jueves, 6 de junio de 2013

El país del delfín verde de Elizabeth Goudge

¿Pensabais que se me había olvidado? ¡De eso nada! Aquí os traigo por fin "El país del delfín verde". Ya os comenté que cuando milagrosamente di con él en un puesto de libros de segunda mano casi me da un soponcio. Creo que hasta asusté a la pobre señora del puesto al arrancar el libro de su sitio con tanta violencia. ¡Cualquiera se atrevía a quitármelo de las manos!

En realidad no es que supiera mucho sobre la historia para que me fascinase de esa manera; pero para mi oír siglo XIX, historias de hermanas y aventuras en lugares exóticos es como escuchar cantos de sirena.  Una vez con él en la mano ya solo tenía miedo de una cosa: que me decepcionase. Pero desde las primeras líneas encontré un estilo totalmente acorde con mis gustos y la cosa empezó a prometer muchísimo. 
Todo empieza en una de las islas del Canal, cuando alrededor de 1840, conocemos a las protagonistas de la historia...

Marianne y Marguerite, viven en la preciosa isla de Guernsey. A simple vista nadie podría jurar que son hermanas, pues Marguerite es una joven rubia de carácter dulce y alegre, mientras que Marianne es morena, ambiciosa, algo egoísta y demasiado inteligente para el ideal femenino victoriano.  Una mañana su pequeño y pacífico mundo se revoluciona con la llegada de un nuevo habitante a la isla, el joven William Ozonne.

Marianne y Margueritte  Le Patourel
Lo que en un principio es solo una profunda amistad infantil pronto se convierte en un triángulo amoroso. Este se romperá cuando William entra como marino en la Armada Real y debe embarcarse.
Sin embargo lo que debería haber sido una separación temporal, se convierte en definitiva  tras un terrible suceso.  William se ve obligado a permanecer en la recién colonizada Nueva Zelanda y nadie en Guernsey conoce su paradero. 

Después de años sin noticias una carta llega a la casa de las hermanas. En la misiva, William se declara a una de ellas y le pide que se reuna con él en la lejana colonia para convertirla en su esposa.
Pero cuando meses más tarde el chico espera en el muelle a su futura y deseada mujer, descubre con horror que ante él aparece  la hermana equivocada.



                                      

¿Qué consecuencias puede tener un error (tontísimo) en la vida de tres personas? Pues encontrareis la respuesta en las casi 700 páginas de una novela bellísima que me ha tenido cautivada durante varios días.

Todos los ingredientes de esas grandes historias de aventuras a la antigua usanza están en este libro: amor, un barco legendario, peligros y aventuras en países desconocidos... Para mi ha sido un concentrado de todo lo que me hace soñar y viajar lejos con tan solo abrir un libro.

Guernsey en la novela: Saint Peter's port, convento de Notre Dame du
Castel y la Calle del Delfín verde.
Lo primero que me atrajo desde prácticamente la primera página es el estilo de Elizabeth Goudge. Desde que acabé La saga de los Forsyte iba buscando de nuevo alguien que describiese con tanta delicadeza como Galsworthy; alguién que pintase personalidades e hiciese de las localizaciones una parte fundamental de la historia. Creo que he hallado mi objetivo con Goudge, porque gracias a sus descripciones de Guernsey he visto desde una ventana uno de los amaneceres más bellos de mi vida; y una noche, desde esa misma ventana, me he estremecido ante la furia de los vientos del Atlántico y el rugido de las olas frente a la casa. 
He soñado cuando el Delfín verde desplegaba sus velas blancas para hacerse a la mar y me he maravillado ante la grandeza de los paisajes neo-zelandeses.

Si encima a estos paisajes sublimes les sumamos personajes entrañables que los habiten, el placer de la lectura como podéis suponer se multiplica. Aquí no estamos ante simples caricaturas; los personajes son profundamente humanos, con sus virtudes y sus flaquezas. 
Eso sí más que el trio protagonista, que muchas veces me ha sacado de quicio, los que me han cautivado han sido los secundarios.  Empezando por el capitán O'hara y Nat  a los que les tuve que decir adiós casi con lágrimas en los ojos; también el valiente Tai Hururu tan celoso de su independencia pero que acaba enamorándose y encariñándose con los que le rodean; el fanático misionero Samuel, Veronique, John Ogilvie...¡es que los nombraría a todos! 
¡Ah! Y como olvidarme de Old Nick, el loro que acompaña a los protagonistas a lo largo de toda la historia y es el encargado de poner la frase final a la novela. 


Maoríes y colonos en el paraíso
Todos son inolvidables y más porque la autora les hace moverse entre la realidad que viven, el recuerdo de sus respectivas infancias y las leyendas y cuentos que les acompañaron. Todo el relato desprende magia y las leyendas normandas y polinesias no hacen sino acrecentar esa impresión.

Una y otra vez William habla, a lo largo de los 40 años en los que le acompañamos, del País del delfín verde. Ese país de ensueño que siendo niño en Guernsey, junto a Margueritte y Marianne, imaginó alcanzar algún día. Un sitio donde vivir mil aventuras después de haber surcado los mares. Pero la vida, como tantas veces, se interpone entre los sueños matando algunos y haciendo surgir nuevos a cada paso. Eso es lo que nos muestra la novela, lo que la vida hace con nuestras ilusiones.
Guernsey simboliza así la isla de la niñez, de la esperanza, del amor de William y de las dos hermanas y Nueva Zelanda es la isla de los sacrificios, de la lucha por salir adelante y de la búsqueda de un nuevo futuro.

Recorriendo esta montaña de hojas he sufrido con las grandes tragedias y con los pequeños errores. He vivido el durísimo día a día de los colonos en un país donde todo estaba por hacer; he soñado con las leyendas y las historias de amor y he reído con ese pajarraco loco llamado Old Nick.
El Delfín verde listo para empezar la travesía
Si tuviera que encontrarle un solo defecto al libro, sería el tono moralizante que se desprende a veces de sus páginas. Habla bastante de sacrificio, de experiencias religiosas y del camino necesario para llegar a Dios (Elizabeth Goudge era profúndamente creyente); pero esta es una apreciación menor y espero que no os aleje de una historia que merece la pena disfrutar.

Veis, ahora que lo pienso, ¡hay otra pega! Creo que he descubierto este libro demasiado tarde. Estoy segura de que de haberlo leído antes se habría convertido en uno de mis favoritos de la adolescencia. Pero nunca es tarde y ahora por fin lo tengo en la estantería para abrirlo siempre que me apetezca soñar un poco.

Así pues, no lo dudéis. Si os gustan las historias pausadas, plagadas de bellas descripciones y con un toque de nostalgia infantil, estoy segura de que os encantará esta historia. 
Además, no he leído todavía ninguna novela de landscape (que tan de moda están actualmente) pero creo que por las tramas y las localizaciones que todas comparten, tenéis en El país del delfín verde una digna precursora  publicada en 1935. Si es que parece que ya está todo inventado, ¿verdad?

Un abrazo para todos y muy felices lecturas.

PD. Y os estaréis preguntado ¿pero quién es la hermana que llega? ¿qué pasa con la que queda en Guernsey? ¿volverán a reunirse alguna vez? ¡Ajá! Soy una astuta comadreja y os voy a dejar con la intriga para que os animéis a leerla :)

PD2. Recuerdo que Mariuca comentó que ninguna historia ambientada en Guernsey le había decepcionado. No puedo estar más de acuerdo con ella. No se que tendrá la isla pero es un paraíso para la  literatura.