martes, 18 de junio de 2013

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne

Después de la despedida de mis padres y de adelantar trabajo de la Universidad vuelvo a las andadas! 
Os confieso que estar mucho tiempo alejada de aquí no me gusta nada de nada :( Tengo dos novelas pendientes que me piden a gritos ser comentadas, así que.... manos a la obra! 
Como vereis las dos historias transcurren en la misma localización, aunque eso si, varios siglos de distancia separan la una de la otra. Vayamos por orden y empecemos con el relato más antiguo, La letra escarlata, publicada en 1850. 
Señoras, señores...Bienvenidos a Nueva Inglaterra!

Creo que ya os he dicho lo mucho que me gusta esta región estadounidense. No se si serán sus paisajes, su Historia, sus leyendas o  su literatura. La cuestión es que cualquier cosa que lleve el sello de New Englander consigue conquistarme. Desde que en la carrera me acerqué a su historia por primera vez, me fascinó descubrir esta región de contrastes donde el puritanismo se une al liberalismo y la vida rural a la industrialización.

Después de leer bastantes ensayos (algunos más amenos que otros) los pilgrim fathers, el Mayflower, los cuáqueros o los juicios de Salem han dejado de ser desconocidos para mi. Pero a veces los ensayos resultan algo áridos y nos saben a poco. Siempre queremos saber más y en ocasiones el documento histórico no es suficiente. En ese caso, no hay nada mejor que la literatura para cubrir, de forma más o menos ficticia, ese vacío. 

Para conocer la vida de los primeros colonos puritanos y su aventura en Norteamérica, leí que no hay mejor anfitrión que Nathaniel Hawthorne. ¿Y que mejor para un primer acercamiento que empezar con su obra maestra, La letra escarlata?  Hawthorne nos translada en esta ocasión al Boston colonial del siglo XVII y comienza su relato con un juicio...


Hester y la pequeña Pearl
La condenada se llama Hester Prynne y su delito es haber cometido adulterio. Lejos de su marido, que desde hace años permanece en Inglaterra a la espera de poder reunirse con ella en Boston, Hester da a luz a una niña fruto de su pecado.  
Toda la colonia se ha reunido para condenarla y para ver como brilla sobre su vestido negro la A escarlata que ella misma ha bordado. Esta  señal la acompañará el resto de sus días y la delatará a ojos del mundo como la pecadora que es.  
Pero lo que nadie sospecha es que entre los asistentes al juicio se encuentra su marido, recién llegado a Boston. 

Este, cegado por la ira ante el espectáculo que se despliega ante sus ojos, se pregunta lo mismo que el resto de los asistentes. ¿Quien es el cómplice de Hester? ¿quien ha pecado con ella? Pero tanto la mujer como su amante, que también está presente, callan un secreto que terminará saliendo a la luz de la forma más trágica.



Hester saliendo de la cárcel
Solo puedo empezar diciendo: Madre mía! 
Leer a Hawthorne ha sido toda una experiencia que no me esperaba. Donde yo pensaba encontrar acción, un bullicio de personajes y escenas desgarradoras, he encontrado quietud, dolor, odio y remordimientos. No me extraña que se hable de La letra escarlata como una pionera de la literatura norteamericana. 

A diferencia de las novelas norteamericanas de principios de siglo XIX, donde los hechos heroicos y las aventuras eran el eje central (como en los libros de J. F. Cooper),  la Letra escarlata guarda su fuerza en la descripción de los sentimientos de los tres personajes protagonistas. Estamos ante una novela puramente psicológica y el estilo de Hawthorne, denso y pausado, no puede estar más acorde con el espíritu de reflexión que envuelve toda la novela.

