lunes, 23 de junio de 2014

Ana la de Avonlea de Lucy Maud Montgomery

Después de Martín Eden, y su brutal mensaje, necesitaba de una novela que contagiase optimismo y alegría en cada una de sus páginas. 
Con esto en mente, empecé a buscar entre mis estanterías tanteando un título tras otro, cuando de repente, lo vi clarísimo ¡Ahí te quedas mundo cruel, yo me voy a Avonlea!

Hasta hace muy poco tiempo esto era casi imposible en nuestro país, ya que, como os comenté en la entrada de Ana la de Tejas verdes, los libros de Lucy Maud Montgomery han estado descatalogados desde 1995, año en que fueron publicados por la editorial Salamandra. Pero ahora que por fin Toro Mítico ha tomado la iniciativa de reeditarlas ¿no os apetece conocerla?

En este segundo tomo de la serie, Ana esta a punto de cumplir 17 años. Como ya vimos al final del anterior libro, sigue viviendo en Tejas Verdes junto a Marilla y ante ella se presenta un gran desafío, convertirse en la maestra de Avonlea. ¿Estará a la altura de los ideales que se ha marcado? ¿o sus alumnos conseguirán mostrarle la cara menos amable de la enseñanza? 
Afortunadamente, Ana contará con la ayuda de todos esos personajes que la han acompañado desde su llegada a Tejas Verdes: Marilla, Diana, Rachel, Gilbert y el recuerdo de Matthew.
Junto a ellos y un buen ramillete de nuevos personajes, Ana conseguirá afianzar su carácter y atravesar por fin esa etapa crucial de la vida en la que se ha de dejar atrás la niñez para entrar en la vida adulta.



Creo que pocos halagos puedo añadir a los que ya hice en mi primera entrada. Los libros de Anne Shirley son una cura para el alma; una ventana abierta a la niñez y sus ensoñaciones, a todos esos pequeños placeres que tanta felicidad pueden aportarnos, aunque a veces ni siquiera reparemos en ellos. No importa si se trata de una primera lectura o si los personajes son ya viejos conocidos. El que se adentra en el pueblecito de Avonlea y pasa una tarde entre los muros de Tejas verdes, se sentirá ligado a él para siempre.

En esta segunda entrega Ana sigue siendo la misma pelirroja soñadora y traviesa que conocimos, aunque mucho más comedida. Claro, los años no pasan en balde y el momento ha llegado en el que debe enfrentarse a la vida real y a las responsabilidades que conlleva.

La escuela de Avonlea
Esa primera toma de contacto con la vida adulta se la proporcionará su trabajo como maestra en la escuela de Avonlea, por eso las escenas escolares constituirán una de las partes más destacadas de la novela.
Gracias a ellas, conoceremos las bendiciones y también los disgustos que acarrea la docencia. Al final ¿conseguirá Ana alentar la ambición, moldear convicciones y transmitir sólidos valores a sus alumnos?
No quiero adelantar acontecimientos, pero como muchas veces sucede con los docentes primerizos, la práctica estará muy alejada de la teoría, para desesperación de Ana.


Durante esos dos años que pasa como maestra, lapso de tiempo que abarca la novela, nuestra protagonista irá conociendo a nuevos personajes que la marcarán de una u otra forma: los mellizos Davy y Dora, que debo reconocer no son santo de mi devoción, el solitario Sr. Harrison y, sobre todo, la Señorita Lavendar y Paul Irving. ¿Recordais esa expresión de Ana en la que hablaba de personas con almas afines?
Eso es exactamente lo que estos dos personajes serán para ella. Los tres comparten ese carácter soñador e imaginativo que permite, a quienes lo poseen, conservar el espíritu infantil por mucho que pasen los años.
Ana, Rachel y Marilla en el porche de Tejas verdes.
Pero aunque Ana quisiese parar el tiempo, la vida y sus cambios la empujan inevitablemente hacia el futuro. Dos acontecimientos, el compromiso de Diana y su marcha a la Universidad, le harán darse cuenta de que es momento de pasar página.
¿Que le deparará su paso por la universidad? ¿encontrará, tal y como ha hecho Diana, al hombre ideal que siempre ha soñado? Todo queda en el aire una vez cerramos la novela. 
Lo único que Lucy Maud Montgomery comparte con nosotros es el futuro soñado de Gilbert (un personaje que desgraciadamente no tiene mucho protagonismo en este segundo tomo).  
En él, Gilbert vislumbra la recompensa del trabajo duro y a la que espera sea la compañera de su vida: "una chica de grandes y límpidos ojos grises y una cara tan fina y delicada como una flor".
¿Adivinais de quien se trata? :)

Puede que Ana la de Avonlea no tenga la misma frescura, los momentos divertidos y entrañables que la novela que la precede, pero en ella Lucy Maud Montgomery supo mantener el espíritu y los valores que habitan todas las novelas de Anne Shirley: un homenaje al amor, al esfuerzo y a la sencillez. 
Si os hace falta un refugio seguro, id a Avonlea y conoced a sus habitantes. Estoy segura de que una vez cerrado el libro, os será muy difícil dejarles marchar.

¡Muy felices lecturas a todos y feliz inicio de verano :)