martes, 26 de mayo de 2015

Virginia Woolf, diario de adolescencia.

Primera edición de los diarios de
Virginia Woolf.
Descubrí los diarios de Virginia Woolf por pura casualidad, mientras dotoreaba en google. 
Estaba buscando imágenes de las portadas que Vanessa Bell había diseñado para las novelas de su hermana, cuando de repente di con la fotografía que veis a la izquierda. En ella aparece la colección completa de los diarios de Virginia en su edición original; la publicada en 1945 por la Hogarth Press (editorial fundada por la propia Virginia y su marido Leonard Woolf).
Como es natural en mi, me obsesioné rápidamente con la idea de leer esos diarios. Empecé la búsqueda de ejemplares con esa obsesión desmedida del coleccionista por hacerse con su objeto de deseo,  y  poco tiempo después pude tenerlos en las manos.  Desgraciadamente la preciosa primera edición quedaba fuera de mi presupuesto, pero los cinco volúmenes que salieron al mercado en 1967 y la edición francesa, que es la que al final compré, resultaron opciones bastante más asequibles. La edición de La Cosmopolite que tengo en mi poder, a diferencia de sus homólogas inglesas, se publicó en dos únicos volúmenes. El primero corresponde a los Diarios de adolescencia y primera madurez, el segundo, bastante más voluminoso, contiene el resto de diarios hasta la muerte de Virginia. Si os parece centrémonos hoy en el primer volumen.
Edición francesa publicada por La Cosmopolite.
Este diario de adolescencia abarca de 1897 a 1909, exactamente la franja de edad para Virginia que va de los 14 a los 27 años. Son éstos años difíciles para ella; acaba de perder a su madre, pronto perderá a una de sus hermanastras, a su padre, a su hermano Thoby y además debe hacer frente a graves problemas de salud que se agudizan con las tragedias familiares. 
Lo cierto es que muchos de vosotros os estaréis preguntando ahora mismo ¿qué interés puede tener leer estos diarios? ¿por qué perder tiempo con los pensamientos más íntimos de Virginia pudiendo disfrutar directamente de sus novelas y ensayos? Bueno, dejad que intente convenceros de lo mucho que vale la pena.

Tengo que reconocer que su primer diario, el de 1897, es esquemático y bastante repetitivo. Virginia tiene apenas 15 años y sus entradas guardan casi siempre la misma estructura: he paseado, he leído, he ido a ver tal exposición o tal obra de teatro. Su familia y los muchos conocidos de su padre ocupan sus jornadas. 
Pero sin duda, lo que verdaderamente llama la atención de esta primera parte de su adolescencia es la enorme cantidad de lecturas que nutren sus páginas. Ficción, ensayo, biografía, los clásicos griegos y latinos, las últimas apariciones del panorama literario…la lista es exquisita e increíblemente amplia.  Dos años más tarde llegan los diarios de "Warboys" y los escritos de verano. La escritura de Virginia se afina, gana en sutileza, en belleza y arroja los primeros signos de la escritora que duerme en ella. Es consciente de su don y de su deber de trabajarlo y, creedme, asistir a ello es una autentica bendición.
"Escribir es un eterno recomenzar y cada vez espero conseguir mejores resultados" dice en una de sus entradas. Una máxima que mantuvo durante toda su vida.
Fotografías de infancia junto a su madre y su padre en la casa familiar
de Kensington.
Y mientras pule su estilo y sigue leyendo compulsivamente,  Virginia y sus hermanos llevan la vida que corresponde a su clase social. Después de la muerte de su padre, los Stephen se mudan del señorial Kensington al más modesto vecindario de Bloomsbury; y pese a los intentos de sus hermanos mayores (los Duckworth fruto del primer matrimonio de la madre de Virginia) por introducirles en el ambiente mundano y festivo de la buena sociedad, los pequeños Stephen: Thoby, Virginia, Vanessa y Adrian prefieren pasar tiempo a solas en su nueva casa del 46 de Gordon Square. 

Cuando mas feliz es Virginia es entre exposiciones, conciertos, lecturas y paseos. Y también durante las vacaciones de verano cuando los hermanos abandonan Londres siguiendo la tradición familiar.  Desde 1882 hasta 1894 los Stephen pasaron todas las vacaciones de verano en St Ives, un pequeño pueblo de la costa de Cornualles. Talland House la casa que alquilaban, el faro y los alrededores dejarían una fuerte impresión en Virginia, quien siempre asoció St.Ives al recuerdo de su madre. Pero tras la muerte de la Sra. Stephen otros lugares de veraneo tomaron el relevo. 
En sus diarios, Virginia enumera las casas que los hermanos alquilan por distintos lugares de Inglaterra. También los preparativos, los traslados, las maletas a rebosar de libros… y como no el transcurrir de los días en el campo o en la costa.  No importan las localizaciones; en todas ellas Virginia se entrega a largos paseos; momentos en los que carga con su cuaderno de notas y se consagra a la escritura. Cualquier detalle es objeto de descripción y en su afán por captar hasta la más mínima impresión, Virginia busca atrapar en el papel un haz de luz, un sonido o incluso un amanecer.  Después de leer Noche y día comprendo mejor ese vagabundear constante de  sus personajes, esa maestría en captar la atmósfera de Londres ¿lo hubiera conseguido Virginia sin esos paseos de exploración? ¿sin esa búsqueda constante de la perfección?

Conforme avanza el diario llegan los viajes al extranjero: España, Italia, Grecia, Turquía... y de nuevo Virginia escribe sobre cada destino. Arroja entonces comentarios que sin duda ayudan a contribuir a su fama de snob: su desprecio por la suciedad, por los malos modos, su negativa a viajar si no es en primera, sus apreciaciones algo despectivas sobre las costumbres del continente en comparación con la "civilizada" Inglaterra...
Vista de St. Ives en Cornualles, lugar de veraneo de la familia Stephen.
Retrato de Virginia.
Pero entre viajes, paseos y momentos de ocio también aparece en los diarios un momento clave en la vida de Virginia, sus primeros trabajos como profesora y sobre todo como  crítica literaria en The Guardian y en The Times (aquí podéis leer uno de los primeros artículos que Virginia consiguió publicar, con Haworth y los Brontë como protagonistas). Con estos trabajos llegarían esos primeros ingresos que tan importante fueron para ella y que tanta relevancia tendrán en su obra: la realización a través del trabajo, la necesidad de independencia... reivindicaciones para la mujer que pueblan su habitación propia, y definen a uno de sus primeros personajes de ficción el de Mary Datchet en Noche y día. 

