêcheur d'Islande (pinchad en los títulos para acceder a las reseñas).
Y ahora si, solo me queda despedirme del 2015 deseándoos a todos un muy feliz 2016. Como siempre ha sido un enorme placer compartir otro año de lecturas, emociones y buenos momentos con vosotros. Estoy segura de que el año próximo estará bien cargado de todos ellos ¡ya lo veréis! Un beso enorme y mis mejores deseos para todos.

jueves, 24 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!


"Happy, happy Christmas, that can win us back to the delusions of our childish days; that can recall to the old man the pleasures of his youth; that can transport the sailor and the traveler, thousands of miles away, back  to his own fire-side and his quite home!"

Me hubiera gustado traduciros esta cita de Dickens para que todos pudierais entenderla, pero por miedo a desvirtuar su precioso significado he decidido dejarla en inglés. Creo que con un poquito de suerte podréis descifrarla sin dificultad. 

Cuando la leí supe que tenía que compartirla con vosotros, porque todo lo que para mi representa la Navidad, esta encerrado en esta frase. En ella tienen cabida el recuerdo, la niñez, la ilusión, los reencuentros y ante todo el hogar.

Todas estas cosas no pueden tasarse con valor de mercado y afortunadamente están al alcance de todos (o espero y deseo que de casi todos).  Esa es la Navidad que yo os deseo; una llena de risas, de agradables conversaciones en torno a una mesa o junto al árbol de Navidad, de detalles y abrazos compartidos y de toneladas de alegría.

Para lograrlo, la formula no puede ser más sencilla. Solo hacen falta varias personas y un único deseo: compartir. No existe fórmula más infalible, la felicidad que ofreces a los demás es aquella que recibes de vuelta, y ojalá en estos días deis y recibáis montones de ella.     ¡Feliz Navidad a todos!

lunes, 21 de diciembre de 2015

Preparativos antes de Navidad y algunos libros nuevos

Un año más, Navidad en París
¡Hola a todos! 
Creo que ya os lo he dicho muchas veces, pero no puedo evitar repetirme ¡adoro el mes de diciembre! 
Septiembre me gusta por los nuevos comienzos y octubre por sus preciosos colores, pero sin duda mi época favorita del año es esta. Diciembre está lleno de pequeñas tradiciones que me encanta respetar año tras año; de detalles y costumbres que traen a mi memoria algunos de los momentos más queridos de mi infancia. Quizá por eso lo espero siempre con tanta ilusión.
Este año he vuelto a cumplir con el calendario de adviento, con el montaje de mi mini árbol, con la búsqueda de regalos y, como no, con los paseos nocturnos bajo las luces navideñas. Sin embargo, estos preparativos en París son solo el primer acto de lo que está por venir; del mejor momento de todos, el de la vuelta a casa. El día 23 Jean y yo volamos hacia Alicante y estamos desesperados por que llegue el momento de aterrizar.

Ahora que la Navidad ya está a la vuelta de la esquina, no quería irme de Francia sin compartir con vosotros algunas cositas. La primera de ellas es enseñaros algunas de las decoraciones navideñas de este año, en especial la del gran abeto de las Galeries Lafayette. El momento en el que se desvela su decoración es todo un acontecimiento para los parisinos, y lo cierto es que año tras año consiguen impresionarnos. Ya son cuatro los abetos que he visto desde que llegue aquí; el primero estaba decorado con diamantes, el segundo con flores y animales, el tercero (invertido) fue sin duda el más original y este, ha sido el año  del espacio; de sus planetas, estrellas y satélites. ¡Cómo se nota que Star Wars está de regreso!
Los abetos de los tres últimos años. El de esta Navidad podéis
verlo en las fotografías que abren la entrada.
Otra de las cosas que quería enseñaros son los últimos libros que he ido incorporando a mis estanterías; los últimos del año. Algunos vinieron conmigo desde España en la maleta de noviembre y otros provienen de  mis recientes correrías por las librerías parisinas. Tres son nuevos y cinco de ocasión. Os los presento con más detalle.

A falta de frío y de nieve en la vida real...yo misma me encargo de ponerla 
El primero de ellos es Ennui de Maria Edgeworth, un clásico del siglo XVIII que estaba deseando comprar desde que lo vi en el catálogo de Ático de los libros. La novela cuenta la historia de un joven conde quién, víctima del aburrimiento, decide emprender un viaje a Irlanda. Allí  es donde precisamente encontrará los antídotos contra su mal: amor, aventuras y un trabajo. 

