viernes, 25 de abril de 2014

Mi botín de Sant Jordi.


¡Hagan sitio en la estantería!
¡Hola a todos!
Espero que en estos momentos estéis dando buena cuenta de todas las adquisiciones de Sant Jordi y disfrutando de varias rosas en algún jarrón de casa. Aquí, el mundo anda algo ajeno a la fecha y no se celebra ningún acto especial, una verdadera pena. Pero, pas de panique, yo me mantengo fiel a la tradición y ayer si que me di un buen atracón de librerías. Para echar un vistazo al botín…¡pasen y vean!

Mi primera librería del circuito fue Gibert Jeune, para no perder la costumbre;  allí sumé los dos primeros ejemplares de mi cesta, dos novelas de Elizabeth Von Arnim
Elizabeth me enamoró con su Jardín alemán y se consagró con Un abril encantado; por eso no me tiembla la mano al adquirir nuevas novelas suyas. El verano solitario transcurre en ese mismo jardín donde conocí a Elizabeth por primera vez. A esta nueva cita no faltan ni los libros, ni los bebés de abril, mayo y junio, ni por supuesto el hombre de cólera.
He empezado a leerlo y creo que me va a durar un suspiro.

Vera, la segunda novela que he traído conmigo, es un cambio de registro en toda regla. En esta ocasión no hay jardines suntuosos, ni experiencias felices; esta es la historia sombría e inquietante de un matrimonio y la mansión en la que viven.  El argumento, protagonizado por una pareja recién casada acosada por el fantasma de la primera esposa, recuerda a una novela publicada diecisiete años después y que muchos conoceréis si susurro:  "Anoche soñé que volvía a Manderley…"                                                                    
Veremos como queda el duelo entre Von Arnim y Du Maurier.

Después de una parada infructuosa en Shakespeare and Co, que estaba abarrotada de gente, me fui a WH Smith y allí me encontré con un libro que tenía muchísimas ganas de leer, Wake de Anna Hope. Vuelvo otra vez a la I Guerra mundial, pero es que no puedo evitarlo. 
En esta ocasión la historia gira en torno a tres mujeres que deben lidiar con las secuelas que la guerra ha dejado en los hombres que aman, un hijo, un hermano y un enamorado. Tres vidas diferentes, pero unidas por un lazo común: el del dolor y la esperanza.
Espero que se cumplan las grandes expectativas que tengo puestas en él.

Y el último libro de la cesta me llegó a través de The book depository. Sin duda el tesoro más preciado de este Sant Jordi, la Vida de Charlotte Brontë de Elizabeth Gaskell. Creo que ambas necesitan poca presentación. A una la adoro por cada una de las líneas que ha escrito y me apena pensar que con esta, cierro mi colección de sus obras. Una vez terminado ya no habrá más Gaskell inédito que leer.
A la otra autora, la adoro por haber creado a la heroína que marcó mi entrada en la edad adulta. Al libro con mayúsculas. No importa como sean el resto de obras que escribió, mejores o peores que Jane Eyre, Charlotte estará para siempre en mi Olimpo de escritoras y este año quiero conocerla a conciencia, como ella se merece.

Y así, con estos cuatro recién llegados, cierro mi día del libro y doy paso a lo mejor de la jornada. Cojo El verano solitario, me acomodo en mi rincón del sofá y abro la primera página.  A partir de ese momento solo existimos el libro y yo, un mundo cerrado en el que nada más hace falta.  
Disfruto con cada párrafo, pero de repente uno me reclama con más fuerza; en él Elizabeth me confía:

"Que bendición amar los libros. Creo que todo el mundo debe amar alguna cosa en la vida, y en mi opinión no existe un objeto más digno de adoración que un libro… por algunos de ellos siento un cariño  tan grande que no puedo evitar saludarles y sonreírles cada vez que paso por su lado".

Y entonces no puedo evitarlo, sonrío como ella y pienso: "Afortunadamente no soy la única".