domingo, 13 de septiembre de 2015

Algunos libros que compré en verano


¡Por Tutatis, el cielo cae sobre nuestras cabezas! Vaya manera de llover. Llevamos todo el fin de semana con el paraguas a cuestas y en una especie de hibernación temprana, mais  pas de problème; mientras vemos la lluvia por la ventana, hablemos un poquito de libros. 

No quiero que pase más tiempo antes de enseñaros los libros que compré durante las vacaciones de verano. Algunos de ellos, como Ve y pon un centinela y El movimiento de las estrellas, ya os sonaran porque (desgraciadamente) tuve que incluirlos en mi lista de decepciones. Si queréis, aquí podéis leer mis desavenencias con ellos.
Otros como Moby Dick necesitan pocas presentaciones. Ya os hablé de él en una entrada a la que tengo especial cariño. En ella os contaba con detalle la experiencia lectora que viví a bordo del Pequod; una travesía, obsesiva y fascinante, que a día de hoy atesoro como uno de mis mejores  viajes literarios. 
Por eso cuando vi la nueva edición de Penguin Clásicos no pude resistirme a comprarla. Ahora le hace compañía a mi manoseada edición de Alianza y al otro Melville que traje en mi maleta, Billy Budd, marinero. Os confieso que lo compré casi sin leer la sinopsis: atisbé por ahí marineros, levas forzosas y guerras napoleónicas y estuve perdida. Si a esto le sumamos la exquisita edición de Alba…sobran las palabras; tenía que traerla conmigo.
El género biográfico está representado esta vez por Jane Austen, a life de Claire Tomalin. Disfruté muchísimo leyendo la biografía que Tomalin dedicó a Thomas Hardy así que estoy convencida de que disfrutaré tanto a más con la de mi querida Jane. 


Preciosas ediciones de Someone at a Distance y de Billy Budd
Y aprovechando la visita a Shakespeare & Co compré también un nuevo Persephone, Someone at a Distance de Dorothy Whipple. Tercer título publicado por la editorial, Someone at a Distance es todo un clásico Persephone. Una de las novelas de su catálogo que más admiración y  cariño despierta entre los lectores. Y puede parecer sorprendente ya que la trama es bastante sencilla y el tema central algo habitual: la historia de un matrimonio feliz que termina por desmoronarse. Sin embargo,  a pesar de los lugares comunes, leí esta novela  completamente embebida. Como si por primera vez asistiese a una ruptura y viviese en mi propia piel las heridas que esta supone. Someone at a Distance es tan real, tan sincera en la descripción del dolor y la decepción, que duele inmensamente. Os hablaré de todo ello con calma en su merecida reseña. 

Para el final he dejado mis dos adquisiciones de ocasión. La primera El bosque lejano de Francis Brett Young se vino conmigo por impulso. La edición que encontré no tenía ni sobrecubierta ni sinopsis, tan solo el título del libro escrito en letras doradas. Por eso, buscando algún indicio de que pudiese gustarme empecé con la primera página. Vi entonces la mención de cierta aldea, situada en la frontera que separa Staffordshire de Worcestershirellamada Mawne Heath. Un lugar en el que los hombres son fuertes como el brezo, primitivos y salvajes; y donde las leyes del país no tienen ninguna vigencia. Después de leer esto y viendo su precio no pude más que comprarlo. Veremos que tal resulta. 
En realidad no puedo quejarme. Me encanta
estar en casa mientras veo llover desde  la
ventana.
Y la segunda adquisición de ocasión, Niebla de Millen Brand fue la única comprá que hice por la red. Cuando estuve en Nueva York me hice una lista con los títulos de la NYRB Classics que quería comprar. Entre ellos estaba The outward Room de Millen Brand; una prometedora historia de segundas oportunidades.  
Pero claro, al no poder cargar con tanto libro en la maleta, tuve que posponer la compra.  En cuanto llegué a casa busqué si por alguna casualidad existía una traducción de la novela y así es como di con Niebla, la edición española publicada en 1954. Ya la he leído y también merece ampliamente tener su entrada en el blog.