Recordais lo que os preguntaba al empezar la entrada ¿es necesario leer el diario de Virginia para conocer su obra? Ciertamente os respondería que no. Podríais disfrutar de la misma forma de sus novelas sin necesidad de pasar por ellos.  Pero para mi, la lectura de Virginia Woolf después de haberme adentrado en sus diarios, ha cobrado una implicación difícilmente comparable.

Dos biografías a tener en cuenta.
La primera es exquisita
y sin duda una muy buena forma
de acercarse a Virginia.
Leer este diario ha sido un auténtico placer, un descubrimiento y un paso indispensable en mi comprensión de la obra de Virginia. He hecho mías sus motivaciones, sus impresiones y sus logros y he cerrado la última página con ese sentimiento de enriquecimiento que solo sobreviene cuando una lectura ha sido fecunda. Sus diarios no solo os permitirán  observarla como una joven más de aquel Londres eduardiano, en su vida cotidiana y en sus más íntimas acciones; también serán una ventana abierta para ser partícipes de ese proceso, casi sagrado, en el que la aspirante a escritora se convierte en una por derecho propio.

Si tenéis la oportunidad, no dudéis en acompañar la lectura de los diarios de Virginia con una de sus biografías. La de Alexandra Harris, concisa, elegante y amena es una estupenda opción para un primer contacto.  Y aunque en este caso todavía no he podido leerla y por tanto recomendaros a pies juntillas, no estaría de más echar un vistazo a La vida por escrito de Irene Chikiar Bauer, primera biografía de Virginia en castellano recién publicada en España.

Un abrazo y ¡muy felices lecturas a todos!

jueves, 21 de mayo de 2015

El regreso

Mi rincón favorito
Después de tantos días de silencio, me alegra mucho volver a escribir en el blog. En un primer momento pensé en llevarme el portátil conmigo para intentar escribir alguna entrada durante el viaje, pero algo dentro de mi me decía que no iba a poder dedicarle el tiempo necesario a escribir y a editar. 
Como temía, así fue. No paré quieta casi ni un momento, y los pocos instantes de descanso que tenía, caía rendida en el hotel o los empleaba para leer un rato las lecturas que preparé para el viaje.  Las "Ventanas de Manhattan" de Antonio Muñoz Molina me hicieron compañía en las largas horas del vuelo de ida; y junto a ellas el Persephone Biannually, una enorme pila de revistas y "La ciudad de la alegría" de Edith Wharton. Ese es el libro que devoré y terminé sentada en el sillón que veis en la fotografía.

Viéndolo ahora, menos mal que dejé el ordenador en casa. Lo hubiera paseado arriba y abajo temiendo por su integridad y sin darle uso. Me bastó con el cuaderno de notas que llevo siempre conmigo. Todo lo que escribí en él me ayudará a redactar el diario de viaje de Nueva York. Después de la cariñosa acogida que disteis a los diarios de Londres, espero que éste os resulte igual de útil y podáis hacer vuestros posibles itinerarios y sugerencias. 
Junto a los diarios llegará la pila de libros que me traje de las librerías neoyorquinas que visité. Os parecerá mentira, pero fueron pocos en comparación con todo el material disponible que hubiera traído conmigo. Como veréis, algunos son libros de ocasión, otros están nuevos y relucientes. Encontrareis biografía, ensayo y bastantes ejemplares de ficción; como no podía ser de otro modo, abunda entre ellos la temática americana.

Pero antes de todo esto, quiero compartir con vosotros algunas reseñas a las que quiero dar paso inmediatamente. Uno no puede darle largas de esta manera tan fea a Willa Cather, Virginia Woolf y Vita Sackville-West. Espero que os piquen la curiosidad y podáis disfrutar de estas lecturas tanto como yo lo hice. 

Por hoy creo que nada más. Solo deciros que es un enorme placer saludaros de nuevo :) 

martes, 5 de mayo de 2015

Notas de abril

Pese a que el mes pasado fue parco en diversiones y descubrimientos y largo en encierros, he conseguido reunir una pequeña lista de cosas que me hicieron feliz en abril. Aquí va:

Número de primavera/verano 15
- La primera de ellas fue encontrar en el buzón el nuevo Persephone Biannually.  En cuanto lo tengo en las manos, todo lo demás desaparece; me preparo mi tazón gigante de café a lo chica Gilmore y saboreo las noticias y artículos del Biannually acompañado de galletas.
Esta vez, sin embargo, me he contenido y he reservado el momento de lectura para una situación que para mi va a ser cuanto menos conflictiva. El día 7 de mayo salgo de viaje. En avión. Ocho horas y media. Creo que no necesito decir más. Ya sabéis lo mal que lo paso volando. 
Por eso me voy a llevar el Biannually conmigo con la esperanza de que me distraiga y apacigüe por lo menos durante un ratito. Crucemos los dedos. 

- Otra alegría de abril fue la visita que hice al Musée de Cluny, el Museo de la Edad Media de París. Si os interesa el mundo medieval no podéis dejarlo pasar si visitais la ciudad. Tanto el edificio como los fondos del museo son preciosos, aunque nada supera en belleza a la joya del museo: la colección de tapices de La dama y el unicornio. 
Recuerdo perfectamente la primera vez que descubrí su existencia. Fue en un viaje a Carcassonne con mi familia. Por todas partes había reproducciones de los tapices: en forros para cojines, en monederos, en bolsos…en fin ya imaginais el variado despliegue del mundillo souvenirs. Yo compré un tapiz en miniatura que mi madre hizo enmarcar para ponerlo en mi habitación, donde sigue todavía. Me gustaba tanto tenerlo al lado de la cama, me quedaba boba mirándolo. 
Como no, tuve que salir con algo de la
tienda del museo. ¡Como iba a resistir-
me a estos marcapáginas!
Por aquel entonces tenía una pequeña obsesión por la Edad Media, y en el caso de La dama y el unicornio se acrecentó con la publicación de la novela del mismo título escrita por Tracy Chevalier. ¡Como me gustó leer ese libro!  
Muchos años después, al situarme en frente de los tapices en la sala del museo volví a sentir todas las sensaciones y ensueños de la adolescencia. Castillos, caballeros, damas y leyendas volvieron a salirme al paso. Sin duda la visita mereció la pena. 

