sábado, 23 de enero de 2016

Testament of Youth de Vera Brittain

Una de mis mejores lecturas del 2015
Llevo mucho tiempo prometiendo hablar de este libro y por fin hoy cumplo mi promesa. No va a serme fácil, porque he sacado tanto de él y ha supuesto una emoción tan grande leerlo que temo a cada paso no hacerle justicia. Pero, con mucho respeto, voy a intentarlo.

Se que muchos habéis conocido a Vera Brittain a través de la reciente adaptación al cine de sus memorias (sin duda una excelente forma de llegar a ella); pero si tenéis la oportunidad, comprad un ejemplar de Testament of Youth y empezad a leerlo con calma.  Puede que os impresione su grosor, pero puedo prometeros que no os costará nada devorar sus páginas. Vera Brittain escribe con la sinceridad y la franqueza del amigo que susurra una vieja historia al oído. Querréis leerla deprisa para seguir descubriendo su testimonio y, al mismo tiempo, frenar el ritmo para permanecer con ella el mayor tiempo posible. Yo nunca olvidaré las tres semanas que empleé en leerlo. La rabia, la emoción y las lágrimas que derramé entre sus páginas. 

Como bien dice Mark Bostridge, biógrafo de Vera, en la introducción de la edición de Penguin Classics, "para Vera la publicación de "Testament of Youth" supuso el paso de un rubicón personal. Cerca de los cuarenta por fin había pasado, de la oscuridad, a la fama literaria con la que había soñado desde niña." Precisamente son esos sueños y ambiciones  de juventud los que protagonizan los primeros compases de Testament of Youth

La juventud de Vera, junto a sus padres y su hermano Edward, transcurrió en la pequeña ciudad de Buxton. Corrían los años de reinado de Eduardo VII y la descripción de esos días de inocencia ilustra a la perfección aquella Inglaterra de preguerra. La casa de los Brittain representaba  la esencia misma del hogar de clase media eduardiano. Una casa regida al ritmo de la música del pianoforte y de las comidas y reuniones familiares; de las lecturas adecuadas y los códigos de comportamiento respetables. Las convenciones sociales estaban a la orden del día y 
como cualquier jovencita de su época, Vera asistió como alumna a un respetable colegio de señoritas. 


Una joven Vera.
Pero mientras sus elegantes compañeras se preparaban para pulir sus cualidades como futura esposa, Vera empezó a descubrir con fascinación los entresijos del movimiento sufragista, leyó con fruición reivindicativos ensayos (poco recomendables) y, con ellos, amplió un horizonte que hasta entonces se había visto limitado a la costura, a unas cuantas nociones básicas y a las buenas maneras. Si bien es cierto que no pudo escaparse de sus obligaciones como debutante, una petición no dejó de rondar su cabeza. Entre 1912 y 1913 su vida transcurrió en una interminable sucesión de bailes, vestidos blancos, partidas de tenis, golf, lecciones de música y alguna que otra participación como actriz amateur. Pero pronto reunió el valor para confesarle a su padre su deseo de dejar Buxton y convertirse en universitaria. 

Vera vio en la Universidad la oportunidad de escapar de las convenciones y de la vida social de una pequeña ciudad de provincias. Y no sin mucho insistir, y con la complicidad de su hermano Edward (al que estaba especialmente unida), consiguió el visto bueno de su padre.  Empezaron entonces los meses de preparación del examen de acceso al Somerville College de Oxford. Y sin duda todo este combate de Vera por elegir su propio camino es uno de los aspectos que hacen tan interesante la lectura de Testament of Youth. En el empeño de Vera se refleja la lucha de toda una nueva generación de mujeres; la reivindicación de querer ser algo más que madres y esposas.

Somerville College a principios del siglo XX
Oxford significaba pues conocimientos y libertad. Ante ella se abrían las mejores conferencias del mundo, maravillosas bibliotecas, fascinantes librerías, intelectuales que conocer. Y también la sarta de habladurías en Buxton al verla enfrascada en sus libros, día y noche. Era común oír a las amistades de su madre diciendo escandalizadas "Have you heard? Vera brittain's going to be a lecturer!".


Ser una bluestocking era impopular y la decisión de Vera de estudiar literatura le hicieron ganarse no solo los apelativos de ridícula o excéntrica, si no la terrible amenaza de que le sería mucho más complicado encontrar marido después de sus aventuras intelectuales.