Y hasta aquí las compras veraniegas. Se cierra la maleta y podemos dar por inaugurada la nueva temporada otoñal. El tiempo, al menos aquí, acompaña a la nueva estación. 
Así que, bajo la lluvia que no cesa, os deseo muy feliz inicio de semana y muy felices lecturas a todos.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Preludio y En la bahía de Katherine Mansfield

Esta preciosa edición de Motifs cuesta apenas seis
euros y tiene una traducción brillante. Si leéis en
francés no lo dudéis ni un segundo. El otro libro
es un ejemplar de las Cartas de Katherine que acabo
de traerme a casa.
El seis de julio de 1908, con veinte años de edad, Katherine Mansfield embarcaba en el vapor Papanui rumbo a Inglaterra. Atrás dejaba  Nueva Zelanda, la tierra natal a la que nunca regresaría.
Las negociaciones con su padre no habían sido fáciles; pero Katherine, la más rebelde de los hijos de Harold Beauchamp, consiguió finalmente su objetivo: marcharse a Londres para formarse como artista.
Los años que siguieron a su instalación fueron ricos en horas de escritura, experiencias y escándalos. Pero sin duda, ningún acontecimiento marcaría tanto la vida y la obra de Katherine como la pérdida de su hermano Leslie mientras este combatía en la I Guerra mundial. 
De pronto los recuerdos de su infancia en Nueva Zelanda, esa tierra aislada de la que había huido, se revelaron como los más felices de su vida. Una época de dorada inocencia que nunca volvería y a la que Katherine quiso entonces rendir homenaje. Así habla de todo ello en una de las entradas de su Diario:
 " Aunque él yace en el centro de un pequeño bosque en Francia y yo sigo andando erguida y sintiendo el sol y el viento del mar, estoy tan muerta como él. Ni el presente ni el futuro significan nada para mi. […] Y si es así, ¿por qué no me suicido? Porque siento que tengo una tarea que realizar por el pasado maravilloso que ambos vivimos. Quier escribir sobre ello porque él quería que lo hiciera. Hablamos de ello en Londres, en mi pequeña habitación de arriba. Le dije: pondré simplemente en la primera página: Para mi hermano, Leslie Heron Beauchamp. Muy bien: así será…"

Katherine cumplió su promesa y así nacieron Preludio y En la Bahía, las dos historias cortas, de marcado corte autobiográfico, de las que quiero hablaros hoy. 

La acción, transcurre en apenas dos jornadas, la primera descrita en Preludio y la segunda  en En la Bahía. Los protagonistas de ambas son la familia Burnell: Stanley el cabeza de familia, Linda su esposa, sus hijas Isabel, Lottie y Kezia, Beryl hermana de Linda y Mrs Fairfield la madre de ambas y abuela de las niñas. Al inicio de Preludio les conocemos a todos mientras empacan sus pertenencias para mudarse a su nueva casa, una villa alejada de la ciudad y situada frente al mar.

Es en esta villa donde transcurre el resto de la acción. Con pequeños movimientos, Mansfield va deteniendo la atención en cada uno de los personajes, siguiéndoles mientras deambulan por las estancias de su nuevo hogar y por el gran jardín de la propiedad. Es precisamente el jardín, el espacio central del relato; el lugar en el que gracias a pequeños instantes fugitivos, a miradas, gestos y pequeñas conversaciones las mujeres de la familia Burnell van desvelando su personalidad y sus anhelos. 
Linda encarna así la figura de la madre apática, encerrada en un matrimonio sin amor; Mrs Fairfield, abuela dulce y cariñosa, representa  el refugio para sus hijas y  sus nietas;  Beryl a la jovencita soñadora que anhela con volver a la ciudad para poder relacionarse. Y finalmente las niñas encarnan la inocencia y las ansias de descubrimientos propias de la infancia. 
Madre e hija en la bahía de Wellington, 1891. Fuente
Como un pintor impresionista Mansfield va capturando pequeños instantes y, en un precioso doble juego, va mostrándonos la tristeza que anida en el interior de los protagonistas y los momentos felices y la belleza exterior que les rodea. 

