lunes, 29 de febrero de 2016

Una ronda de libros nuevos

Luz de lluvia, café y libros. 
Esta mañana he hecho como Mrs Dalloway y me he comprado yo misma las flores. Cuando he pasado por delante de la floristería y he visto los ramos de tulipanes no he podido resistirme. Me los he traído a casa envueltos en papel de estraza, los he colocado en el florero y, al verlos tan bonitos, he decidido aprovechar la ocasión para enseñaros los últimos libros que han ido llegando a casa. La pobre estantería llevaba semanas haciéndome señales: "¡Bonita! ¿Sabes que tengo nuevos inquilinos y hace tiempo que no los sacas de paseo?". Así que aquí me tenéis, con mi tazón de café, los libros nuevos y la foto que inmortaliza el momento. Siento la luz escasa, pero que le vamos a hacer, hoy es otro de esos días grises.

Como veis, todos los ejemplares que tengo para enseñaros son de bolsillo y, a pesar de estar bastante decentes, todos son de ocasión (exceptuando el librito que corona la pila). Os los enseño con más detalle.


- The House on the Cliff de D.E Stevenson. Si, otro Stevenson. ¡Pensé tanto en Laura cuando lo compré! Ella que recientemente ha confesado que la buena Dorothy no le hace mucha gracia. Y mira que la entiendo. 
Con las novelas de Stevenson no descubriréis América, los temas y las situaciones tienden a repetirse constantemente; el estilo tampoco es una maravilla que digamos y, aún así, yo no puedo evitarlo ¡sus libros me hacen sentir tan bien! Aunque a veces pongo el grito en el cielo con tantas situaciones idílicas, siempre encuentro algo encantador en ellos. Fijaos, en "The House of the Cliff" Elfrida Jane, actriz londinense de 21 años, recibe la sorpresa de su vida cuando descubre que acaba de heredar una vieja casa frente a un acantilado. Una nueva vida la espera lejos de Londres y ¿será capaz de encontrar en ella la felicidad? Ya os digo yo que si, pero ¡que no me falte un buen stock de finales felices!

- Poemas de William Wordsworth, edición bilingüe de bolsillo inglés- francés. Me crucé con esta edición y no pude resistirme. Llevo años leyendo sus poemas por internet, desperdigándolos por mis libretas y agendas; y ahora, por fin lo tengo físicamente en mi estantería. Wordsworth es uno de mis poetas favoritos. Un romántico capaz de captar la belleza de las cosas efímeras, que me habla a través de los siglos. Algún día pasearemos juntos por la tierra de los lagos. Algún día.


- Memorias de una joven formal de Simone de Beauvoir, ya era hora de empezar a leer las memorias de Simone. Cuatro volúmenes que empiezan con este, en el que la escritora evoca su infancia en el seno de una familia católica y burguesa. Un mundo cerrado que esperaba de ella cumpliese las expectativas de convertirse en una joven formal. Algo contra lo que Simone pronto se rebelará. 


Así lucía Shakespeare and Company
en mi última visita
- Le chapeau de Vermeer, le XVII siècle à l'aube de la mondialisation de Timothy Brook. 
Andaba buscando títulos sobre los intercambios comerciales y culturales en la edad moderna entre Europa y el lejano Oriente, cuando di con este libro. Que apareciese Vermeer en la portada y en el título ya era un punto a favor y leer la sinopsis hizo el resto: "Desvelar, a partir de seis pinturas de Vermeer y una cerámica, el mundo en mutación del siglo XVII es el objetivo de este magnífico libro saludado unánimemente por la crítica. Un simple cuenco de fruta en La lectora en la ventana nos conduce hacia las rutas del comercio marítimo de la famosa porcelana azul y blanca china. Un suntuoso sombrero de fieltro en el Oficial y joven riendo nos lleva a descubrir, entre los vastos espacios canadienses, las hazañas de los tramperos franceses y sus aliados hurones. Un total de siete viajes fascinantes que muestran la amplitud de los intercambios culturales y comerciales entre el Este y el Oeste en los albores de la mundialización." Acabo de empezarlo y me tiene fascinada. 

- La niña de nieve de Eowyn Ivey. Llevo queriendo leer este libro desde su publicación en 2012, pero por unas cosas u otras es hoy cuando le llega su oportunidad. Esta es la historia de Mabel y Jack, una pareja que se ha refugiado en los silenciosos bosques de Alaska para luchar contra el dolor y la pérdida. Allí, lejos de todo, la extraña aparición de una niña misteriosa y salvaje cambiará para siempre su existencia. Un cuento cargado de magia y, ambientado en el frío, será perfecto para estos últimos días de invierno.