- Cotillear y devorar las entradas de Brain Pickings me encanta. Pero dado el endiablado ritmo de publicación de Maria Popova, me es imposible estar al día de todas. Este mes de abril me alegré muchísimo al encontrar esta recopilación de entradas sobre Consejos de escritura de célebres escritores. No voy a descubrir la piedra filosofal con ellos y estoy segura de que las palabras esfuerzo, trabajo y constancia van a repetirse una y otra vez; pero no lo puedo evitar, me encanta escuchar a los maestros.

- Y gran alegría me llevé al leer el aviso de Rusta: Lumen  rescata la segunda novela de Betty Smith, Mañana puede ser un gran día. Volvemos a Brooklyn y en cierto modo retomamos la historia de Francie, la protagonista del para mi  inolvidable título Un árbol crece en Brooklyn. Sobra decir que me muero de ganas de leerla. 

- Y para poner el punto final a las notas del mes, os dejo con la pintura que he escogido para abril, Fields in Spring de Claude Monet. Sobran las palabras. Pocas cosas son más bellas y representan mejor la primavera que unos árboles en flor.








Como ya os dije el mes de abril no fue muy productivo en lo que a lecturas se refiere.  Aún así estoy contenta ya que no tengo que lamentar ningún bodrio absoluto, aunque The Orchardist me decepcionase mucho…en fin os cuento un poquito de cada uno. 



Las cuatro gracias de D.E Stevenson, una lectura ligera y agradable perfecta para intercalar entre dos lecturas más arduas. Podéis leer un poquito más sobre ella en la reseña.


Shadows on the Rock de Willa Cather, ha sido mi mejor lectura de abril. Cada novela de Willa que leo lo confirma, disfruto con todas y cada una de las líneas que escribe. No quiero avanzar nada de la historia porque tendrá su propia entrada en el blog. Solo doy estos cuantos datos: Canadá, pioneros franceses, el bosque desconocido donde avanzan indios, bestias y tramperos, un boticario y una niña viviendo lejos de su París natal, el paso de las estaciones…¡qué delicia de lectura!

Manhattan Transfer de John Dos Passos, ha resultado ser uno de esos libros de los que me resulta muy difícil hablar con claridad. ¡Salí completamente abrumada de esta lectura! No busquéis una trama en Manhattan Transfer, ni una narración lineal, ni siquiera unos personajes principales y secundarios a los que seguir la pista fácilmente. Algunos aparecen de pronto en una escena para no volver a aparecer en toda la novela. ¿Qué fue de ellos? ¿A donde les llevó su deambular por Manhattan? Podemos especular tanto como queramos, nunca lo sabremos.
Mulberry Street, Manhattan.
La cronología de Manhattan Transfer abarca desde finales del siglo XIX hasta la década de 1920. John Dos Passos dibuja en sus páginas la urbe inmensa e inhumana en la que se ha convertido Nueva York. Las vidas desastrosas de algunos de sus habitantes, de esos recién llegados que vienen a probar suerte. Historias que se entremezclan en el caótico bullir de la ciudad, la verdadera protagonista de la novela. 
Eso es lo que me ha transmitido y lo que me llevo maravillada de esta lectura. Imágenes y más imágenes de Nueva York: algunas hermosas, otras desgarradoras. Frustración, muerte, enfermedad…sin duda no ha sido una lectura agradable; pero al terminar sus páginas, tuve casi la certeza de haber pisado aquel Nueva York, de haber sido testigo de la difícil supervivencia en esa gran jungla urbana que como pocas ciudades representa. 
"Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Todo Atenas era de doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno al Cuerno de oro…Acero, vidrio, baldosa, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta…"

The Orchardist de Amanda Coplin, ha sido la gran decepción. Una historia que tenía todo lo necesario para gustarme, que empezó con grandes promesas y que al final fue perdiendo fuerza hasta llevarme a desear acabarla cuanto antes.
Oregón, principios del siglo XX. Un anciano solitario, propietario de un inmenso huerto de frutales, pasa sus días pendiente del tiempo y de sus cosechas. Un día su soledad se ve interrumpida con la aparición de dos jóvenes desaseadas, hambrientas y en avanzado estado de gestación. Huidizas en un principio, al final acaban aceptando la ayuda del anciano que a partir de ese momento ligará su destino al de las dos desconocidas. ¿Quiénes son? ¿de dónde vienen? ¿de quién huyen asustadas? 
A todas estas preguntas intenta responder Amanda Coplin en The Orchardist. Y si las descripciones del Oeste son evocadoras y grandiosas, poco más puedo destacar de la novela. Me faltó fuerza en los personajes, más interacción entre ellos para hacer creíble su historia. La novela apenas tiene diálogos, y los pocos momentos en los que los protagonistas se comunican son terriblemente fríos. Un drama como este necesitaba de personajes con mayor profundidad. Una verdadera pena.

Un abrazo grande a todos y que disfrutéis de un buen mes de mayo. Nos vemos de nuevo el día 15.
Pista de mi paradero :)

viernes, 1 de mayo de 2015

Tradiciones de un primero de mayo...

flores, muguete, primero de mayo
Muguete y guisante de olor. La combinación perfecta.
Un año más llega el primero de mayo y, con el, su pequeña tradición. Se cuenta que el primero de mayo de 1561 el rey francés Carlos IX recibió un ramito de muguete a fin de que le sirviese como amuleto. En el lenguaje de las flores, estas pequeñas campanillas blancas simbolizan el retorno de la felicidad y el rey apreció tanto el gesto que decidió instaurar una nueva tradición. Todos los primeros de mayo, las damas de la corte recibirían una brizna de muguete  como muestra de felicidad y buenos deseos. 

