sábado, 6 de diciembre de 2014

Middlemarch de George Eliot

Edición de Cátedra, con letra
pequeña,  pero valiosa como
siempre en su estudio crítico
inicial.
Han pasado ya muchas semanas desde que lo terminé y durante todo este tiempo no he podido evitar preguntarme ¿cómo puedo empezar a hablarles de Middlemarch? ¿cómo hablarles de un libro en el que he perdido la noción del tiempo, en el que he habitado?

Cierto es que impone un poco, con sus más de 900 páginas y la infinidad de tramas y personajes que esconde; pero, tal y como me ocurrió con Moby Dick, tuve la corazonada de que valdría la pena llegar hasta la última página…¡y vaya si lo ha valido!

Han transcurrido 142 años desde que Middlemarch fue publicada, primero por entregas  y finalmente recopilada en un solo volumen en 1874. Su aparición se saldó con un enorme éxito para George Eliot y durante todos estos años, salvando algunas desavenencias, ha conservado el elogio de la crítica  y lo que es esencial, el cariño de los lectores. 
Vista rural que podía asemejarse a Middlemarch
Sintetizar la trama de Middlemarch no es tarea fácil; pero si os fijáis en su propio título completo, "Middlemarch: un estudio de la vida en provincias", tendréis la pista necesaria.
Eso es exactamente lo que narra la novela, los entresijos cotidianos de un pequeñao municipio de las Midlands a principios del siglo XIX.

Entre sus páginas asistiréis al lento devenir de los días, las estaciones y los años e iréis siendo testigos de la vida de sus habitantes, los conflictos morales y políticos a los que deben enfrentarse y por encima de todo las relaciones de afecto, amor y odio que tejen entre si. 


Si Eliot decidió ambientar su novela en 1830 no fue algo casual. Y es que las primeras décadas del siglo XIX fueron una época de enormes transformaciones económicas, sociales y culturales para Inglaterra. Por eso utilizar estos años como friso narrativo de su novela permitió a la autora hablar sobre los avances hechos en medicina, la reforma política que preveía la ampliación del sufragio, la primera expansión del ferrocarril, la educación o el papel de la mujer en sociedad. 
Una infinidad de temas abordados con fineza, maestría y una capacidad de observación extraordinarias.
Las tres parejas protagonistas: Dorothea y Will, Lydgate y
Rosamond y Mary y Fred.
Middlemarch es ante todo una historia rural, uno de esos libros como Cranford de Gaskell, Las Torres de Barchester de Trollope o las posteriores novelas de Thomas HardyLibros, anclados en la más pura tradición inglesa, en los que prima el complejo entramado de relaciones sociales propios de una pequeña comunidad. 
Así, en el ficticio municipio de Middlemarch, asistimos a cotilleos, peleas de herencias, rivalidades electorales, celos, escenas públicas en tabernas e iglesias u otras más íntimas y hogareñas en los distintos hogares del pueblo. Hogares como el del rico Featherstone, el de la encantadora familia Garth, el de los altivos Vincy o la fría mansión del erudito Casaubon.

Si os gustan las novelas rurales plagadas de provincianos parlanchines entonces disfrutaréis con muchos pasajes de la novela. Pero no quiero llevaros a equívoco; esta no es una novela de entrañables escenas, varios enredos y un matrimonio feliz como broche final. Middlemarch responde con creces a su título de "estudio" y como tal analiza hasta el más mínimo de los impulsos humanos, tanto los buenos como los malos, dejando al descubierto las terribles consecuencias que pueden traer consigo. 
Uno de esos impulsos, el de contraer matrimonio, ocupa el corazón de Middlemarch y no hay frase más significativa que esta en casi toda la novela: "el matrimonio, que ha sido el final de tantas narraciones, es aún el gran comienzo…".

Eso es lo que descubrirán las tres parejas protagonistas: la formada por Dorothea Brooke y Will Ladislaw, Tertius Lydgate y Rosamund Vincy y finalmente Fred Vincy y Mary Garth. Todos ellos llenos de ilusión, anhelos y esperanzas al inicio de la novela verán el abismo que separa el futuro idealizado, con la realidad que siempre termina imponiéndose.  Unos como Fred y Mary conseguirán la felicidad que anhelaron pero Dorothea y Lydgate no tendrán tanta suerte.
Ambos personajes son comprometidos, apasionados y no desean otra cosa más que dejar su huella en el mundo; no con aspiraciones egoístas sino como recompensa por   haber hecho el bien o haber mejorado la vida de quienes les rodean. Pero el matrimonio, de una u otra manera, terminará por truncar sus ambiciones o bien transformarlas por otras más modestas.
Una tarde tranquila en Middlemarch
Ese es el núcleo central de Middlemarch la necesidad de afrontar la pérdida de los sueños, las desilusiones que la vida trae consigo. Lydgate se verá atado de por vida a un matrimonio destrozado y Dorothea, después de un desastroso primer matrimonio, terminará por conocer el amor gracias a Will Ladislaw, pero sacrificando a cambio dinero y aspiraciones.

La novela como vais intuyendo dejó en mi una sensación agridulce, un poso de profunda tristeza; pero al pasar la última página  pude entender porque Middlemarch es una obra maestra.

Por sus temas de reflexión, por la maestría y la fineza con la que Eliot los expone; por todas las emociones que desfilan a través de sus personajes en cada una se sus historias, uno comprende porque es una obra maestra.
Pocas veces he sentido tanto tener que despedirme de unos personajes. Ninguno, os prometo que ninguno, me ha dejado indiferente. He sentido compasión, admiración, tristeza y alegría por cada uno de ellos. Han despertado en mi una gama de sentimientos difíciles de olvidar.
Y aunque la pluma analítica de Eliot, en su afán por moralizar, tienda a veces a excederse en cavilaciones y digresiones, no puedo hacerle reproche alguno.

Retrato de George Eliot.
George Eliot escribe sobre la realidad del día a día. Ilustra como a veces la vida nos obliga a renunciar a algunas de nuestras ilusiones; pero la lección es, que pese a todo, hay que seguir adelante, afrontando la realidad, aferrándose a lo valioso que tenemos al alcance de nuestra mano. 

Durante toda su carrera, primero como crítico literario, y después como escritora, Eliot defendió el realismo en la literatura criticando como bien quedó demostrado en su brillante libro "Novelas tontas de ciertas damas novelistas" las tramas ridículas y triviales, la ficción idealista y rocambolesca.
Middlemarch cristaliza en sus páginas la lucha de su autora por presentar la vida tal y como es, con sus luces y sus sombras. Y aunque en él no existan héroes ni heroínas, (aunque para mi Dorothea se haya convertido en una), sus personajes representan a todos esos héroes anónimos que quizá no acometieron y cumplieron grandes sueños, pero también fueron parte activa de la Historia.

No puedo evitar compartir con vosotros las últimas y brillantes líneas de la novela:
"…el creciente bien del mundo depende en parte de hechos sin historia, y que las cosas no sean tan malas para ti y para mi como pudieran haber sido, se debe en parte a los muchos que vivieron fielmente una vida oculta, y descansan en tumbas no frecuentadas".

Esperando de corazón que lo disfrutéis tanto como yo, solo me queda desearos ¡muy felices lecturas!

PD. Os recomiendo tener bien a mano una novela que os proporcione altas cotas de felicidad. Puede venir muy bien tras la lectura de Middlemarch :)