- L'histoire de Bone de Dorothy Allison. Y de la magia a la cruda realidad. Violenta, sombría. Este es el relato de una infancia rota en el sur profundo de los Estados Unidos. La historia de la pequeña Bone y la del resto de su familia; una de tantas entre las desheredadas del sueño americano. Cuando leí la sinopsis me recordó muchísimo a otro libro sobre una infancia difícil que leí hace muchísimos años, "El castillo de cristal" de Jeannette Walls. Si no lo habéis leído os lo recomiendo de corazón. Es inolvidable. Veremos si la historia de Bone también se queda conmigo.

Una vuelta por la Inglaterra de principios
del XX, siempre es una buena idea.
Guard your daughters de Diana Tutton. Es la apuesta ciega entre mis compras. No conozco a la autora y apenas se de que va la historia ya que la edición no tiene sinopsis; pero cuando lo tuve en la mano me di cuenta de que el ejemplar pertenecía a la misma editorial que Patricia Brent Spinster, un libro que me encantó, así que me lo llevé. Lo compré en The Abbey Bookshop y en cuanto llegué a casa escudriñé sobre la novela; las protagonistas son cinco hermanas de una excéntrica familia. Me gustan las historias de hermanas y si son raritas, mejor que mejor. Ya os contaré.


The Go-Between de L.P Hartley Y para terminar el único libro que compré nuevo. El impulso y la necesidad de tenerlo conmigo se le debo a mis queridas Minea y Magrat. Ambas hablaron maravillas de la novela y de su adaptación a la pantalla, así que fiándome como me fio de sus gustos, les doy miles de gracias por descubrírmela (aquí y aquí os dejo sus entradas). Estoy casi segura de que voy a disfrutar de esta historia en la que un hombre mayor rememora su infancia en Norfolk a principios del siglo XX. Podéis encontrarlo en castellano en la colección Pre-textos.

Y hasta aquí mis últimas incorporaciones de enero y febrero. Espero que algún título haya despertado vuestra curiosidad y si los habéis leído y os apetece, contadme que os parecieron en los comentarios. Que despidáis con muy buen pie febrero y que empecéis aún mejor marzo.
¡Muy felices lecturas a todos!

viernes, 19 de febrero de 2016

Algunas notas de invierno

From a Hampstead Window de Charles Ginner
Quizá os suene esta pintura de la portada de
Una chica en invierno.
Y de un soplido diciembre y enero han volado del calendario. Como suele pasar cada vez que bajo a España, he dejado el rinconcito algo abandonado; pero ya estoy aquí para ponerle remedio. A lo tonto a lo tonto ya estamos a mitad de febrero y la maquinaria lectora no ha parado durante las vacaciones, así que vamos allá.

Me encantaría poder decir que estos pasados meses fueron fríos, y que le di buen uso a abrigos, bufandas y demás parafernalia invernal; pero, para que engañaros, apenas he tenido que abrigarme en este invierno cálido y extraño, en el que hasta han florecido los almendros. 

Quizá, lo más sensato hubiera sido adaptarse a esta primavera adelantada, pero como disfruto tanto de las costumbres "del frío" no he querido privarme de ellas. No he renunciado a las tazas de chocolate caliente, ni tampoco a las raclettes de rigor. He hibernado en el sofá y paseado con la manta a cuestas por mi casa, como si fuera una capa. Vamos, ni Napoleón en su coronación estaba tan majestuoso.

Pero, para vivir algo parecido a un invierno riguroso, no me ha quedado otra que limitarme a alguno de los libros que he llevado entre manos. Por momentos envidiaba a Susan Hill y a las descripciones que hace en "The magic Apple Tree", un libro en el que, estación tras estación, narra sus experiencias como propietaria de un pequeño cottage. El invierno, estación que abre el volumen, es especialmente duro en las colinas de Oxfordshire, pero con descripciones como esta, no me hubiese importado nada vivirlo junto a Susan...

"It was achingly cold, the wind coming north-east off the Fen made us cry. We ran down the steps and indoors, switched on the lamps and opened up the stove, made tea, shut out the weather, though we could still hear it, the wind made a thin, steely noise under doors and through all the cracks and crevices of the old house. But by six o'clock there had been one of those sudden changes. I opened the door to let in Hastings, the tabby cat, and sensed it at once. The wind had dropped and died, everything was still and dark as coal, no moonlight, not a star showed through the cloud cover, and it was just a degree warmer. I could smell the approaching snow. Everything waited..."



Otra de las imágenes de invierno que más me
gustan es más antigua, del s.XV; el mes de
febrero de Les Très Riches Heures du duc de
Berry
. Fijaos en los detalles y descubriréis
hasta las vergüenzas de los campesinos que
entran en calor cerca de la chimenea.
Y es que como bien dice Edith Siwell, "Winter is the time for comfort, for good food and warmth, for the touch of a friendly hand and for a talk beside the fire: it is the time for home"

En casa pues leí bastante (ya os hablaré un poquito más de los libros de ficción al final de la entrada), y una de las lecturas más fecundas fue el ensayo "Hiver, historie d'une saison" de François Walter. Resultó ser una lectura interesantísima, aunque menos lírica y narrativa de lo que imaginaba. Es un ensayo escrito en la más pura tradición de la historia cuantitativa. Abundan los datos demográficos, económicos y climatológicos, y para regocijo mio,  también hay pequeños apuntes de historia de las representaciones e historia cultural, las que más me interesan.