En cuanto a Ana y la casa de sus sueños de Lucy Maud Montgomery creo que necesita poca presentación. Este es el quinto libro de la saga de Anne Shirley y tenía que traerlo conmigo. Todavía tengo pendiente releer el cuarto tomo Ana la de Álamos ventosos, pero creo que los reservaré ambos para la próxima primavera. Creo que es la mejor época del año para leer las aventuras de Ana.

Una compra impulsiva se coló también en mi cesta, La viola de Tyneford House de Natasha Solomons. Escudriñando entre las estanterías de la Fnac de Alicante vi varias ediciones muy bonitas y llamativas de la editorial Alianza. Si no recuerdo mal los títulos eran Un invierno en París de Imogen Robertson, Los secretos de la felicidad de Sarah Dunn y La viola de Tyneford House. La sinopsis de esta última hizo que me atreviese a comprarla sin conocer a la autora y sin saber nada más. Una refugiada austriaca consigue salir de Viena en 1938 y llegar a Inglaterra. Ya sabéis IIGM e Inglaterra, suficientes ingredientes para tentarme.

De islas y marineros.
Y después de las compras de libros nuevos pasamos a los de ocasión. El primero que compré en The Abbey Bookshop fue The house by the Thames de Gillian Tyndall. Me encantó la premisa de este libro, contar la historia de Londres a través de los avatares de una vieja casa situada a orillas del Támesis. 
Cómo esta se fue transformando desde los tiempos de Shakespeare hasta los días grises del Blitz, y como sus habitantes vivieron y observaron los acontecimientos a través de sus ventanas. Ya os contaré si parece tan apasionante como aparenta. 

Después le llegó el turno a Sarnia de G.B. Edwards ¡cuánto tiempo le he estado dando largas a este libro! Dí con él cuando me puse a buscar historias ambientadas en la isla de Guernsey (la sombra de El país del delfín verde es muy alargada), y a pesar de tenerlo bien anotado fui posponiendo eternamente su compra. Al final lo vi en Gibert por tres euritos y lo traje conmigo. Esta es la historia de un excéntrico personaje Ebenezer Le Page; un pescador muy observador, que dejó anotado en un cuaderno su historia y la de su isla, desde 1880 hasta 1960.  Veremos si me arrepiento de haber esperado tanto para leerla.

Y una nueva adquisición para mi biblioteca Edith Wharton, Las bucaneras.  Mi relación con Wharton se remonta muchos años atrás, cuando leí La edad de la inocencia. No se si es porque lo leí siendo muy joven, pero recuerdo que la novela me gustó sin más. Tuvieron que pasar muchos años para que le diese de nuevo una oportunidad a Wharton y esta vez si que fue la buena. El pasado mes de mayo leí La casa de la alegría y adoré ese libro (a ver si en estos días cuando esté en Alicante recupero mis notas sobre él y hago una pequeña reseña; me gustó tanto que me sabe muy mal no dedicarle su propia entrada). Después de este coup de coeur necesitaba seguir descubriendo la obra de Edtih y esta vez  le he dado una oportunidad a Las bucaneras. La historia de un grupo de ricas herederas americanas quienes, a finales del siglo XIX, parten a Inglaterra en busca de marido y posición. Presiento que me va a gustar muchísimo.

El último título de ficción recae en todo un clásico francés al que he llegado de forma
Un auténtico regalo.
inesperada, Pêcheur d'Islande de Pierre Loti. Ya lo he leído, he disfrutado de cada una de sus páginas y se ha convertido en una de mis mejores lecturas del 2015. No voy a deciros más porque tendrá su propia y merecida entrada.
Y el broche final lo pone Entre les livres de Virginia Woolf. Ya sabéis que adoro a Virginia, aún más desde que leí sus diarios de adolescencia. Encontré este libro en Gibert y me fue imposible no comprarlo. 
En él se recogen las primeras críticas literarias que Virginia escribió en distintos periódicos y revistas. Gracias a ellas consiguió los primeros ingresos de su pluma y empezó a abrirse camino en el mundo literario londinense. Sobran las palabras, tenía que tenerlas conmigo.

