lunes, 1 de julio de 2013

Ana la de Tejas Verdes de Lucy Maud Montgomery


Cuando en el mes de marzo me enteré de que la editorial Toro Mítico reeditaba Ana la de Tejas verdes, mi cara fue el reflejo mismo de la felicidad.  Después de tantas relecturas en mi viejo ejemplar, por fin iba a poder disfrutar de una nueva y preciosa edición. Reencontrarse con una amiga del alma siempre es un gran acontecimiento ¿verdad?

Conocí a Ana cuando tenía unos 9 o 10 años, no recuerdo exactamente a que edad; pero lo que si recuerdo con claridad es la sensación de dicha que tuve mientras leía su historia. Fue muy divertido seguir sus ocurrencias y pronto soñé con poder jugar yo también en los maravillosos paisajes de la Isla del Príncipe Eduardo. Pero por encima de todo, si hay algo que me sorprendió profúndamente es darme cuenta de que mi ensoñación permanente no era un caso aislado. Mi imaginación desbordante encontró su par en la de esta pelirroja que, a partir de ese día, pasó a convertirse en mi heroína.

Hoy con páginas nuevas y olor de imprenta, he vuelto a sentir, al leer el libro, la misma sensación que en mis antiguas lecturas. Si os apetece os invito a venir a Avonlea para conocer a su más célebre inquilina.


Láminas interiores
Ana Shirley nunca ha conocido lo que es un hogar. Huérfana desde muy pequeña, ha pasado sus primeros 11 años de una casa de acogida a otra hasta acabar en un orfanato. La soledad en la que ha crecido, la ha ayudado a desarrollar una imaginación desbordante donde se refugia de su triste realidad. Pero un día su suerte cambia al fin.

Matthew y Marilla Cuthbert, dos hermanos solteros que viven en La isla del príncipe Eduardo, deciden adoptar a un niño del orfanato. Pero un error hace que, en lugar de un muchacho, reciban en su casa a una flacucha jovencita pelirroja que no deja de cotorrear. Ana llega así a Tejas verdes, la casa de los Cuthbert, y a partir de ese momento ni su vida ni la de todos los que la rodean volverá a ser la misma.


                                  

Ana llega por primera vez a Tejas Verdes
Hay lecturas para las que no pasa el tiempo. Aunque para quien las lee pasen los años, uno acaba sintiendo la magia de aquella primera vez en que descubrió la historia. Eso es exactamente lo que a mi me pasa con Ana la de Tejas Verdes Cuando crecemos muchas veces dejamos atrás esas ensoñaciones típicas de la infancia y desgraciadamente la realidad se impone a los mundos imaginarios que antaño construimos.  

Pero si escarbas un poquito en la memoria, todo renace en imágenes, sonidos, olores y eres niño de nuevo. Eso es lo que ocurre cuando uno lee a Lucy Maud MontgomeryVer el mundo a través de los ojos de Ana es ver de nuevo con los ojos de un niño. Un niño que se maravilla ante los manzanos en flor o ante las mangas de un vestido nuevo; que convierte una pequeña laguna en el "Lago de las aguas refulgentes" y que continuamente encuentra la belleza en todas partes: en el sonido de la lluvia, en la quietud del invierno o en los colores dorados del otoño

Es muy difícil no enamorarse de Avonlea, de sus paisajes y de quienes los habitan. Todos los personajes son inolvidables: la dulce Diana, la cotilla Rachel, el adorable Matthew, la estricta Marilla y el apuesto Gilbert. Así podría enumerarlos a todos. Y como no a Ana. 

Ana y Gilbert
En este primer tomo de sus aventuras la veremos crecer desde los 11 a los 16 años y un montón de momentos memorables quedarán grabados en nuestra memoria. Como olvidar la pizarra rota en la cabeza de Gilbert, el episodio del bote hundido o la timidez de Matthew cuando quiere comprarle un vestido nuevo a Ana y acaba cargando con un rastrillo y montones de azúcar moreno.

Ana hace una trastada tras otra y como bien dice ella casi al final de libro: "Desde que llegué a Tejas verdes he cometido errores y cada uno me ha ayudado a curar un gran defecto [...] El error de hoy me va a curar de ser demasiado romántica. He llegado a la conclusión de que no sirve de nada ser romántica en Avonlea. Estaba muy bien en el amurallado Camelot de hace cientos de años , pero ahora no se aprecia lo romántico."

Pero fijaos lo que le responde Matthew dulcemente: "No abandones todo tu romanticismo Ana, un poquito es bueno; demasiado no desde luego...pero guarda un poco, Ana, guarda un poco". ¡Que preciosa forma de decirle que no abandone toda esa imaginación que la hace única!

Estas son las pequeñas historias que componen la novela; no hay más intriga que esta: ver crecer a una niña, entre travesuras y lecciones, hasta convertirse en una encantadora jovencita. Pero cuando asistimos a un aprendizaje que desborda ternura, inocencia y cariño nos vemos atrapados sin remedio entre los muros de Tejas verdes. 

No todo serán alegrías, claro está; y la tragedia también golpeará a nuestra protagonista. Pero tener por fin un hogar acogedor al que aferrarse, da a Ana la seguridad de poder seguir creyendo en sus sueños y la fuerza para afrontar sin temor todo lo que venga por delante.


Ana y su amiga del alma, Diana.
Llega el momento de recomendaros si leerla o no y como podéis imaginar mi respuesta es un si inmenso. No se lo que sentiréis los que os acerquéis a ella ya adultos; quizá mis recuerdos influyan muchísimo en el amor que siento hacia esta novela. Pero sea como sea, creo que un poco de la dulzura de la niñez, nunca esta demás para alegrar nuestro día a día.

Ahora solo quedará tener paciencia y esperar la publicación de los siguientes tomos. Ana la de Tejas verdes es solo el principio; todavía quedan siete novelas a descubrir. Mientras tanto podemos disfrutar de la maravillosa adaptación para la televisión protagonizada por Megan Follows. Aquí os dejo el enlace al primer capítulo.


Violetas que tanto le gustan
para la cumpleañera
Disfrutad de vuestras lecturas y ¡exprimid al máximo todo lo que tienen que ofreceros!

PD. Hoy no puedo despedirme sin felicitar a una de las personas que más quiero... Muchísimas felicidades Mamá que cumplas por lo menos cien más.