Una de las cosas que más disfrute fueron los análisis que Walter hace de algunos cuadros invernales de los maestros flamencos. Siempre me han fascinado. La dureza del cielo y de los árboles desnudos mezcladas con las diversiones de invierno. Fijaos en los detalles de la pintura de Bruegel el Viejo, Los cazadores en la nieve: la enseña de la posada se ha descolgado con la fuerza de la nevada; mientras, sus dueños hacen leña con muebles viejos. Una mujer arrastra a otra en un trineo sobre el lago helado, y en lo pueblos del valle, el humo de los hogares sale por las chimeneas. 
Me podría pasar horas especulando con todos los personajes del cuadro.

Aparte de leer también he dedicado bastante tiempo a otro de mis pequeños placeres, hornear con mi madre. Me encanta hacer repostería durante todo el año, pero aún más en invierno, cuando el calorcito del horno hace tan agradable estar en la cocina. Tarta sacher, varias cocas bobas, tarte tatin, galletas de avena con manzana y frutos secos, tarta de chocolate y mascarpone, bizcocho de manzana y nueces...ya veis que en nuestra casa el invierno huele a manzana y a canela. 
Lo que no hicimos (y no creo que nos atrevamos a hacer en la vida) es la receta del célebre Black Cake de Emily Dickinson. Por favor no os perdáis el video de su preparación: dos valientes cocineras, un gato, ambiente acogedor y ¡19 huevos! 
¡Ah! y prestad atención a la última melodía (a partir del min. 4.50) ¿no os suena de algo? Bueno yo es que soy muy friki con la música, pero es precisamente la canción que Rose y Jack bailan juntos en la cubierta de tercera clase del Titanic (mirad aquí). Madre mía que recuerdos...

Y quien dice cocina dice radio. No se si también os pasa a vosotros pero a mi me encanta  escuchar la radio mientras ando entre cacerolas, y en especial France Culture. Una de las emisiones que más me gustó escuchar este invierno fue la magnífica adaptación de Jane Eyre. Una buena forma de homenajear a Charlotte en este año de su bicentenario.

Lectura, repostería, radio... y como no cine. Fui a ver En el corazón del mar y Suffragettes. Las dos me gustaron, pero me supieron a poco; fijaos que a día de hoy apenas recuerdo ciertas escenas. Pero la película que me marcó profundamente fue The Homesman.

No voy a mentiros; esta película no es fácil ni comoda. Es dura, impactante en su horror y a la vez bella, bellísima en sus imágenes, en su música y en su mensaje. Aquí podéis ver una escena que a mi terminó por arrancarme las lágrimas. Inolvidable; y, en mi humilde opinión, un western realista de diez. 

Escenas de The Homesman.
Y, como prometí un poquito más arriba, termino con el repaso de las novelas que leí durante diciembre y enero. Una pizca de Rusia, Francia, Nueva Inglaterra, Australia; y una buena dosis de Reino Unido (no perdamos las costumbres).



A Town like Alice de Nevil Shute, fue una de las lecturas que me recomendasteis en el pasado aniversario del blog (perdonad pero ahora no recuerdo quien lo hizo). El caso es que disfruté muchísimo con la primera parte de la historia, con toda la trama de la invasión japonesa de Malasia y el cautiverio de Jean; pero una vez que la acción, y la protagonista, se trasladan a Australia vaciló mi entusiasmo. Me voy a reservar este libro como relectura, porque quizá haya sido un poco dura en mi primera impresión. 3/5

Pecheur d'Islande y Lady Rose and Mrs Memmery, fueron dos maravillosas lecturas. No os digo más ahora porque estoy dedicándoles su propia entrada. Solo avanzo que si os gusta Escocia y tenéis pensado comprar en breve un libro Persephone, no dudéis en haceros con Lady Rose.

Una chica en invierno de Philip Larkin, me hipnotizó. Si os digo la verdad, no sabría deciros porqué me fascinó tanto, porque pocas veces he leído un libro tan acerado, tan frío, tan sobrio. Los personajes se esconden en su mundo interior, celosos de mostrarse plenamente, el ambiente es inhóspito y la sensación final que me dejó la lectura es de que apenas fui testigo de una mísera parte de la historia de Katherine y Robin. Y aún así, se quedó conmigo. Si os animáis a leerlo yo os recomendaría cogerlo en la biblioteca. No es una edición barata y quizá la magia no actúe con todo el mundo. 4/5

The Lark de Edith Nesbit, fue una lectura encantadora. De esas comedias amables, típicamente inglesas que cautivan a tantos lectores. Cuenta la historia de dos jóvenes primas que heredan un pequeño cottage cerca de Londres y necesitan encontrar un medio para conseguir ingresos. Una floristería, una casa de huéspedes...los intentos se suceden con mayor o menor éxito. Lo que si está asegurado es una galería de personajes encantadores, una dosis de romance y un final feliz. Es cierto que algunos acontecimientos pecan de inverosímiles, de estar demasiado idealizados. Pero esto forma parte del encanto de la novela. Si os gusta D.E Stevenson, creo que podréis disfrutar con "The Lark". 4/5 Podéis leer la novela en este enlace ya que resulta muy difícil de conseguir en papel.