Tanto en Preludio como En la bahía, las descripciones y la naturaleza ocupan un lugar esencial.  Mientras disfrutaba de la lectura no podía dejar de pensar en otro jardín donde pasé momentos inolvidables, el bello jardín alemán de Elizabeth Von Arnim  (precisamente Elizabeth era prima de Katherine). Pero si las descripciones del jardín son hermosas, nada podía prepararme para la belleza descrita en En la bahía.

Es la segunda jornada y los Burnell se levantan. El libro se inicia con un amanecer en la costa. De pronto se alejan las brumas, los habitantes de la casa despiertan, desayunan y bajan a la playa para disfrutar del mar. Se suceden entonces escenas de verano tan vívidas que aún puedo verlas mientras escribo: persianas cerradas contra el sol implacable, bañadores y toallas secándose al sol en cada jardín y terraza, una colección de conchas recogidas con ilusión y pronto olvidadas en un recodo del camino que lleva a casa...

Katherine Mansfield, situada detrás de su
hermano Leslie, y el resto de sus hermanas
en el jardín de la casa familiar de Wellington.
Leyendo como Katherine captura con maestría esa atmósfera, uno comprende la envidia que Virginia Woolf tuvo por sus logros y su escritura. Ella que con tanta pasión buscaba capturar un amanecer, un rayo de luz, un soplo de aire...

Y mientras se suceden las descripciones, seguimos descubriendo los sentimientos de cada miembro de la familia: reflexiones sobre la muerte, el amor, la maternidad y, ante todo, sobre la  libertad perdida o ansiada. 

El día poco a poco se acaba, anochece, y cada miembro de la familia Burnell se recoge por fin en la intimidad de su cuarto. Todo está por fin en calma.

En apenas dos días Katherine Mansfield crea un mundo completo: triste, bello y profundamente humano. Una corriente de emociones y visiones que fluye serena y continua. ¡Qué podría deciros! Yo soy incapaz de hacerle justicia a tanta belleza. 
Solo se que Katherine, junto a Virginia Woolf, a Sarah Orne Jewett, y a Willa Cather, forma parte de ese grupo de escritoras que consiguen tocarme en lo más profundo, removiendo mi conciencia y mi alma.

Ojalá disfrutéis tanto como yo de la obra de Katherine Mansfield. Para mi un enorme Coup de Coeur.


PD. Preludio y En la bahía ocupan respectivamente los años 1918 y 1922 en mi Century of Books (no tengo más remedio que hacerles huequito junto a Patricia Brent y La garçonne). 
PD1. Aquí podéis leer alguna notas de mi lectura del Diario de Katherine Mansfield.

jueves, 3 de septiembre de 2015

C'est la rentrée!

Empiezan a acortar los días y llega la
temporada de crisantemos.
Y para celebrarlo…¡un De la A a la Z! Como en los viejos tiempos.
¿No os parece que Septiembre se presta a las listas? Tareas, propósitos, nuevos proyectos…al final todo parece repetirse, como en una eterna vuelta al cole. Creo que ya os lo comenté en otra ocasión, pero para mi, estos días siguen oliendo a libros y a lápices nuevos. Es ahora y no en enero, cuando de verdad siento que  comienza el año; y aunque a veces me asalten los antiguos miedos acerca de lo que puedan depararme los próximos meses, no puedo evitarlo: me gusta esta época del año.  
Hagamos pues acopio de libretas y libros; de material de papelería que nos recuerde viejos septiembres.  Y por supuesto, crucemos los dedos para que este nuevo curso venga lleno de buenos y enriquecedores momentos.