Como ya os contaba hace unos años, en Francia y en otros países se ha mantenido la tradición a pesar del paso del tiempo. Si paseáis hoy por cualquier pueblo o ciudad francesa, encontrareis a vuestro paso puestecillos improvisados donde comprar la pequeña flor. De padres a hijos, de abuelos a nietos, entre enamorados…todo el mundo puede regalar y a su vez ser sorprendido con un ramito. 

Recibir flores siempre es un placer, y si encima el gesto viene acompañado de una significación tan bonita, pues es aún mayor la alegría. 

La gran pena es que hoy el tiempo no acompañe. No ha dejado de llover desde primera hora de la mañana. Una lluvia densa y encima acompañada de viento que hace muy difícil el que apetezca salir de casa. El tiempo, eso si, invita a acurrucarse en el sofá con un buen libro en mano. 
Yo he elegido a Vita Sackville-West y a sus eduardianos para que me acompañen. Ojalá la lectura me proporcione la misma satisfacción que la vista del muguete que adorna mi escritorio.

Muy feliz primero de mayo, en especial a todos los trabajadores y a los que desgraciadamente no pueden serlo.

La reina Victoria cumpliendo la tradición.

lunes, 27 de abril de 2015

Un día del libro a destiempo.

Una visita obligada.
El pasado jueves, muy a mi pesar, no pude disfrutar del día del libro. No pisé ni una mísera librería, ni toqué libro alguno.  En vez de entre estanterías, pasé mi Sant Jordi encerrada en una sala durante cinco tensas y largas horas; y no en calidad de detenida, lo que podría haber sido hasta divertido, sino como opositora. Anda que, vaya forma más fea de estropear un día tan bonito.
Pero bueno ahora ya no importa ¿sabéis que es lo mejor de pasar por un trance semejante? Pues ese momento en el que te levantas al día siguiente sabiéndote libre de obligaciones. Libre para hacer con tu tiempo lo que te apetezca: aprovecharlo, exprimirlo o hasta malgastarlo si te da la gana. 

La verdad es que este fin de semana he hecho un poco de todo eso. He vagueado por casa, me he puesto al día con las series que llevo en danza, he retomado sin ninguna culpabilidad mis lecturas, y hasta he recuperado el día del libro que había perdido. 

La única pena ha sido tener que reencontrarme con mis paseos parisinos bajo la lluvia; pero bueno, a esta ciudad me es imposible reprocharle nada, está preciosa en cualquier situación, incluso bajo un aguacero.
Place Paul Poinlevé
El sábado Jean y yo paseamos por el Quartier Latin; bajo las lilas de sus jardines y bajo los árboles que ya empiezan a vestirse de tiernas hojas. Mientras, la cercana Notre Dame, vigiló nuestros paseos y marcó las horas con el tañido de sus campanas.

Rue Saint-Julien le Pauvre
Como veis en la fotografía que encabeza la entrada no faltó una visita a Shakesperare and Co. Allí compré el primero de los libros de mi botín de Sant Jordi, Perfume from Provence de Lady Fortescue. Hacía ya algún tiempo que quería comprarlo y en cuanto lo tuve en la mano, supe que ya no podría dejarlo en la estantería. Volver a la Provenza me haría mucho bien después de la tensión de las últimas semanas; aunque solo fuese a traves de los ojos de una extraña.  No puedo evitar preguntarme ¿atesoró Lady Fortescue los mismos intensos olores a lavanda, a tapenade, a fruta confitada y a calissons que yo recuerdo de mis años provenzales? ¿se enamoró de sus colinas, de sus gargantas y del cantar constante de las chicharras? Si así es, estoy segura de que congeniaremos.

Al salir de la librería arreció la lluvia y tuvimos que buscar un lugar donde guarecernos.  Aprovechamos que era hora de merendar para entrar en The Tea Caddy. Esta es una dirección un tanto secreta; de esas que se transmiten de oreja a oreja entre los iniciados al placer del tea time. Así que si venís a París, y haciendo gala de falta de patriotismo, queréis probar un auténtico salón de té a la inglesa, no dudéis en hacer una visita. 

Scones y crumble de moras que sabían a gloria.
Con la barriga y el corazón contentos, seguimos andando hasta Gibert Joseph en el Boulevard Saint-Michel. Había parado de llover y la gente se agolpaba en las aceras y a la entrada de la librería. Y en Gibert, como no, aumenté y completé mi compra de Sant Jordi. Creedme, lo que no encontréis en estas estanterías amigos, es que casi ni existe. Uno se puede pasar horas y horas rebuscando entre los miles de libros y no sentirse saciado. 

Abarrotado Gibert un sábado por la tarde
Yo me decidí por un título que ya tenía en el punto de mira La partie de chasse de Isabel Colegate, recién publicada por la editorial Belfond en su colección Vintage, y por una autora a la que ya he estado dando demasiadas largas, Muriel Spark. Encontré estas bonitas ediciones de La plenitud de la Señorita Brodie y de Curriculum Vitae y no pude resistirme. 
Como veis en la fotografía del botín, vuelvo a caer en la tentación de la literatura británica. Cuatro de cinco vienen del otro lado de la Mancha. No lo puedo evitar que le vamos a hacer. 


Aunque esta vez, la joya de la corona no viene del reino de su graciosa majestad. Es un canto que viene de América y como pocos la representa. Es Walt Whitman y sus incomparables Hojas de hierba. 
Como ya os dije en la entrada de mis lecturas de infancia y adolescencia, descubrí a Whitman hace ya más de diez años, de manos de Antonio, el mejor profesor de literatura que pude desear. Compré entonces un ejemplar bilingüe de Hojas de hierba que es el que me ha acompañado, como un buen amigo, durante todos estos años de descubrimiento y aprendizaje.  
Hace apenas unos meses descubrí que iba a publicarse una nueva edición íntegra y bilingüe y, como podéis imaginar, me llevé una enorme alegría. Y aún más cuando vi que el encargado de su traducción y de su estudio introductorio era Eduardo Moga, poeta, traductor y autor de un blog que sigo con delectación.