Guerra y paz de Lev Tolstoi, no se cuando, pero con todas las notas que cogí durante la lectura haré la reseña que merece este inmenso libro (y no lo digo únicamente por su número de páginas). 

Desde que el mundo existe de Rachel Field, 3/5 fue una de esas lecturas que disfruté pero no conservaré en la memoria. El libro está bien escrito y tiene pasajes muy bonitos, sobre todo cuando describe la costa de Maine; pero la historia de la familia Fortune, sus intrigas y desgracias, me recordó a otras ya leídas del mismo estilo. Esperaba encontrar más protagonismo del mar y del ocaso de los grandes veleros, el ingrediente que me llevó a comprar la novela. Pero estoy segura de que todos los que gusten de novelas pausadas, con pequeñas dosis de romance, enfrentamientos familiares y alguna venganza disfrutarán con ella. 3/5

Angel de Elizabeth Taylor también tendrá su reseña en el blog porque el personaje de la señorita  Angelica Deverell merece con creces una entrada.


Leyendo en casa. Pequeñas alegrías.
Y para terminar The ladies of Lyndon de Margaret Kennedy. Esta empezó con buen pie. La joven y distinguida Agatha está a puto de casarse con Sir John Clewer, propietario de Lyndon. No está enamorada de él, pero es un excelente partido, casi "impuesto" por su madre. Los primeros compases de la novela dejan entrever cierta rebeldía en Agatha, y una relación especial con James Clewer, el arisco y bohemio hermano menor de su futuro marido. Pero una vez contraído el matrimonio y con Agatha convertida en una de las ladies de Lyndon, todos mis pronósticos y esperanzas se deslizaron hacia el lado negativo de la balanza. 

La novela me pareció excelente en la descripción de la vida de la alta sociedad inglesa de la primera mitad del siglo XX, también en la caracterización de personajes, en especial James; pero no me convenció la forma en la que Kennedy continua la trama. Apenas se crean lazos creíbles entre los personajes y sus peripecias terminan resultando monótonas. Una pena porque partía de muy buenas bases.  2/5

Y hasta aquí el repaso de libros, momentos y demás cosillas de este invierno. Antes de despedirme quiero agradeceros a todos los cariñosos mensajes que dejasteis en la entrada del aniversario. Mañana por la mañana desayunaré con vosotros e iré respondiéndo como merecéis.
Un abrazo enorme y muy felices lecturas a todos.

viernes, 29 de enero de 2016

Tres años y cinco días

Lo celebramos como de costumbre: con libros y algo rico para merendar. Hoy tarta de manzana, mi preferida.

El 24 de enero de 2013 vencí al fin la timidez y me atreví a publicar la primera entrada de A Book a Day. Apenas puedo creer que ya hayan pasado tres años; y aún menos que este rinconcito haya llegado a convertirse en algo tan especial para mi. Supongo que compartiré con muchos de vosotros esa sensación, pero no puedo dejar de confesar lo evidente: escribir aquí me llena y me enriquece; me hace feliz. Me encanta reservar un tiempo para él, robarle horas al día para regalarme ese momento tan mío en el que solo existe la página en blanco, mis libretas de notas, los libros que llevo entre manos y las ideas que revolotean por mi cabeza.

Tengo la impresión de que estos tres años han dado para muchos de esos momentos y, como soy nostálgica por naturaleza, a veces no puedo evitar echar la vista atrás con un puntito de tristeza. Lo que más me gusta es mirar entradas antiguas y leer los comentarios, incluso ese pionero que un día dejó Isi para euforia mía. ¿La razón principal? Ellas: María José, Lammermoor, Rebeca, Ángela, Cristina, Teresa, Sofiatura, Laura...todas esas "lectoras comunes" con las que compartí libros, comentarios e incluso alguno de los inolvidables Readathones de Isi. El día en el que decidieron guardar silencio en sus rincones me quedé algo huérfana, pero desde aquí quiero darles las gracias por todo lo que me llevé en la mochila gracias a ellas, por todo lo bello que me aportaron. 
Al fin y al cabo, creo que eso es lo que hace especial todo esto, la inspiración que recibimos e intentamos dar a cambio. 