A por Jane Austen y la nueva película que va a tener el "honor" de protagonizar. Jane by the Sea, está basada en la novela del mismo título. Al parecer se trata de una comedia romántica que combinará elementos de la biografía de Jane con pasajes de sus novelas ¿tembláis de miedo o de emoción?
B Christian Bobin y una de las frases de su precioso libro L'Homme-Joie: "J'ai rêvé d'un livre qu'on ouvrirait comme on pousse la grille d'un jardin abandonné". Yo también sueño con libros como esos.
L'Île de Saint-Louis, helados, gofres y otros alimentos para
el espíritu.
C por Clarissa Dalloway la última protagonista de Virginia Woolf que he tenido el placer de conocer: "Solo le quedaba este pasmoso y un tanto solemne avance con todos los demás por Bond Street, este ser la señora Dalloway, ahora ni siquiera Clarissa, este ser la señora de Richard Dalloway". Qué experiencia lectora. Un flujo continuo de impresiones visuales y sonoras. De sentimientos y recuerdos. Todo un mundo en una sola jornada.
D por Dheepan la última película de Jacques Audiard, ganadora de la Palma de Oro 2015.  Fuimos a verla el pasado fin de semana y todavía hablamos de ella una y otra vez.  Historias como la de Dheepan se repiten día tras día en nuestras pantallas. Intercaladas entre otros sucesos y anuncios de perfume, aparecen las cifras de los que llegan, los que mueren, los que esperan. Pero no lo olvidemos: son familias, no cifras abstractas; son personas buscando la oportunidad de vivir. 
E por Ennui la novela de Maria Edgeworth que acaba de publicar Ático de los Libros. ¿Hace falta decir que la quiero en mi estantería?
F  de ¡por fin! El 23 de septiembre se estrena en Francia Testament of Youth (Mémoires de Jeunesse). Qué ganas de verla y de hablaros por fin de ambas, memorias y adaptación.
G por los gofres de Le comptoir Belge. Una perdición os lo prometo. Están elaborados siguiendo la pura tradición belga y con productos de calidad. Si venís a París no os lo perdáis, dirección 58 Rue des Martyrs.
H por una historia de amor veraniega que dura trece años.
I por las últimas tardes de sol en la Île Saint-Louis devorando helados Berthillon.
J por Herbert Jenkins y su adorable solterona Patricia Brent. Todavía no quepo en mi de alegría, pero he visto que d'Época tiene previsto publicarlo. 
Kit básico de otoño: calcetines, victorianos y buena lectura
K de Katherine Mansfield. Ella será la protagonista de la próxima reseña. Un coup de coeur en toda regla.
L por Lark rise to Candleford la novela de Flora Thompson que terminé hace unos días. Es una delicia y no me hubiese importado trabajar con Dorcas Lane en su ajetreada oficina de correos.
M de Herman Melville. Vuelvo a él y a mi cita con el mar, gracias a esta preciosa edición de Billy Budd, marinero publicada por Alba. "Cada vez que la boca se me tuerce en una mueca amarga; cada vez que en mi alma se posa un noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me sorprendo deteniéndome, a pesar de mi mismo, frente a las empresas de pompas fúnebres o sumándome al cortejo de un entierro cualquiera y, sobre todo, cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible."
N por la nueva colección de otoño de Massimo Dutti. "Me lo pone todo, por favor".
O por los olores de la casa de tus sueños. El otro día leí un artículo en una revista de decoración francesa donde invitaban a imaginar cuales serían los olores de tu hogar perfecto. Me gustó la idea y no pude evitar anotar los míos: café y tostadas cada mañana, bizcocho casero, suavizante en las sábanas y velas de canela. A mi gel de violeta y a su perfume. A albahaca fresca y a tarta de manzana. 
P por una tanda de películas de los 90 que me enviaron por facebook y que me encantaría volver a ver ahora mismo: Mi chica, La princesa prometida, Jumanji, Matilda, 1 2 3 Splash, El retorno de las brujas…¡qué recuerdos!
Q del fantástico Club Pickwick y su primera lectura otoñal Esposas e hijas de Elizabeth Gaskell. Ya lo tengo en la mesita de noche y como siempre Elizabeth no decepciona.
R por Eric Ravilious, el último pintor  británico que sumo a mi lista de favoritos gracias a LittleEmily. Adoro sus acuarelas.
Village Street (1936), Eric Ravilious
S por Saint-Guilhem-le-Désert, un pequeño pueblecito medieval del Languedoc que visité este verano con mi familia. Fue la primera vez que vimos la lluvia, después de un verano especialmente caluroso, y pasear por sus calles empedradas, mojadas y silenciosas fue toda una experiencia.
T por The Temptations y su canción "My girl". Siempre que la escucho me sabe a verano y a los primeros amores que vienen con el.
U de nUeva cuenta. Aquí podéis seguir mis andaduras por instagram.
V por Vita and Virginia una película, todavía en proceso de producción, que abordará la relación que mantuvieron Vita Sackville-West y Virginia Woolf.
X por las esperadas exposiciones de la nueva temporada. Elisabeth Louise Vigée Le Brun en el  Grand Palais; Fragonard amoureux en el Musée du Luxembourg; Splendeurs et misères- Images de la prostitution en France en el Musée d'Orsay; Florence, retratos de la Corte de los Médicis en el Musée Jacquemart-André…¡felicidad!
Y la y ha quedado huérfana como la W :)
y por último Z por los dos zorritos-calcetines que me he agenciado en Oysho para empezar bien el otoño. Me encanta pasearles por casa (aunque Jean se ría de mi cara). 