Encargué mi ejemplar y esperé con impaciencia a que llegase a mi buzón. Días antes de mi primer examen de oposición lo tuve por fin entre las manos. Y Whitman volvió a ser entonces un buen consejero; volvió a hablarme con voz clara y poderosa a través de los siglos, de corazón a corazón, como siempre ha hecho.

Así que no puedo más que dedicarle a él mi día del libro y mi mes de abril. Que sean sus palabras quienes cierren esta entrada y quienes inauguren una nueva y fructífera temporada de A book a day. 

"A ver, ¿quién cree que un milagro sea una gran cosa?
Yo no sé de nada que no sea un milagro.
Cuando voy por las calles de Manhattan,
o echo un vistazo al cielo, más allá de los tejados,
o ando descalzo por la playa, al borde del agua,
o me paro debajo de un árbol, en el bosque,
o hablo, de día, con alguien a quien quiera, o duermo en la 
cama, por la noche, con alguien a quien quiera,
o me siento a la mesa para cenar con los demás,
o miro al desconocido que tengo delante en el tranvía,
u observo a las abejas que trajinan en la colmena una mañana
de verano,
o a los animales que pacen en los campos,
o a los pájaros, o la maravilla de los insectos voladores,
o la maravilla del sol que se pone, o de las estrellas que brillan,
clavadas,
o la curva finísima, delicada, exquisita, de la luna nueva en primavera:
todo esto, y todo lo demás, cada cosa y todas las cosas, son milagros para mí […]"

PD. Que feliz me hace estar de vuelta.

lunes, 13 de abril de 2015

Una pequeña dosis de D.E. Stevenson: Sarah Morris Remembers y Las cuatro Gracias


Mi conciencia me dice que no tendría que estar escribiendo esta entrada, sino estudiando; pero aquí me tenéis, desafiando al deber y al buen juicio. La "culpa" no es mía sino de D.E Stevenson. En estas tres últimas semanas he leído dos novelas suyas y, aunque una de ellas no me ha convencido, ambas me han ayudado a sobrellevar con alegría las largas horas de estudio. Como sabéis,  me gusta bien poco hablaros de las lecturas que no me convencen, así que hagámoslo rápidamente. 

Publicado en 1967, Sarah Morris Remembers fue uno de los últimos trabajos de D.E Stevenson. En el, la autora volvía a uno de sus periodos predilectos, los años 30 y 40 del siglo pasado. La novela cuenta la historia de una familia afincada en el pueblecito de Fairfield, los Morris: un clérigo rural, su esposa y sus cuatro hijos Lewis, William, Sarah y la pequeña Dottie. Sarah es la encargada de contar en primera persona, a través de sus recuerdos, las vivencias de su familia desde los felices días de la niñez hasta los duros años   de la IIGM.

Vista de Fairfield
Tres son las localizaciones de la novela: el pequeño pueblo de Fairfield donde vive la familia Morris,  Craignethan en Escocia donde residen los abuelos maternos de Sarah y Londres. Estos tres enclaves coinciden con los momentos más importantes de la vida de Sarah y marcan las partes en las que se divide el libro. 
Las escenas de Fairfield sirven a Stevenson para describir la vida rural inglesa que tan bien conoce y plasma en sus novelas. No echaréis en falta encantadoras descripciones del paisaje y la aparición de personajes pintorescos como los parroquianos y los vecinos del pueblo. Ese es el momento en el que conocemos la infancia y adolescencia feliz de Sarah junto a su familia, sus visitas a los abuelos maternos en Escocia y su encuentro con Charles, el amigo austriaco de su hermano del que se enamora. 
Con el traslado a Londres llegará la guerra y los momentos más dolorosos: la separación de la familia y de los enamorados. Y a pesar de contar con todos estos apetecibles ingredientes, la novela no ha funcionado conmigo.

Stevenson ya había utilizado estas mismas premisas en The English Air, una novela  escrita en 1940 y que si disfruté (en aquella ocasión la protagonista en vez de enamorarse de un austriaco lo hacía de un joven alemán). Pero si allí los personajes parecían creíbles y la trama emocionante, nada de esto ocurre en Sarah Morris Remembers. Los personajes me han resultado terriblemente planos, en especial Sarah la protagonista.  La autora no ahonda lo suficiente en su personalidad, ni en sus relaciones para hacer creíbles después la tristeza y el dolor que siente. Ni siquiera se salva su historia de amor con Charles. Una pareja separada por la guerra, el Londres del Blitz, dos hermanos combatiendo en Francia y la autora no consigue crear la atmósfera adecuada para hacerlo creíble.

Decepción pues tras esta lectura y al mismo tiempo la sensación de que algo se confirma. Creo que D.E Stevenson tiene un don para cierto tipo de historias y situaciones; esas historias que acontecen en pequeños pueblecitos ingleses, donde personajes carismáticos y entrañables viven acontecimientos sencillos y cotidianos.  

Y todo ello abunda precisamente en Las cuatro gracias, la novela de mi reconciliación con Stevenson.
El señor Grace, vicario de Chevis Green un pueblecito cercano a Wandlebury, y sus cuatro hijas son los protagonistas de esta historia. 
Liz, Sal, Tilly y Addie son cuatro jovencitas con personalidades muy distintas:  Liz la mayor es decidida y extrovertida, Sal bastante más tímida y soñadora, Tilly no es muy amiga de relacionarse con los demás y Addie, en el polo opuesto, es independiente y sociable. 
Aún así, pese a sus diferencias, todas comparten ciertos rasgos que parecen cosa de familia: un sentido del humor especial, bastante ingenio y la satisfacción de sentirse a gusto consigo mismas. 
Ya lo dice Liz en la novela: "depende de uno desde el primer momento. O tienes esa cosa misteriosa que te hace ser feliz, que te hace tener interés por todo y ser interesante para ti misma, o no la tienes, y entonces eres aburrida y pesada y nunca estás contenta."

Todas esas cualidades compartidas les serán muy útiles para enfrentar los cambios que la Segunda Guerra mundial trae a sus pacíficas vidas. 
¿Como lidiar si no con un familiar algo insoportable, un militar enamoradizo y un investigador algo patoso que recala en Chevis Green ? 