A lo largo de todos estos meses, esa ha sido mi única meta. Juntos hemos viajado y desvalijado librerías; compartido instantes cotidianos, tazas de té o café, bellas fotografías y sobre todo, lecturas. Si en todo este tiempo habéis podido encontrar en mis entradas una pizca de la misma felicidad que yo sentí al leer las vuestras, entonces habré recibido mi recompensa. 

Me llevo muchas cosas de estos tres años: vuestras visitas, vuestros cariñosos comentarios, recomendaciones y enseñanzas de todos los que estuvisteis y de los que seguís estando. Por todo ello, y de corazón, miles, millones de gracias.

Puede que llegue el día en el que la vida y sus circunstancias nos obliguen a cerrar nuestros rincones; pero se que, pase lo que pase, no romperemos todos los lazos. Seguiremos unidos a través del amor por los libros que un día nos hizo encontrarnos.

¡Qué este 2016 nos depare buenos momentos y, crucemos bien los dedos, inolvidables lecturas!

Un abrazo enorme para todos.



PD. Cómo ya os dije por Instagram voy a estar algunas semanas en Alicante, pero en cuanto vuelva a París os avisaré del pequeño regalito que quiero haceros con motivo del aniversario. Un Persephone anda buscando dueño y me hará muy feliz hacer de mensajera.

Ahora mismo estamos en "la terreta", hablaremos de negocios
librescos a la vuelta :)

sábado, 23 de enero de 2016

Testament of Youth de Vera Brittain

Una de mis mejores lecturas del 2015
Llevo mucho tiempo prometiendo hablar de este libro y por fin hoy cumplo mi promesa. No va a serme fácil, porque he sacado tanto de él y ha supuesto una emoción tan grande leerlo que temo a cada paso no hacerle justicia. Pero, con mucho respeto, voy a intentarlo.

Se que muchos habéis conocido a Vera Brittain a través de la reciente adaptación al cine de sus memorias (sin duda una excelente forma de llegar a ella); pero si tenéis la oportunidad, comprad un ejemplar de Testament of Youth y empezad a leerlo con calma.  Puede que os impresione su grosor, pero puedo prometeros que no os costará nada devorar sus páginas. Vera Brittain escribe con la sinceridad y la franqueza del amigo que susurra una vieja historia al oído. Querréis leerla deprisa para seguir descubriendo su testimonio y, al mismo tiempo, frenar el ritmo para permanecer con ella el mayor tiempo posible. Yo nunca olvidaré las tres semanas que empleé en leerlo. La rabia, la emoción y las lágrimas que derramé entre sus páginas. 

Como bien dice Mark Bostridge, biógrafo de Vera, en la introducción de la edición de Penguin Classics, "para Vera la publicación de "Testament of Youth" supuso el paso de un rubicón personal. Cerca de los cuarenta por fin había pasado, de la oscuridad, a la fama literaria con la que había soñado desde niña." Precisamente son esos sueños y ambiciones  de juventud los que protagonizan los primeros compases de Testament of Youth

La juventud de Vera, junto a sus padres y su hermano Edward, transcurrió en la pequeña ciudad de Buxton. Corrían los años de reinado de Eduardo VII y la descripción de esos días de inocencia ilustra a la perfección aquella Inglaterra de preguerra. La casa de los Brittain representaba  la esencia misma del hogar de clase media eduardiano. Una casa regida al ritmo de la música del pianoforte y de las comidas y reuniones familiares; de las lecturas adecuadas y los códigos de comportamiento respetables. Las convenciones sociales estaban a la orden del día y 
como cualquier jovencita de su época, Vera asistió como alumna a un respetable colegio de señoritas. 


Una joven Vera.
Pero mientras sus elegantes compañeras se preparaban para pulir sus cualidades como futura esposa, Vera empezó a descubrir con fascinación los entresijos del movimiento sufragista, leyó con fruición reivindicativos ensayos (poco recomendables) y, con ellos, amplió un horizonte que hasta entonces se había visto limitado a la costura, a unas cuantas nociones básicas y a las buenas maneras. Si bien es cierto que no pudo escaparse de sus obligaciones como debutante, una petición no dejó de rondar su cabeza. Entre 1912 y 1913 su vida transcurrió en una interminable sucesión de bailes, vestidos blancos, partidas de tenis, golf, lecciones de música y alguna que otra participación como actriz amateur. Pero pronto reunió el valor para confesarle a su padre su deseo de dejar Buxton y convertirse en universitaria. 

Vera vio en la Universidad la oportunidad de escapar de las convenciones y de la vida social de una pequeña ciudad de provincias. Y no sin mucho insistir, y con la complicidad de su hermano Edward (al que estaba especialmente unida), consiguió el visto bueno de su padre.  Empezaron entonces los meses de preparación del examen de acceso al Somerville College de Oxford. Y sin duda todo este combate de Vera por elegir su propio camino es uno de los aspectos que hacen tan interesante la lectura de Testament of Youth. En el empeño de Vera se refleja la lucha de toda una nueva generación de mujeres; la reivindicación de querer ser algo más que madres y esposas.