¡Muy feliz septiembre a todos!
Toda mi infancia en películas.
PD. Todas las palabras en azul son enlaces de contenido.

lunes, 31 de agosto de 2015

Ve y pon un centinela y otras lecturas de verano

Bien; llega el momento de repasar las lecturas estivales. Como no me gusta demasiado detenerme en las decepciones, lo haré rapidito y así paso cuanto antes el mal trance. ¡Vamos allá!
Compré Camelia azul de Frances Parkinson Keyes por impulso. Siempre me gusta tener a mano alguna novela amable, modesta y provista de ese toque anticuado que me reconforta. Con ellas no suelo ser muy exigente. Basta con que tengan una trama coherente, personajes, o al menos un par de personajes, a los que tomar cariño y una buena ambientación. 
Lamentablemente, en este caso, solo la ambientación estuvo a la altura.

Camelia azul (publicada en 1957), narra la historia de Brent, Mary y Lavinia Winslow; una familia de granjeros de Illinois que deciden vender su granja para probar suerte en Louisiana. A lo largo de dos generaciones, Keyes cuenta los fracasos y lo logros de los Winslow en su plantación de arroz y las relaciones que van forjando con la población autóctona de su nuevo hogar. 
Son precisamente esas bellas descripciones de la población y la cultura cajún lo único que puedo destacar de la novela. El friso temporal es demasiado amplio y Keyes lo aborda de forma descompensada. Prácticamente más de la mitad de la novela trata las idas y venidas de los Winslow, desde Illinois a Louisiana, hasta que se instalan definitivamente. Los personajes apenas son esbozos, incluso los principales, y cuesta horrores creer en sus motivaciones.  Por eso, lamentándolo mucho, no me queda más remedio que suspender este primer acercamiento a Parkinson Keyes.

Edición de bolsillo.
Y si la primera novela histórica resultó fallida, hago doblete con la enorme decepción que ha supuesto El movimiento de las estrellas de Amy Brill

1845, Isla de Nantucket, Nueva Inglaterra. Cuna de balleneros y familias curtidas en la desgracia (no puedo remediarlo, tengo que leer cualquier cosa relacionada con Nantucket, llamémosle síndrome Moby Dick). Es aquí, en una pequeña comunidad cuáquera, donde una mujer decide romper las reglas para consagrarse a la que es su pasión, observar estrellas. Mientras otros miran al mar, ella contempla el cielo en busca de un cometa que le de el triunfo, el título oficial de astrónoma y la libertad necesaria para dedicar su vida a la ciencia.