Es entonces precisamente, cuando a instancias de su hermano, conoce a Roland Leighton. De caracteres parecidos, Vera y Roland congenian enseguida y es una delicia asistir a sus primeras conversaciones sobre literatura y religión; a su intercambio de cartas, poemas y libros; y, como no, a sus primeros encuentros como pareja. Con lentitud y seriedad, el noviazgo fue avanzando a lo largo de 1914 conforme a los cánones de la época.
Edward Brittain, Roland Leighton y Victor Richardson,
"los tres mosqueteros" (fuente).
Pero el amor no alteró los firmes principios de Vera; ser una esposa mantenida no era una opción: "casada o no estaba determinada a mantenerme a mi misma, preferiblemente gracias a mis escritos, y nunca convertirme en una carga financiera para mi marido. Estaba convencida ya entonces que la libertad personal y la dignidad en el matrimonio eran incompatibles con la dependencia económica".

Con el aprobado en su bolsillo Vera inició su aventura en Oxford, participando activamente en muchos comités como The Oxford Society for Woman Suffrage, The Bach Choir, The War and Peace Society...pero el  asesinato del archiduque el 29 de junio y la declaración de guerra puso puntos suspensivos a cualquier proyecto. Su hermano Edward, su prometido Roland y Victor el otro amigo que componía el grupo de "los tres mosqueteros" no dudaron en alistarse. En sus mentes brillaba la visión heroica de la guerra y su deber para con la patria y el honor. Y aunque en un primer momento la guerra parecía todavía algo lejano, pronto la atmósfera empezó a enrarecerse. Los uniformes invadieron las calles y los primeros reservistas fueron llamados a filas. 


Mientras sus más allegados empezaban las practicas militares en sus respectivos regimientos, Vera intentaba concentrarse en los estudios por los que tanto había luchado; pero muy pronto se vio incapaz de permanecer al margen del conflicto. Abandonando Oxford decidió enrolarse como enfermera voluntaria, primero en Buxton y más tarde en Londres.
Las jornadas extenuantes se fueron sucediendo, pero también la camaradería con sus compañeras y la libertad de estar sola fuera de casa por primera vez. Para ese entonces corría el año 1915 y Roland ya estaba luchando en Francia. 

Como bien detalla Vera en esta parte de sus memorias la angustia de saberle en el frente era casi insostenible. El sonido del teléfono, la llegada de un telegrama o las listas de heridos en los periódicos eran señales de alarma. En uno de los cortos permisos de Roland ambos pudieron encontrarse en la estación de Saint Pancras y vivir con su despedida, uno de los momentos más emotivos del libro. 


Vera como enfermera en Malta y reunida con su hermano.
Pero sin duda el momento trágico llegaría con el siguiente permiso de Roland. Este había conseguido liberarse para pasar las navidades en casa y Vera a su vez pidió unos días libres en el hospital. La cita estaba fijada en Brighton, hasta donde también viajarían sus respectivos padres. La celebración de una boda parecía algo inminente para todos. Pero tras esperar noticias de Roland durante todo el día 24, sin ningún éxito, Vera recibió el 25 una llamada en la que se anunciaba su muerte en el frente. Caído el 23 de diciembre. A un solo día de regresar a casa.

Esta sería la primera tragedia a la que Vera tuvo que hacer frente; le seguirían otras perdidas de amigos y sobre todo la de su adorado hermano Edward a escasos cinco meses de que terminara la guerra. Como es comprensible la firma del armisticio en noviembre de 1918 no supuso ningún motivo de alegría para ella. Un mundo nuevo empezaba, pero en medio de la celebración y la euforia, su único pensamiento estaba con los que se habían ido. Ni siquiera las palabras que su hermano le había escrito unos meses antes "we share a memory which is worth all the rest of the world, and the sun of that memory never sets" podían reconfortarla.

Nada describe mejor la sensación de pérdida y vacío de Vera que este párrafo "For the first time I realized, with all that full realisation meant, how completely everything that had hitherto made up my life had vanished with Edward and Roland, with Victor and Geoffrey. The war was over; a new age was beginning; but the dead were dead and would never return." No quedaba nadie cercano para compartir su dolor; todos los que habían dado sentido a su vida habían desaparecido para siempre.