Somerville College a principios del siglo XX
Oxford significaba pues conocimientos y libertad. Ante ella se abrían las mejores conferencias del mundo, maravillosas bibliotecas, fascinantes librerías, intelectuales que conocer. Y también la sarta de habladurías en Buxton al verla enfrascada en sus libros, día y noche. Era común oír a las amistades de su madre diciendo escandalizadas "Have you heard? Vera brittain's going to be a lecturer!".


Ser una bluestocking era impopular y la decisión de Vera de estudiar literatura le hicieron ganarse no solo los apelativos de ridícula o excéntrica, si no la terrible amenaza de que le sería mucho más complicado encontrar marido después de sus aventuras intelectuales.


Es entonces precisamente, cuando a instancias de su hermano, conoce a Roland Leighton. De caracteres parecidos, Vera y Roland congenian enseguida y es una delicia asistir a sus primeras conversaciones sobre literatura y religión; a su intercambio de cartas, poemas y libros; y, como no, a sus primeros encuentros como pareja. Con lentitud y seriedad, el noviazgo fue avanzando a lo largo de 1914 conforme a los cánones de la época.
Edward Brittain, Roland Leighton y Victor Richardson,
"los tres mosqueteros" (fuente).
Pero el amor no alteró los firmes principios de Vera; ser una esposa mantenida no era una opción: "casada o no estaba determinada a mantenerme a mi misma, preferiblemente gracias a mis escritos, y nunca convertirme en una carga financiera para mi marido. Estaba convencida ya entonces que la libertad personal y la dignidad en el matrimonio eran incompatibles con la dependencia económica".

Con el aprobado en su bolsillo Vera inició su aventura en Oxford, participando activamente en muchos comités como The Oxford Society for Woman Suffrage, The Bach Choir, The War and Peace Society...pero el  asesinato del archiduque el 29 de junio y la declaración de guerra puso puntos suspensivos a cualquier proyecto. Su hermano Edward, su prometido Roland y Victor el otro amigo que componía el grupo de "los tres mosqueteros" no dudaron en alistarse. En sus mentes brillaba la visión heroica de la guerra y su deber para con la patria y el honor. Y aunque en un primer momento la guerra parecía todavía algo lejano, pronto la atmósfera empezó a enrarecerse. Los uniformes invadieron las calles y los primeros reservistas fueron llamados a filas. 


Mientras sus más allegados empezaban las practicas militares en sus respectivos regimientos, Vera intentaba concentrarse en los estudios por los que tanto había luchado; pero muy pronto se vio incapaz de permanecer al margen del conflicto. Abandonando Oxford decidió enrolarse como enfermera voluntaria, primero en Buxton y más tarde en Londres.
Las jornadas extenuantes se fueron sucediendo, pero también la camaradería con sus compañeras y la libertad de estar sola fuera de casa por primera vez. Para ese entonces corría el año 1915 y Roland ya estaba luchando en Francia. 

Como bien detalla Vera en esta parte de sus memorias la angustia de saberle en el frente era casi insostenible. El sonido del teléfono, la llegada de un telegrama o las listas de heridos en los periódicos eran señales de alarma. En uno de los cortos permisos de Roland ambos pudieron encontrarse en la estación de Saint Pancras y vivir con su despedida, uno de los momentos más emotivos del libro. 


Vera como enfermera en Malta y reunida con su hermano.
Pero sin duda el momento trágico llegaría con el siguiente permiso de Roland. Este había conseguido liberarse para pasar las navidades en casa y Vera a su vez pidió unos días libres en el hospital. La cita estaba fijada en Brighton, hasta donde también viajarían sus respectivos padres. La celebración de una boda parecía algo inminente para todos. Pero tras esperar noticias de Roland durante todo el día 24, sin ningún éxito, Vera recibió el 25 una llamada en la que se anunciaba su muerte en el frente. Caído el 23 de diciembre. A un solo día de regresar a casa.

Esta sería la primera tragedia a la que Vera tuvo que hacer frente; le seguirían otras perdidas de amigos y sobre todo la de su adorado hermano Edward a escasos cinco meses de que terminara la guerra. Como es comprensible la firma del armisticio en noviembre de 1918 no supuso ningún motivo de alegría para ella. Un mundo nuevo empezaba, pero en medio de la celebración y la euforia, su único pensamiento estaba con los que se habían ido. Ni siquiera las palabras que su hermano le había escrito unos meses antes "we share a memory which is worth all the rest of the world, and the sun of that memory never sets" podían reconfortarla.

Nada describe mejor la sensación de pérdida y vacío de Vera que este párrafo "For the first time I realized, with all that full realisation meant, how completely everything that had hitherto made up my life had vanished with Edward and Roland, with Victor and Geoffrey. The war was over; a new age was beginning; but the dead were dead and would never return." No quedaba nadie cercano para compartir su dolor; todos los que habían dado sentido a su vida habían desaparecido para siempre.