¿Os acordáis cuando me refería al don que poseía Stevenson para escribir cierto tipo de historias?  Pues en Las cuatro gracias tenéis el perfecto ejemplo. Esta es una de esas historias por las que la autora resulta tan valiosa. Una novela repleta de escenas amables,  en las que los personajes interactúan en el mercado, en la iglesia o en la salita mientras disfrutan de un té o de una lectura compartida en voz alta. 

Esa ambientación cálida y agradable me ha parecido perfecta, y a pesar de que la trama es sencilla, mantiene el encanto y el interés hasta la última página. Aunque estemos en guerra, Stevenson no quiere mostrarnos su parte más oscura y dramática. A Chevis Green apenas llegan los ecos del conflicto, aunque Addie esté alistada en la W.A.A.F y el racionamiento provoque algún que otro enfrentamiento en la pescadería del pueblo. 
En realidad creo que el momento más emotivo de la historia, es cuando el señor Grace debe despedirse de su adorada Sal.
Las hermanas Grace: Liz, Tilly, Sal y Addie.
Es cierto que la atención que da Stevenson a cada una de las hermanas queda algo descompensada. Así las historias de Sal y Liz ocupan mayor protagonismo y las pobres Tilly y Addie quedan muy desatendidas. Pero creo que esta es la única pega que puedo ponerle a la novela. También me ha dado algo de pena no haber reconocido a ciertos personajes que ya aparecieron en los libros de la Srta. Buncle, por eso no creo que tarde en devorar los tres primeros libros de la serie, (Las cuatro gracias es el cuarto pero puede leerse de forma independiente) ¡necesito conocer a todos los habitantes de  Wandlebury!  

Así que ya veis, hechas las paces con la autora, no puedo más que recomendaros Las cuatro gracias.  Cada vez estoy más convencida de que D.E Stevenson va a convertirse junto a Elizabeth Goudge en mi refugio lector para sobrellevar días tristes o estresantes. 

Un abrazo y ¡muy felices lecturas a todos!

PD. Aquí podeis leer la reseña que hice de The English Air, otra novela de D.E Stevenson ambientada en la IIGM.
PD1. Perdonad que esté tan ausente en los comentarios. Me duele muchísimo no contestaros, pero en cuanto termine los exámenes el día 24, contesto hasta el último de ellos :) 

viernes, 3 de abril de 2015

Notas de marzo

notas, Testament of Youth, Vera Brittain

Otro mes terminado y llega el momento de hacer balance. Lo cierto es que marzo ha sido un mes bastante tranquilo. Muchas horas de estudio, pocas salidas, pocas series (exceptuando Poldark que me está gustando mucho) y menos películas. Vamos, ahora que lo pienso, creo que no he visto ni una.
Menos mal que la escapada a casa superó cualquier cosa. Pude estar en el 58 cumpleaños de mi padre y recargué las baterías con los míos para los próximos meses. Lástima que me he perdido la Semana Santa, no por las procesiones y demás, si no porque estoy viendo las fotos de las monas y se me está haciendo la boca agua. En fin tendré que conformarme con las gallinas, los huevos y demás figuritas de chocolate que aquí también son típicas en Pascua.
En lo que se refiere a lecturas, marzo ha sido un mes bastante satisfactorio. No he disfrutado de ningún Coup de Coeur en toda regla, pero tampoco tengo que lamentar ninguna gran decepción. Ha sido un mes bastante equilibrado, aunque como veis en la fotografía que encabeza la entrada, un libro ha sido protagonista, Testament of Youth de Vera Brittain. Una lectura que me ha acompañado durante tres semanas y como esperaba, me ha emocionado muchísimo. Espero poder hablaros pronto de él en una entrada propia. 

Pero ahora cerremos el mes con algunas notas. 

- La primera tiene para mi un tono triste. France Culture, al igual que el resto de cadenas que conforman Radio France, está en huelga desde el pasado 19 de marzo. Los recortes también han llegado a la radio estatal y está en juego esa excelencia que tantos ciudadanos y oyentes disfrutamos. Muchas de las emisiones más celebres de la cadena han interrumpido su programación: Les lundis de l'histoire, La fabrique de l'histoire, Le temps des libraires o Les temps des ecrivains entre otros. Es cierto que me siento algo huérfana sin ellos, pero no es momento de ser egoísta; no puedo más que apoyar la decisión de los profesionales de Radio France. Ojalá consigan preservar con sus reivindicaciones la radio que hasta hoy hemos conocido. Aquí tenéis el contundente comunicado en el que explican las razones del paro. 

Entrada a la exposición y el cuadro San Antonio Abad y San Pablo
ermitaño,
para nosotros "El milagro "Big Mac".
- La segunda nota es más alegre. El pasado sábado fuimos a ver la exposición dedicada a Velázquez en el Grand Palais y la verdad es que, aunque no nos maravilló tanto como imaginamos, pasamos un buen ratito. Pensamos que los comisarios de la exposición habían conseguido reunir algunos de los lienzos más destacados del pintor sevillano (así es como lo anunciaban en los folletos); pero faltaron muchas de sus grandes obras. Pudimos ver sus primeras naturalezas muertas, muchas de sus pinturas religiosas, algunas mitológicas y finalmente los retratos de la corte española. El gran momento llegó cuando Jean se plantó frente al cuadro que veis arriba. Se queda mirándolo fijamente, yo le miro a él esperando su reacción, y de repente se gira y me suelta: "mira el cuervo como le trae el McMenú". Casi me muero de la risa pero es que es cierto, ¿no me digáis que no parece un Big Mac volador? :)


- Y hablando de cultura, uno de los artículos que más me ha gustado leer este mes, también la aborda. Rafael Agullol titula su escrito: Vida sin cultura y lo cierto es que es material para una profunda reflexión. ¿Para qué leemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿qué papel juega la cultura en nuestras vidas? Aquí tenéis un pequeño fragmento especialmente significativo:
"La expulsión de la cultura -o de una determinada cultura: la de la palabra, la de la mirada, la de la interrogación- es un proceso colectivo que afecta a todos los ámbitos, desde los medios de comunicación hasta, paradójicamente, las mismas universidades. No obstante, en ninguno de ellos es tan determinante como en el de los propios ciudadanos, que han dejado de relacionar su libertad con aquella búsqueda de la verdad, el bien y la belleza que caracterizaba la libertad humanista e ilustrada. La utilidad, la apariencia y la posesión parecen, hoy, valores más sólidos en la supuesta conquista de la felicidad."