Aquí no tienen cabida la historia de amor de Hester, ni su matrimonio en Inglaterra, ni su llegada a la colonia. La trama se abre directamente con su juicio y  sus consecuencias. El lector no necesita mucha más información.  Incluso el gran misterio de la novela, la identidad del amante de Hester, nos es desvelado al inicio de la historia. Nada de eso es aquí relevante. Solo importa el modo en que los personajes afrontan sus culpas:  asumiéndolas públicamente como Hester o escondiéndolas para evitar la condena de la sociedad, como su amante y su marido.
El resultado de leer un libro semejante, es que me sentí completamente oprimida mientras lo leía.


Camino del sermón: temiendo al demonio, a los indios,
a los pecadores...Menuda manera de sufrir!!
Compartir los desgarradores debates internos de los protagonistas ya es angustioso de por si; pero si a eso le sumamos un entorno hostil, donde toda una comunidad vigila los pasos de los demás; donde se condena a todo aquel  que se aleja del camino trazado por las Escrituras, pues la angustia, como comprendereis, se multiplica.
Imaginad a la pobre Hester perseguida por sus conciudadanos, sermoneada por las calles, insultada por niños que se entretienen jugando: " a ir a la iglesia; o a arrancar cabelleras en simulacro de combates con los indios; o bien asustándose mutuamente con imitaciones de actos de hechicería o brujería". Benditas criaturas!

Los personajes, es cierto, me han dejado completamente descompuesta y no he podido conectar con ellos ni comprenderles. Pero hay un aspecto de la novela que si me ha conquistado totalmente: su magnífica ambientación. Es justo lo que esperaba encontrar en un libro sobre esta época. Sermones virulentos sobre el infierno, el ruido de las brujas mientras surcan el aire en lugares solitarios, los habitantes espiando por las ventanas de sus casas en las noches de luna llena... Todo es oscuro pero fascinante. 


Hester y Pearl en su cabaña
Los únicos momentos en los que Hawthorne nos da un respiro y la luz es la protagonista, es cuando nos lleva a la cabaña donde se instala Hester con su hija, alejada del pueblo, en el lindero del bosque. Solo en medio de la naturaleza el hombre parece encontrar la paz y la libertad. Las descripciones del bosque con sus arroyos cantarines y sus arboles frondosos; o las de la playa donde Hester y su hijita Pearl van a recoger conchas y a ver romper las olas del océano son preciosas, casi líricas. Pero nada de relajarse porque pronto se rompe el hechizo!

Como si de un imán se tratase Hester no puede romper los lazos con la comunidad que la condena. Necesita de la civilización y del contacto con esos humanos que no dudan en despreciarla. Aunque tiene la oportunidad de escapar lejos de allí sigue visitando cada día la población llevando a su hija de la mano, exponiéndose a las injurias de la gente. Lo que os había dicho una agonía!

La historia, como se va presagiando a lo largo de la lectura, no tiene un final feliz, sino trágico y sorprendente! No me esperaba en absoluto la última escena (no digo nada por si alguien se anima a descubrirlo por si mismo). 
Solo os puedo dar una advertencia (que no os pillará por sorpresa, claro). Esta no es una novela para evadirse y pasar un ratito agradable. Es una lectura profunda de la que se pueden sacar muchas interpretaciones. 


Hawthorne
Pero, aunque no es recomendable como novela de entretenimiento, si que lo es y mucho como medio para comprender la historia y el comportamiento de un país como los Estados Unidos.
Hay mucho de Norteamérica en esta historia: una profunda religiosidad y la continua presencia de la moralidad; una buena dosis de estrechez de espíritu y  de desconfianza hacia lo desconocido y por supuesto unas ansias inmensas de libertad.
Así pues, si no le tenéis miedo a una historia oscura, no dudéis en darle una oportunidad a Hawthorne!

Un beso grande a tod@s! Y...Que bien estar de vuelta :)

PD. Hawthorne cambió su apellido añadiéndole una w para desvincularse de sus antepasados puritanos (involucrados en los juicios por brujería de Salem). Ay si sus antepasados levantasen la cabeza y vieran como los criticaba su descendiente novelista :)