Hasta aquí el repaso al montoncito de libros. Espero poder dar buena cuenta de ellos en 2016 y compartir impresiones con vosotros en los próximos meses. 
La última cosa que quería  contaros antes de ponerme a hacer las maletas y dejar el piso adecentado hasta la vuelta, es el título de mi próxima reseña. La última del año y sin duda la que ha sido una de las lecturas más importantes de mi 2015, Testament of Youth de Vera Brittain. Si consigo tenerlo todo listo podréis leerla el próximo miércoles. Espero de corazón que disfrutéis de la entrada y que consigamos entre todos hacer que alguna editorial se atreva a traducirlo al castellano.

Me despido pues hasta el miércoles con un beso enorme para todos. 
Muy felices lecturas y felices preparativos navideños.

¿Ya tenéis todos el árbol, el acebo y el muérdago preparados? ¡Rápido que ya queda
nada!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El castillo en la colina de Elizabeth Goudge

Novela+mantita = combinación ganadora
Como os dije en las notas de noviembre, me costará mucho olvidar la lectura de este libro. Fue el primero que conseguí terminar después de las semanas tristonas que siguieron a los atentados, y lo cierto es que no me sorprende. Elizabeth Goudge siempre es un refugio seguro para mi; me reconforta tanto como esas pequeñas costumbres cotidianas que me alegran el día a día. 

Hace unos años llegué a ella gracias a la lectura de "El país del delfín verde", y desde entonces, soy incapaz de entrar en una librería de ocasión y no buscar entre las estanterías alguna de sus novelas. Así es como, poquito a poco, conseguí reunir mi actual colección Goudge de ficción y hacerme con un ejemplar de su autobiografía "The joy of the snow"


Hace apenas unos días, descubrí con sorpresa que Hendrickson Publishers está reeditando en inglés  muchas de las novelas de Elizabeth; pero mucho me temo que leerlos en español sea una misión algo más complicada. Los libros de Elizabeth llevan muchos años descatalogados en nuestro idioma y, aunque me duela,  es algo que entiendo perfectamente. Con Elizabeth Goudge me sucede lo mismo que con Barbara Pym, las adoro a ambas, pero me es muy difícil recomendarlas. Son, por así decirlo, especiales. Especímenes raros y anticuados que difícilmente podrían encontrar un hueco en el mundo literario actual. Y sin embargo... qué placer encontramos algunos entre las páginas de sus novelas.

"El castillo en la colina", ambientado en los primeros años de la IIGM, es un buen ejemplo de ello.

La historia se inicia con una emotiva escena. Dolores Brown, una mujer soltera de mediana edad está sentada en un banco en medio del bullicio londinense. Vencida y triste no puede evitar pensar en su aciago presente.  No solo acaba de perder a sus padres, sino también la casa familiar (reconvertida en pensión) que le servía de hogar y sustento.  Sin trabajo y sin lugar donde refugiarse en ese Londres asediado por los bombardeos, se siente perdida. Es entonces cuando la melodía de un violín la saca de su ensimismamiento. El que toca es Isaacson, un judío otrora músico celebre, que ha conseguido escapar de Viena y refugiarse en Inglaterra. De pronto los caminos de estos dos desconocidos convergen en un tren con destino a Devon; y con ellos el de dos niñas y el de un aristocrático erudito, propietario de un imponente castillo.


Niños evacuados en varias estaciones londinenses. En el cuello llevaban
colgada una etiqueta donde se especificaba el nombre del pasajero, su domicilio,
su estación de salida y su estación de destino. En una de las fotografías un policía
comprueba la etiqueta de un niño.
"Los pequeños ofrecían un aspecto conmovedor y atractivo al verles cogidos de la mano de sus cuidadoras y de sus madres; de esas mismas de las que habrían de separarse al cabo de breves momentos. Tenían los ojos desmesuradamente abiertos por el miedo, llevando a la espalda sus juguetes y la máscara antigás; los bolsillos repletos de alimentos y de algunas cartas. "

Estos niños evacuados, las víctimas de los bombardeos aéreos, las gentes de toda categoría social unidas por la guerra, son los auténticos protagonistas de "El castillo en la colina"Elizabeth Goudge captura a la perfección este ambiente tenso de las calles de Londres y otros puntos de Inglaterra; la desesperación, la angustia y la impotencia de sus habitantes. Todos han perdido algo: un hogar, un ser querido, un puesto de trabajo... algunos hasta la posibilidad de volver a su país de origen como Isaacson. 
Por eso "El castillo en la colina" es un libro melancólico, e irremediablemente está teñido de una atmósfera gris. 