Os invito a leerlo al completo y ya me contaréis que pensáis.  

- Y como no podía faltar, le llega el turno a la pintura del mes. En este ocasión el elegido ha sido Rob Adams, un pintor que descubrí a través de su  blog y que me tiene conquistada. Cada mes Rob recorre Inglaterra, con su material de pintura a cuestas, en busca de escenas y paisajes que capturar en sus lienzos. Utiliza diferentes técnicas: óleo, acuarela, carboncillo... lo cierto es que me encanta como las maneja todas. Como estamos en marzo, mes de viento, nubarrones amenazadores y primeros brotes, he seleccionado estas dos pinturas.
Esta muestra los últimos días de invierno en la región de los Lagos. Poco a
poco la naturaleza se despierta y el verde va tomando posesión del valle.
Imagino que los habitantes de los cottages van disfrutando de los últimos
días frente al fuego de la chimenea.
Y esta escena urbana es otro de los milagros que de repente observamos
por las calles. Un día sales de casa y el árbol triste que veías
cada mañana, te recibe con una explosión de color y de vida. Primavera bienvenida seas.

Y para terminar, aquí tenéis el repaso de lo leído:



Thomas Hardy, the Time-Torn Man de Claire Tomalin brillante absorbente y conmovedora biografía de Hardy. Un hombre que supo superar los primeros fracasos, hasta convertirse en uno de los autores más aclamados de su tiempo. Novelista casi por obligación, pero poeta en el alma, leer esta biografía no solo permite conocer al hombre, si no introducirse también en ese mundo rural que tan bien dibujó en sus novelas. Sin duda seguiré leyendo las otras biografías escritas por Tomalin.
Brooklyn de Colm Tóibín. Había leído buenísimas críticas sobre Colm Tóibín y en especial sobre Brooklyn; pero desgraciadamente no ha sido tan magistral como esperaba. La novela que protagoniza Eilis, una joven irlandesa que en los años 5o emigra a Estados Unidos, me cautivo en su primera mitad. Pero a partir de ahí perdí todo interés en la historia. Los personajes me resultaron hasta antipáticos y me sentí completamente indiferente ante su futuro. Un 3/5 sobre todo por esa primera parte y la calidad de la escritura de Tóibín.
Mary Barton  de Elizabeth Gaskell (releectura) poco más puedo añadir a lo que ya os dije  en la reseña. No es el mejor Gaskell, pero indispensable para los que disfrutan con la autora.
Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre de Belén Barroso también podéis leer que me pareció en la reseña. Un libro divertido que hará las delicias de los "lectores de tacitas".
Ana la de la isla de Lucy Maud Montgomery solo os diré que es uno de mis libros favoritos de la colección de Ana. Os hablaré de él con calma más adelante.
El rancho de la U alada de B.M Bower Disfrute mucho con este romance ambientado en el lejano Oeste. Ligero, con momentos divertidos y la dosis necesaria de aventura y evasión. Dudaba mucho entre un 3 y un cuatro en goodreads, así que lo dejo en 3'5.
Sarah Morris Remembers de D.E Stevenson, nuevo Stevenson que leo (a ver si algún día le doy por fin el turno a la Srta.Buncle) y esta vez no ha sido una lectura muy afortunada. Me ha resultado muy parecido a The English Air, pero le ha faltado la emoción y el encanto que tenía este. Además hay algunas cosas que me han chirriado demasiado. Os contaré en la reseña.
Testament of Youth de Vera Brittain no voy a adelantar  nada de este. Solo deciros lo mucho que me ha marcado esta lectura. Que bello homenaje hizo Vera a su generación, a todos los que amó y perdió en la guerra.

Y hasta aquí lo que dio de si marzo. Espero que hayáis tenido un buen comienzo de primavera y, como siempre, que estéis disfrutando de buenas lecturas. ¡Un beso!

martes, 31 de marzo de 2015

IMM 16: el que llegó volando

 Algunos están boca abajo; pero vamos a echarle la culpa a que vinieron mareados
del avión.
Nueva escapada a España y, como de costumbre, me he venido con otro lote de libros viajeros. Los pobres han venido desperdigados por todas partes, como si fuesen material de contrabando: unos cuantos en la maleta facturada, otros en mi bolso de  mano y uno en la maleta de Jean (introducido de forma clandestina para que no se vuelva loco y grite: Non, mais là il faut arreter avec les livres! Il n'y a plus de place!).
Varias de mis adquisiciones vienen de mi ronda habitual de librerías alicantinas (que podéis descubrir aquí); otras llegaron puntuales a casa gracias a un pedido que hice a Iberlibro, y una la encontré mientras ayudaba a la familia a hacer limpieza en el garaje. Me alegré un montón porque tenía la novela anotada en la lista de títulos por comprar, y mira por donde, estaba esperándome en casa de mis padres. No se exactamente a quién perteneció el libro, pero en todo caso les felicito por haberla comprado en su día. Es cierto que el pobre está algo hecho polvo, pero creo que conseguirá aguantar unas cuantas lecturas suplementarias. 
El botín pues, se compone de cinco ejemplares de segunda mano y cuatro recién salidos  de imprenta.  No les hago esperar más y paso a las presentaciones.


Así de grande de Edna Ferber 
Empezamos con las historias de América (estadounidense en este caso). Buscando títulos para mi Century of Books, di por casualidad con esta novela galardonada con el Pulitzer y me fascinó la historia de superación que prometía; la de Selina Peake, una maestra luchadora que debe enfrentarse al matrimonio, la viudez y a la crianza en soledad de su hijo en el Chicago de principios del siglo XX. 
Veremos si ha sido una buena elección para mi año 1924.