A pesar de los duros golpes Vera, haciendo gala de la valentía y la determinación que muestra a lo largo de toda su autobiografía, continuó ejerciendo su labor de enfermera hasta el final de la guerra. Pasó por Malta y por los hospitales de campaña del frente francés; y una vez firmada la paz regresó a Oxford para continuar sus estudios. Solo una cosa cambió; de pronto comprendió que no podía seguir estudiando literatura inglesa y decidió matricularse en Historia. Quería encontrar en el pasado las causas de las desgracias presentes, comprender los comportamientos de sus contemporáneos buscando en las raíces más profundas.  Y, aunque para ella el cambio supuso un hándicap (pues estaba menos formada en esta nueva disciplina), nunca se arrepintió de su decisión.
En Oxford coincidiría con Margaret Kennedy, también estudiante de Historia y con Winifred Holtby, a la que estaría unida por una profunda amistad; y de pronto el sueño de convertirse en escritora, en paréntesis por la guerra, volvió a convertirse en el motor de su vida.


El piso de Doughty Street en el que
vivieron Vera y Winifred.
Fue en los periódicos locales de Oxford donde Vera escribió sus primeros artículos y una vez terminada la universidad, ella y Winifred, ya inseparables, decidieron compartir un pequeño piso en Londres. Su propósito era escribir sin descanso hasta conseguir hacerse un hueco en el mundillo literario londinense. Y leyendo su testimonio no se puede negar que no lo intentaran. 
Como bien confiesa Vera, sus padres hubiesen preferido verla felizmente casada, pero para ella, el tiempo pasado en el 58 de Doughty Street (situado en Bloomsbury) fue uno de los mejores de su vida. Pese al frío y a lo espartano de su situación, Winifred y ella estaban cumpliendo su sueño.

Dados los magros ingresos que obtenía de su pluma Vera no tuvo más remedio que compaginar la publicación de artículos, con el trabajo como profesora y oradora para la Liga de naciones, recorriendo muchísimas poblaciones del sur de Inglaterra y más tarde varios países europeos. Los éxitos literarios tardarían en llegar (sobre todo para ella, ya que Winifred correría más suerte gracias a sus novelas "Anderby Wold" y "The crowded Street", cuya reseña podéis leer aquí). Pero Vera nunca bajó los brazos y continuó escribiendo. El matrimonio y la maternidad parecían algo lejano y ajeno a ella. Se había convertido en una de esas "mujeres de más" características de su generación, retratadas con maestría por Virginia Nicholson en su libro "Ellas solas".

Vera con su marido George y sus hijos.
(Fuente)
Pero el destino quiso cruzar otro hombre en su camino, George Catlin, con el que terminaría casándose. Sin embargo, el día de su boda Vera no quiso olvidar a otro de los hombres de su vida. Como ramo no llevó lirios, ni brezo blanco, si no un pequeño  manojo de rosas anaranjadas; el mismo ramo que Roland le regaló muchos años atrás durante una noche de Año Nuevo. 

"In spite of the War, which destroyed so much hope, so much beauty, so much promise, life is still here to be lived". 

"A pesar de la guerra, que destruyó tantas esperanzas, tanta belleza y tantas promesas, la vida seguía ahí para ser vivida."

Testament of Youth es la prueba fehaciente de la voluntad de Vera Brittain de vivir la vida y de vivirla en paz. Con su libro, con su testimonio escrito desde el corazón y las entrañas, firmó un alegato pacifista ante el que es difícil  permanecer indiferente. 

Precioso testimonio de la I guerra mundial, del periodo que la precedió y el nuevo mundo que nació tras ella, Testament of Youth es ante todo el homenaje de una mujer valerosa a su generación. A su prometido, a su hermano y a todos los que vivieron, amaron y cayeron en la guerra. 

La lectura de libros como este siempre es valiosa; pero en los tiempos que corren resulta todavía más necesaria. 

No quiero perder la esperanza y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano. Ninguna guerra debe sernos ajena y por más que España no participase en la I Guerra mundial, eso no significa que debamos permanecer ignorantes.

Con este deseo, pues, me despido; espero de corazón que si os animais a leerla disfrutéis con esta preciosa autobiografía. Para mi fue una de mis mejores lecturas del 2015 y sin duda un coup de coeur en toda regla.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas. 


PD. Testament of Youth ocupa el año 1933 en mi Century of Books.

PD1. Uno de los libros que Roland recomendó y prestó a Vera durante su noviazgo fue Pêcheur d'Islande de Pierre Lotti. Ella lo cita con cariño en varias ocasiones y yo no pude evitar leerlo. Roland  estaba en lo cierto; es un libro precioso y totalmente recomendable. A partir de ahora siempre asociaré las dos historias y las recordaré con emoción.
PD2. No podía dejar de compartir el hermoso poema que Roland dedicó a Vera durante su noviazgo. Encontró la inspiración en uno de los paseos que dieron juntos.


Roland Leighton