A pesar de los duros golpes Vera, haciendo gala de la valentía y la determinación que muestra a lo largo de toda su autobiografía, continuó ejerciendo su labor de enfermera hasta el final de la guerra. Pasó por Malta y por los hospitales de campaña del frente francés; y una vez firmada la paz regresó a Oxford para continuar sus estudios. Solo una cosa cambió; de pronto comprendió que no podía seguir estudiando literatura inglesa y decidió matricularse en Historia. Quería encontrar en el pasado las causas de las desgracias presentes, comprender los comportamientos de sus contemporáneos buscando en las raíces más profundas.  Y, aunque para ella el cambio supuso un hándicap (pues estaba menos formada en esta nueva disciplina), nunca se arrepintió de su decisión.
En Oxford coincidiría con Margaret Kennedy, también estudiante de Historia y con Winifred Holtby, a la que estaría unida por una profunda amistad; y de pronto el sueño de convertirse en escritora, en paréntesis por la guerra, volvió a convertirse en el motor de su vida.


El piso de Doughty Street en el que
vivieron Vera y Winifred.
Fue en los periódicos locales de Oxford donde Vera escribió sus primeros artículos y una vez terminada la universidad, ella y Winifred, ya inseparables, decidieron compartir un pequeño piso en Londres. Su propósito era escribir sin descanso hasta conseguir hacerse un hueco en el mundillo literario londinense. Y leyendo su testimonio no se puede negar que no lo intentaran. 
Como bien confiesa Vera, sus padres hubiesen preferido verla felizmente casada, pero para ella, el tiempo pasado en el 58 de Doughty Street (situado en Bloomsbury) fue uno de los mejores de su vida. Pese al frío y a lo espartano de su situación, Winifred y ella estaban cumpliendo su sueño.

Dados los magros ingresos que obtenía de su pluma Vera no tuvo más remedio que compaginar la publicación de artículos, con el trabajo como profesora y oradora para la Liga de naciones, recorriendo muchísimas poblaciones del sur de Inglaterra y más tarde varios países europeos. Los éxitos literarios tardarían en llegar (sobre todo para ella, ya que Winifred correría más suerte gracias a sus novelas "Anderby Wold" y "The crowded Street", cuya reseña podéis leer aquí). Pero Vera nunca bajó los brazos y continuó escribiendo. El matrimonio y la maternidad parecían algo lejano y ajeno a ella. Se había convertido en una de esas "mujeres de más" características de su generación, retratadas con maestría por Virginia Nicholson en su libro "Ellas solas".

Vera con su marido George y sus hijos.
(Fuente)
Pero el destino quiso cruzar otro hombre en su camino, George Catlin, con el que terminaría casándose. Sin embargo, el día de su boda Vera no quiso olvidar a otro de los hombres de su vida. Como ramo no llevó lirios, ni brezo blanco, si no un pequeño  manojo de rosas anaranjadas; el mismo ramo que Roland le regaló muchos años atrás durante una noche de Año Nuevo. 

"In spite of the War, which destroyed so much hope, so much beauty, so much promise, life is still here to be lived". 

"A pesar de la guerra, que destruyó tantas esperanzas, tanta belleza y tantas promesas, la vida seguía ahí para ser vivida."

Testament of Youth es la prueba fehaciente de la voluntad de Vera Brittain de vivir la vida y de vivirla en paz. Con su libro, con su testimonio escrito desde el corazón y las entrañas, firmó un alegato pacifista ante el que es difícil  permanecer indiferente. 

Precioso testimonio de la I guerra mundial, del periodo que la precedió y el nuevo mundo que nació tras ella, Testament of Youth es ante todo el homenaje de una mujer valerosa a su generación. A su prometido, a su hermano y a todos los que vivieron, amaron y cayeron en la guerra. 

La lectura de libros como este siempre es valiosa; pero en los tiempos que corren resulta todavía más necesaria. 

No quiero perder la esperanza y espero que alguna editorial se anime a publicarla en castellano. Ninguna guerra debe sernos ajena y por más que España no participase en la I Guerra mundial, eso no significa que debamos permanecer ignorantes.

Con este deseo, pues, me despido; espero de corazón que si os animais a leerla disfrutéis con esta preciosa autobiografía. Para mi fue una de mis mejores lecturas del 2015 y sin duda un coup de coeur en toda regla.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas. 


PD. Testament of Youth ocupa el año 1933 en mi Century of Books.

PD1. Uno de los libros que Roland recomendó y prestó a Vera durante su noviazgo fue Pêcheur d'Islande de Pierre Lotti. Ella lo cita con cariño en varias ocasiones y yo no pude evitar leerlo. Roland  estaba en lo cierto; es un libro precioso y totalmente recomendable. A partir de ahora siempre asociaré las dos historias y las recordaré con emoción.
PD2. No podía dejar de compartir el hermoso poema que Roland dedicó a Vera durante su noviazgo. Encontró la inspiración en uno de los paseos que dieron juntos.


