martes, 5 de mayo de 2015

Notas de abril

Pese a que el mes pasado fue parco en diversiones y descubrimientos y largo en encierros, he conseguido reunir una pequeña lista de cosas que me hicieron feliz en abril. Aquí va:

Número de primavera/verano 15
- La primera de ellas fue encontrar en el buzón el nuevo Persephone Biannually.  En cuanto lo tengo en las manos, todo lo demás desaparece; me preparo mi tazón gigante de café a lo chica Gilmore y saboreo las noticias y artículos del Biannually acompañado de galletas.
Esta vez, sin embargo, me he contenido y he reservado el momento de lectura para una situación que para mi va a ser cuanto menos conflictiva. El día 7 de mayo salgo de viaje. En avión. Ocho horas y media. Creo que no necesito decir más. Ya sabéis lo mal que lo paso volando. 
Por eso me voy a llevar el Biannually conmigo con la esperanza de que me distraiga y apacigüe por lo menos durante un ratito. Crucemos los dedos. 

- Otra alegría de abril fue la visita que hice al Musée de Cluny, el Museo de la Edad Media de París. Si os interesa el mundo medieval no podéis dejarlo pasar si visitais la ciudad. Tanto el edificio como los fondos del museo son preciosos, aunque nada supera en belleza a la joya del museo: la colección de tapices de La dama y el unicornio
Recuerdo perfectamente la primera vez que descubrí su existencia. Fue en un viaje a Carcassonne con mi familia. Por todas partes había reproducciones de los tapices: en forros para cojines, en monederos, en bolsos…en fin ya imaginais el variado despliegue del mundillo souvenirs. Yo compré un tapiz en miniatura que mi madre hizo enmarcar para ponerlo en mi habitación, donde sigue todavía. Me gustaba tanto tenerlo al lado de la cama, me quedaba boba mirándolo. 
Como no, tuve que salir con algo de la
tienda del museo. ¡Como iba a resistir-
me a estos marcapáginas!
Por aquel entonces tenía una pequeña obsesión por la Edad Media, y en el caso de La dama y el unicornio se acrecentó con la publicación de la novela del mismo título escrita por Tracy Chevalier. ¡Como me gustó leer ese libro!  
Muchos años después, al situarme en frente de los tapices en la sala del museo volví a sentir todas las sensaciones y ensueños de la adolescencia. Castillos, caballeros, damas y leyendas volvieron a salirme al paso. Sin duda la visita mereció la pena. 

- Cotillear y devorar las entradas de Brain Pickings me encanta. Pero dado el endiablado ritmo de publicación de Maria Popova, me es imposible estar al día de todas. Este mes de abril me alegré muchísimo al encontrar esta recopilación de entradas sobre Consejos de escritura de célebres escritores. No voy a descubrir la piedra filosofal con ellos y estoy segura de que las palabras esfuerzo, trabajo y constancia van a repetirse una y otra vez; pero no lo puedo evitar, me encanta escuchar a los maestros.

- Y gran alegría me llevé al leer el aviso de Rusta: Lumen  rescata la segunda novela de Betty Smith, Mañana puede ser un gran día. Volvemos a Brooklyn y en cierto modo retomamos la historia de Francie, la protagonista del para mi  inolvidable título Un árbol crece en Brooklyn. Sobra decir que me muero de ganas de leerla. 

- Y para poner el punto final a las notas del mes, os dejo con la pintura que he escogido para abril, Fields in Spring de Claude Monet. Sobran las palabras. Pocas cosas son más bellas y representan mejor la primavera que unos árboles en flor.








Como ya os dije el mes de abril no fue muy productivo en lo que a lecturas se refiere.  Aún así estoy contenta ya que no tengo que lamentar ningún bodrio absoluto, aunque The Orchardist me decepcionase mucho…en fin os cuento un poquito de cada uno. 



Las cuatro gracias de D.E Stevenson, una lectura ligera y agradable perfecta para intercalar entre dos lecturas más arduas. Podéis leer un poquito más sobre ella en la reseña.


Shadows on the Rock de Willa Cather, ha sido mi mejor lectura de abril. Cada novela de Willa que leo lo confirma, disfruto con todas y cada una de las líneas que escribe. No quiero avanzar nada de la historia porque tendrá su propia entrada en el blog. Solo doy estos cuantos datos: Canadá, pioneros franceses, el bosque desconocido donde avanzan indios, bestias y tramperos, un boticario y una niña viviendo lejos de su París natal, el paso de las estaciones…¡qué delicia de lectura!

Manhattan Transfer de John Dos Passos, ha resultado ser uno de esos libros de los que me resulta muy difícil hablar con claridad. ¡Salí completamente abrumada de esta lectura! No busquéis una trama en Manhattan Transfer, ni una narración lineal, ni siquiera unos personajes principales y secundarios a los que seguir la pista fácilmente. Algunos aparecen de pronto en una escena para no volver a aparecer en toda la novela. ¿Qué fue de ellos? ¿A donde les llevó su deambular por Manhattan? Podemos especular tanto como queramos, nunca lo sabremos.
Mulberry Street, Manhattan.
La cronología de Manhattan Transfer abarca desde finales del siglo XIX hasta la década de 1920. John Dos Passos dibuja en sus páginas la urbe inmensa e inhumana en la que se ha convertido Nueva York. Las vidas desastrosas de algunos de sus habitantes, de esos recién llegados que vienen a probar suerte. Historias que se entremezclan en el caótico bullir de la ciudad, la verdadera protagonista de la novela. 
Eso es lo que me ha transmitido y lo que me llevo maravillada de esta lectura. Imágenes y más imágenes de Nueva York: algunas hermosas, otras desgarradoras. Frustración, muerte, enfermedad…sin duda no ha sido una lectura agradable; pero al terminar sus páginas, tuve casi la certeza de haber pisado aquel Nueva York, de haber sido testigo de la difícil supervivencia en esa gran jungla urbana que como pocas ciudades representa. 
"Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Todo Atenas era de doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno al Cuerno de oro…Acero, vidrio, baldosa, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta…"

The Orchardist de Amanda Coplin, ha sido la gran decepción. Una historia que tenía todo lo necesario para gustarme, que empezó con grandes promesas y que al final fue perdiendo fuerza hasta llevarme a desear acabarla cuanto antes.
Oregón, principios del siglo XX. Un anciano solitario, propietario de un inmenso huerto de frutales, pasa sus días pendiente del tiempo y de sus cosechas. Un día su soledad se ve interrumpida con la aparición de dos jóvenes desaseadas, hambrientas y en avanzado estado de gestación. Huidizas en un principio, al final acaban aceptando la ayuda del anciano que a partir de ese momento ligará su destino al de las dos desconocidas. ¿Quiénes son? ¿de dónde vienen? ¿de quién huyen asustadas? 
A todas estas preguntas intenta responder Amanda Coplin en The Orchardist. Y si las descripciones del Oeste son evocadoras y grandiosas, poco más puedo destacar de la novela. Me faltó fuerza en los personajes, más interacción entre ellos para hacer creíble su historia. La novela apenas tiene diálogos, y los pocos momentos en los que los protagonistas se comunican son terriblemente fríos. Un drama como este necesitaba de personajes con mayor profundidad. Una verdadera pena.

Un abrazo grande a todos y que disfrutéis de un buen mes de mayo. Nos vemos de nuevo el día 15.
Pista de mi paradero :)