Nuestra hermana Carrie de Theodore Dreiser 
Este es el libro que encontré para mi regocijo en las estanterías del garaje. Al igual que La Jungla de Upton sinclair, quise que formara parte de mi Century porque es una obra clave del naturalismo americano. Una de esas novelas que muestran con detallado realismo la vida en esa "jungla" despiadada de las grandes ciudades. Esta es la historia de Carrie Meeber una joven ingenua y soñadora que deja su pequeño pueblo de Wisconsin para triunfar en Chicago; y de como después de grandes sacrificios y terribles experiencias, logró el éxito pero no la felicidad. 

El rancho de la U alada de B.M Bower. No nos movemos de los States y con una buena montura y un sombrero Stetson nos trasladamos al rancho de la U Alada.  Allí nos espera un grupo de rudos vaqueros y una joven doctora que está dispuesta a revolucionarles la existencia. En especial la de Chip, un vaquero reservado y arisco, al que le costará bastante reconocer lo mucho que le importa "la doctorcita".
Después de la fascinante aventura que supuso Cartas de una pionera, los chicos de Hoja de lata no tienen que insistirme mucho para que decida embarcarme hacia el Oeste. 

Ana la de Álamos ventosos de Lucy Maud Montgomery
Y para cerrar el grupo americano, hacemos una pequeña parada en Canadá. No podía venirme de España sin el último tomo publicado de las aventuras de Ana. En esta cuarta entrega,  debe despedirse de Tejas verdes para abrirse camino en la opulenta sociedad de Redmond. Allí, Ana continuará ejerciendo su labor de profesora y empezará los preparativos de su boda con Gilbert, su amor de la infancia. 
Acabo de releer Ana la de la Isla, por eso voy a dejar descansar este último tomo en la estantería por un tiempo. Aún así, que satisfacción me da tenerlo bien a mano para cuando se presente la ocasión de volver a Avonlea.


Las cuatro gracias de D.E Stevenson Con Las cuatro gracias llega el momento de abrir el cajón británico; y que mejor que hacerlo con una historia típicamente british. Un vicario rural y sus cuatro hijas son los protagonistas de una novela ambientada en plena IIGM.  A través de sus vivencias, seremos testigos de como un pequeño pueblecito inglés se enfrenta al temor y al esfuerzo que supuso el conflicto. 
Cruzo los dedos y espero tener más suerte con este nuevo Stevenson que con Sarah Morris Remembers. Lo terminé la semana pasada y fue una pena no disfrutarlo tanto como pensaba. Os contaré un poquito más en la reseña.

Una habitación propia y Tres guineas de Virginia Woolf. Cuando vi esta nueva edición de bolsillo no pude dejarla. Ya tengo en mi poder una edición de Una habitación propia que guardo como un tesoro; pero llevaba tiempo buscando una edición de Tres guineas en español y por fin la tengo. La cultura de guerra, el patriarcado, la educación y el trabajo femenino son algunos de los temas que Woolf analiza en este ensayo. 
Tengo en preparación varias entradas dedicadas a Virginia, y me tiene tan fascinada que no creo que tarde mucho en leer Tres guineas.

Spinsters of this Parish de Sybil Oldfield  
Creo que ya podéis intuir lo mucho que me gustan las historias de solteronas, dados los títulos que voy enseñando por aquí. Por eso cuando, rebuscando en el catálogo de la editorial Virago, llegué hasta este sugerente título no pude resistirme a comprarlo.  Este ensayo biográfico traza las vidas de dos solteronas injustamente olvidadas: Flora Mayor y Mary Sheepshanks. Dos mujeres, una escritora y otra activista, que lucharon a través de sus escritos y acciones contra las convenciones victorianas que encorsetaban a la mujer. 
Será un perfecto punto de partida antes de internarme en la obra de ambas. Y que gran sorpresa me llevé al ver que Rosamunde Pilcher había escrito una introducción en una edición actual de un libro de Mary Sheepshanks. Es más, la edición forma parte de una colección titulada: Rosamunde's Pilcher Bookshelf.  ¡Esa estantería tengo que investigarla a fondo!

Memorias de la condesa de Espoz y Mina
Y hablando de mujeres olvidadas es imposible no citar a Juana de Vega, la condesa de Espoz y Mina. Descubrí su nombre mientras leía el tercer tomo de la valiosa colección Historia de las mujeres en España y América latina, y me sorprendió muchísimo que la esposa de Espoz y Mina, uno de los mayores defensores del liberalismo español, llegase a ser aya y camarera mayor de la reina Isabell II. Para saciar mi curiosidad decidí saber más sobre ella y así fue como descubrí el libro que recoge sus memorias. En la sinopsis se señala el empeño que puso en formar y educar a la reina en el amor y la defensa de la libertad. Viendo el resultado del reinado de Isabell II, me pregunto en que falló o que impedimentos tuvo Juana para lograr su propósito.

Adieu prairies hereuses de Kathleen Raine
Y por último un libro que compré por mero impulso ya que desconozco absolutamente todo sobre Kathleen Raine, su autora. Leo en la red que fue una célebre poetisa, erudita y crítica inglesa, pero reconozco que lo que a mi me llevó hasta su obra fue la sinopsis francesa de su autobiografía. Dice así:
"En esta autobiografía, Kathleen Raine traza el itinerario de una infancia singularmente consciente y dificil. Criada en los páramos salvajes de los confines de Escocia, sujeta al peso de las convenciones sociales, la pequeña Kathleen se libera de las obligaciones a través de los sueños, la reflexión y la poesía. Seguimos en estas páginas, la evolución de esta adolescente que intenta aunar el lirismo de las leyendas escocesas heredadas de su madre y el rigor crítico y moral de su padre."
No tengo idea de lo que voy a sacar de esta lectura; pero esos páramos de Escocia y esa infancia pasada entre poemas y leyendas, no podía dejarlos pasar.

Y hasta aquí las últimas adquisiciones. Como siempre si queréis que amplié información sobre alguno de ellos o tenéis cualquier duda al respecto: precio, donde encontrar ediciones, libros similares…no tenéis más que decírmelo en los comentarios; será un placer contestaros, aunque me demore un poco en hacerlo, perdonadme :)
¡Muy felices lecturas a todos!