Por fortuna, y tratándose de una obra Goudge, pronto aparecen una serie de elementos que ayudan a contrarrestar el drama. Ahí es donde entran en juego el calor humano, la solidaridad y la esperanza que esta trae consigo. Eso es lo que encuentran los personajes protagonistas al encontrarse reunidos entre los muros del castillo del profesor Birley. En su nuevo refugio son capaces de reflexionar sobre sus miedos y nos hacen partícipes de sus respectivos pasados. Quizá no sean capaces de conversar demasiado los unos con los otros (una interacción que a veces he echado en falta). Pero nosotros espectadores privilegiados, penetramos entre los muros del castillo, en cada habitación y en cada corazón, siendo conocedores de todo.

Somos así testigos de la soledad de Dolores, una mujer acostumbrada a cuidar de los demás; de la desesperación de Isaacson, tentado a poner fin a su vida de músico callejero perseguido; de los sabios consejos de la Sra. Heather, y como no, de los sentimientos y caracteres opuestos de Ricardo y Stephen, los sobrinos del profesor Birley y herederos del castillo en la colina. Estos dos hombres, enfrentados por su forma de ver la vida, por el amor de la misma mujer y la forma de encarar la guerra  se convirtieron en mis personajes favoritos. Mientras que Ricardo, piloto de la RAF no duda en arriesgar su vida, Stephen es un acérrimo pacifista. Revolución y tradición se van confrontando en cada una de las apariciones que los hermanos hacen en la novela y finalmente será la guerra la que con sus terribles golpes y perdidas, consiga remover los principios que ambos creían tener tan asentados.


Acuarela de Donald H. Edwards conservada en el V&A Museum. (1942)
Elizabeth Goudge escribió "El castillo en la colina" entre 1940 y 1941, año en que fue publicado. Entre sus páginas es fácil encontrar signos de patriotismo y la clara intención de homenajear todo lo que Inglaterra representaba para ella. Sirviéndose del castillo en la colina como alegoría, lo alzó majestuoso frente al fascismo enemigo e hizo de sus personajes, provenientes de todas las clases sociales, el retrato completo de la sociedad inglesa. Hizo que todos y cada uno de ellos, alejados de la guerra en la campiña de Devon (pero tocados irremediablemente por ella), fueran conscientes de su deber de preservar algo para el mundo nuevo que naciese tras el conflicto: la solidaridad, la voluntad de reformar el país, la necesidad de escribir la historia reciente para que las nuevas generaciones fuesen testigos de los horrores del pasado...si os fijáis bien, unos elementos que muestran claramente la firme convicción de Elizabeth Goudge de que los aliados vencerían la guerra.

Todos estos aspectos me hicieron pensar enseguida en otra novela también escrita y publicada durante los primeros años de la IIGM de la que ya os hablé con anterioridad, "The english Air" de D.E Stevenson. Al igual que "El castillo en la colina", es una buena obra de ficción y un testimonio inestimable de la vida cotidiana de los ingleses durante los primeros años del conflicto. Quizá ambas pequen de demasiado patriotismo, pero dado el contexto en el que fueron escritas, es algo comprensible. 
Elizabeth Goudge fotografiada en el
jardín de su casa
Si estáis interesados en el periodo, os invito a leer cualquiera de las dos novelas. Quizá yo tenga una ligera preferencia por "El castillo en la colina", pero seguro que acabaréis       satisfechos con cualquiera de ellas. 

Mi último apunte va para todos aquellos primerizos que decidan descubrir la obra de Elizabeth Goudge. Después de leer varias de sus novelas, creo que la mejor puerta de entrada es "El país del delfín verde". Aquí podéis leer mi reseña. Le tengo un especial cariño por lo mucho que disfruté de esta lectura. Si la magia opera, sed entonces bienvenidos al universo Goudge

Un abrazo y muy felices lecturas a todos.

PD. "El castillo en la colina" ocupa el año 1941 en mi Century of Books.
PD1. No podía despedirme sin avisaros de algo. Los libros de Elizabeth Goudge tienen un importante componente religioso. Para mi no supone un problema mayor, aunque me resulten pesados ciertos pasajes de sus novelas. De todos modos creo que podéis pasar por encima de ello sin problemas. En el caso de "El castillo en la colina" las referencias al consuelo de la religión y la importancia de Dios están reducidas a las últimas páginas de la novela. ¡Aleluya por eso! :)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Notas de noviembre

Después de unas semanas tristes y vacías, por fin he recuperado fuerzas y aquí estoy de nuevo. Me hubiese encantado escribir antes, pero de veras que me resultaba imposible hilar dos líneas seguidas. Para despedir este aciago noviembre, aquí teneis unas cuantas notas de las (pocas) cosas que me han gustado y he podido disfrutar este mes. Vamos allá.