Roland Leighton


lunes, 18 de enero de 2016

Los libros que encontré bajo el árbol...

Foto de familia en casa.
¡Y por fin estoy de vuelta para inaugurar 2016! Este año he alargado un pelín más las vacaciones de Navidad y casi casi me como enero sin pisar el mini piso. Volví a París el día 12, y no creáis que me resultó fácil acostumbrarme de nuevo a la rutina después de tantos días de jarana. 
Pero bueno, al final todo ha entrado en orden y por fin puedo sentarme tranquilamente con vosotros y hablaros de los libros que me regalaron durante las fiestas. Algunos fueron regalos de Reyes, otros de cumpleaños. Y...¡qué os puedo decir! Estoy tan feliz de tenerlos entre manos. 

Empezando el montoncito por arriba tenéis Usos y costumbres de los americanos de Fanny Trollope; un libro, publicado en 1832, en el que la sagaz Fanny recogió sus impresiones sobre los tres años que pasó en Estados Unidos. "No me gustan. No me gustan sus principios, no me gustan sus modales, no me gustan sus opiniones". Sentencias como esta y capítulos como "Viaje a las montañas en diligencia" o "Travesía por el Misisipí" me auguran un inolvidable viaje en su compañía. 

Le siguen otras dos obras de ficción ambientadas en territorio americano, Desde que el mundo existe de Rachel Field y Reencuentro de Margaret Deland. La primera llevaba en mi punto de mira desde que Reino de Cordelia anunciase su publicación. ¿Cómo iba a quedar indiferente ante una historia ambientada en las costas de Nueva Inglaterra? Amor, navíos, intrigas familiares...tiene todos los ingredientes para gustarme. A ver si acerté con dar tanto la tabarra con este libro. 
Y en cuanto a la nouvelle Reencuentro, solo puedo decir que resulta irresistible en todos los aspectos. Me ha conquistado su edición y la excelente introducción a cargo de mi querida Laura y estoy convencida de que también lo hará la historia de amor y segundas oportunidades que esconden sus páginas.

Cierran el montón tres títulos Alba que son tres joyas. Desde que recibí la preciosa edición de Cuentos de Navidad en Nochebuena no pude evitar abalanzarme sobre ellos y leer algunos durante las fiestas. Uno de los que más me gustaron fue "Las hermanas" de Nathaniel Hawthorne. Estoy segura de que voy a convertir en costumbre leerlo cada comienzo de año. Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski me permitirá continuar la apasionante y exigente aventura de adentrarme en la literatura rusa. Y en cuanto a Los cuentos de Katherine Mansfield, que os puedo decir. Era mi mayor deseo tenerlos. No puedo imaginar un regalo mejor. Leer a Mansfield se ha convertido en un placer y en casi una necesidad para mi. Ya la tengo completa en mi estantería.

No dudéis en invertir en ella. Vale su peso en oro.

Y firme, sujetándolos a todos, está mi nuevo ejemplar de Guerra y paz. Este fue el capricho que me autoregalé. Después del enorme disgusto que me llevé al leer Guerra y paz en la edición de Penguin Clásicos (primer borrador de la novela y por lo tanto incompleta), necesitaba urgentemente tenerlo en una buena edición íntegra. La de Alianza cumple con creces la misión. Desde principios de año he estado leyendo el primer volumen y acabo de comenzar el segundo. ¡Qué delicia y qué diferencia leerlo así! Nunca entenderé la decisión de Penguin de publicar el primer borrador de la novela.

Y cuando pensaba que los regalos literarios se habían acabado llegaron tres últimas sorpresas. Mi padrino me regaló con muchísimo acierto Todo ese fuego de Ángeles Caso, un nuevo acercamiento novelado, a la vida de las tres hermanas Brontë que estaba deseando leer; y un paquete con remitente americano puso la guinda del pastel cuando llegué a París. Mi querida Stephanie me regaló dos preciosas ediciones de Orgullo y prejuicio y Jane Eyre. Las habíamos visto en la tienda de Anthropologie cuando estuvimos juntas en el Marais y ¡qué bien sabía lo mucho que me iba a gustar tenerlas! Es cierto que no suelo tener muchas ediciones del mismo libro, porque apenas tengo espacio y tampoco soy yo muy fetichista con esto de las ediciones, pero estas las guardaré con muchísimo cariño.

Última foto del mini abeto antes de volver al armario y los tres nuevos inquilinos
de las estanterías. Cada vez que veo ese Jane Eyre me enamoro un poquito más :)
Y con este botín a cuestas, ya veis que lo mejor está por venir: dar buena cuenta de ellos y por supuesto compartir impresiones con vosotros. Espero de corazón que todos estéis disfrutando de vuestros regalos navideños, sean o no literarios, y que hayáis empezado el 2016 con energía y optimismo. 
Un abrazo enorme y ¡muy felices lecturas a todos!