- A principios de noviembre pude visitar la nueva exposición temporal del Palais Galliera "La mode retrouvée". Una muestra que recoge las más exquisitas prendas del armario de la célebre Comtesse Greffulhe. Musa de Proust, a quién inspiró el personaje de Oriane; modelo de belleza e icono de estilo, la Comtesse Greffulhe encarna en si misma todo el esplendor de la Belle Époque. Ya sabeis que este breve lapso de tiempo, que discurre entre 1871 y 1914 aproximadamente, es mi favorito en lo que a indumentaria se refiere, y ver reunidos los más imponentes vestidos de Lanvin, Worth, Doucet y Poiret fue una experiencia maravillosa.  


Instantáneas de la exposición.
- Otra de las cosas con la que más disfruté en noviembre fue el cine. Vi bastantes películas porque perderme en la pantalla era una de las cosas que más me reconfortaba. No más noticias, no más discursos. Solo algunas de mis películas favoritas: El bazar de las sorpresas, Sabrina, Con faldas y a lo loco, Mary Poppins... y un valioso descubrimiento, Mustang de Deniz Gamze ErgÜven; una película turca que descubrí gracias a Violeta
Mustang cuenta la historia de cinco hermanas que crecen en un pequeño pueblo turco a orillas del mar negro. El paso de la niñez a la adolescencia y sus deseos, el peso de las tradiciones, las ansias de libertad...todo está perfectamente dibujado en esta película de delicada belleza. Pocas alabanzas puedo añadir a las que ya apuntó Violeta. Tenéis que verla.


Preciosas fotografías de la película

- Y sin duda, lo que más ilusión me hizo en noviembre fue hablar de mi pequeña biblioteca particular en el blog Notas para lectores curiosos. Cuando Elena me propuso participar apenas podía creérmelo y me ha encantado aportar mi granito de arena. Aquí podéis leer la entrada y escudriñar un poco entre mis estanterías. 


Mi rincón de la literatura inglesa.

La pintura del mes no podía ir dedicada a nadie más que a París. Jean Béraud pintó como pocos  el espíritu de la ciudad y de sus gentes. La vida fluye tranquila en sus lienzos, en escenas de la vida cotidiana, como esta capturada a las puertas de un teatro. Centro neurálgico de la vida cultural y social parisina.


Primeros días de invierno capturados en Le boulevard des Capucines devant
le Théâtre du Vaudeville
Imágenes llenas de vida y alegría que podes disfrutar también en este excepcional vídeo filmado por las calles del París de los años 20. 

Y para terminar, como de costumbre, lo leído durante el mes. Para que os hagáis una idea, los tres primeros libros los leí antes del día 13. Después, imposible leer nada, por más que lo intentase. La concentración y la calma necesaria para la lectura brillaban por su ausencia. El momento en el que volví a perderme entre las páginas de un libro llegó con El castillo en la colina de Elizabeth Goudge; quizá por eso recordaré con muchísimo cariño este título.


Pocos, pero bien escogidos.
Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier fue uno de los libros que me recomendasteis a principios de año en la lista del aniversario del blog. En este caso fue una recomendación de Agnieszka. Me perdí completamente en la historia del profesor Raimund Gregorius, en ese instante en el que ve bajo la lluvia a la mujer del abrigo rojo; me perdí y reflexioné con cada uno de los escritos de Amadeu de Prado, con los entresijos de su historia; y casi desde el primer momento, me enamoré de Lisboa. El día que viaje hasta allí llevaré conmigo la novela. 4/5

Flores para la señora Harris de Paul Gallico fue una lectura deliciosa. No esperaba menos de Paul Gallico después de que me enamorase con The lonely. En esta ocasión se trata de una comedia ligera donde los sueños cumplidos son los protagonistas. Una galería de personajes encantadores, encabezados por la inolvidable señora Harris, y los preciosos decorados de París hacen el resto. A ver si saco tiempo la semana que viene y os cuento con más detalle en la reseña. 4/5


Ragtime de E.L Doctorow es una auténtica explosión. La devoré de una sentada. Es una novela ágil y colorida, que esconde bajo el signo del humor, una implacable crítica del sueño americano. El estilo de Doctorow es original e impecable. Me encantó su capacidad para entrelazar personajes y datos históricos con los hilos de su obra de ficción. Henry Ford, Freud y Jung, Houdini, Evelyn Nesbit...todos aparecen por las páginas de Ragtime, influyendo en menor o mayor medida en la vida de los personajes protagonistas. 
Por momentos, la novela me recordó a Manhattan Transfer; por su rapidez y por el complejo caleidoscopio de lugares y personas que describe, todos ellos deambulando y buscando su sitio en el despiadado Nueva York de principios de siglo XX. De veras, muy muy recomendable. 4/5

Y para terminar, El castillo en la colina de Elizabeth Goudge del que os hablaré con calma en su propia entrada.  Solo adelanto algunos ingredientes para que veáis que era casi imposible que no me gustase: Londres, 1940, albores de la IIGM. Lo dicho, una apuesta segura.


Por ahora nada más. Solo agradeceros una vez más todos los mensajes y muestras de cariño que me habéis mandado durante todos estos días. De corazón, ¡muchísimas gracias!


Adiós noviembre. No es culpa tuya, pero que ganas tenía de dejarte atrás. (Fuente)

lunes, 16 de noviembre de 2015

La joie de vivre


Que difícil me resulta decir hoy buenos días; retomar mi vida cotidiana cuando la tristeza, el horror y el miedo me tienen casi paralizada desde el pasado viernes. Tengo la sensación de que tendrán que pasar muchos días grises antes de que mi optimismo natural pueda tomar el relevo. Yo hubiese podido estar sentada en la terraza de Le Carillon con Jean, con otros amigos o familiares. Como cualquier otro viernes disfrutando de una Kronenbourg o de un concierto o un espectáculo reservado con expectación y alegría. ¡Qué afortunados fuimos de estar a salvo en casa!

Los atentados de enero contra Charlie Hebdo fueron un duro golpe; a partir de entonces aprendí a compartir metro y acera con militares fuertemente armados; una presencia que, contradictoriamente, me hacía sentir segura e inquieta al mismo tiempo. "Si los soldados patrullan así, es porque algo puede pasar en cualquier momento." Intentaba no pensarlo, intentaba mirar hacia delante sin temor y aún así…ahí estaba el miedo. 

Los terribles acontecimientos del viernes fueron el clímax de estos meses enrarecidos, de esa espera temerosa; y lo peor de todo es que las consecuencias todavía pueden ser más terribles. Temo la utilización política que pueda hacerse de los atentados, el aumento de la inmensa brecha que separa a la sociedad francesa (brillántemente descrita en este artículo) y también la suerte de los pobres refugiados que simplemente huyen de nuestros mismos enemigos y nuestros mismos miedos (vídeo).

Se que en este rinconcito nunca hablo de política. Muy pocas veces me hago eco de la terrible realidad del mundo en que vivimos. Y es que, lo concebí como un refugio donde encontrar belleza, inspiración y descanso a través de la lectura. Pero hoy tenía que hacer una excepción. Necesitaba haceros partícipe de este profundo dolor que llevo dentro. De estos días de reclusión que he vivido en casa. Quizá porque, como bien se dice, las penas compartidas son menos penas. 

Hoy es lunes y, aunque París se ha despertado bajo un cielo gris y nublado, he decidido no dejarme llevar por la tristeza. Aunque me cueste a horrores. Me he levantado dispuesta a recuperar la joie de vivre; esa alegría de vivir que, tontamente, han querido reivindicar como francesa. ¿Acaso solo los franceses saben disfrutar de los placeres de la vida, del amor de los suyos, de todas las alegrías que este mundo tiene que ofrecernos? No, eso no depende ni es exclusivo de ninguna nacionalidad; depende de la humanidad que cada uno lleva dentro. Esa humanidad de la que carecen los fanáticos; los amantes de la muerte, consumidos por la religión y la ira.  
¡Pobres imbéciles! Desperdiciar así el tiempo efímero, pero maravilloso que tenemos. Por eso hoy, en homenaje a todos los que se han ido, me comprometo a seguir viviendo sin miedo y en libertad: escribiendo, leyendo, amando y levantando la voz por todo en lo que creo.

Venga John, canta. Canta, llévate el miedo y trae contigo la esperanza.

"Imagine there's no heaven
it's easy if you try
no hell below us
Above us only sky
Imagine all the people living for today"

PD. Muchísimas gracias a todos por los ánimos que me habéis dado estos días. Mañana seguimos hablando de libros, seguimos compartiendo alegrías. Un abrazo enorme.

Fluctuat nec mergitur