El movimiento de las estrellas es el claro ejemplo de que, en la literatura como en la cocina, no basta con una lista de ingredientes perfectos. Una historia con un potencial como este, necesitaba de más pasión, más profundidad, al menos un soplo de vida latiendo entre sus páginas.  Los desafíos a los que se enfrenta la protagonista, no son pocos dada la época en la que vive. Renuncia al matrimonio, busca ser pionera en la astronomía, abandona su religión y por si fuera poco se entrega a una relación interracial (eso si metida con calzador porque claro ¿que sería de una protagonista femenina sin un interés romántico pululando?)
Todo esto se va sucediendo capítulo tras capítulo sin que uno sienta empatía ni emoción alguna. Reconozco el buen trabajo de documentación, también me ha gustado que buscase inspiración en un personaje histórico, Maria Mitchell; pero en ningún momento entré en la novela ni me interesé por lo que pudiese ocurrirle a Hannah.

Y como bien dice, no hay dos sin tres. Si los dos primeros libros los compré por impulso, este último lo adquirí à contrecoeur como diríamos aquí. 

Ve y pon un centinela de Harper Lee ha sido la sensación del verano y una de las grandes noticias literarias del año.
No entraré en debates y polémicas, creo que a estas alturas está todo dicho. Solo quiero abrir mi corazón y sincerarme una vez acabada la lectura. Antes, dejadme solo un momento para sentar unos pequeños antecedentes.

En 1957 el agente de Harper Lee envió el manuscrito de Ve y pon un centinela a varias editoriales, entre ellas, la ya desaparecida editorial J.B Lippincott. Allí, el manuscrito, llegó a manos de Tay Hohoff quien se negó rotundamente a publicarlo en su forma original, pero vio en el un enorme potencial. Hohoff sugirio a Harper que transcribiese la historia desde el punto de vista de una Scout niña. 
La escritora aceptó el desafío y tras dos años de trabajo y correcciones presentó Matar a un ruiseñor.

He leído Ve y pon un centinela con cuidado, intentando hacer tabula rasa y obviando en todo lo posible la existencia de Matar a un ruiseñor. Me repetía una y otra vez: "No caigas en comparaciones, ni juicios previos, no caigas". Lo cierto es que tenía miedo de que Ve y pon un centinela arruinase mi visión de Maycomb, de Scout y sobre todo de Atticus Finch. Pero al cerrar la última página suspiré aliviada. 
Así es como lo veo: Ve y pon un centinela es un borrador. Ni secuela, ni precuela. Simple y llanamente el primer borrador de una  escritora en ciernes. Si su editor hubiese decidido publicarlo en su día, probablemente no hubiese sobrevivido al paso del tiempo. Hay entre sus páginas un buen análisis de la mentalidad segregacionista y de sus implicaciones en la vida cotidiana estadounidense; quizá diría, de forma más amplia, un buen análisis de la voluntad sureña de conservar su propia identidad e independencia frente a los antiguos estados de la Unión. Pero ni el estilo, ni los personajes, ni la trama de Ve y pon un centinela guardan para mi algo sobresaliente.

Miento. Quizá hay algo que si brilla entre sus páginas. Algo tan grande como la admiración de una niña por su padre y los preciosos recuerdos que esta conserva de sus enseñanzas.  El germen de Matar a un ruiseñor está ahí: en esas escenas de una niñez sureña, vivida en el duro contexto de la segregación racial. 
Poco importa si Atticus se convierte o no en racista con el paso de los años. Al final, ese no fue el Atticus que Harper Lee decidió salvar. En su borrador final lo hizo tal y como hoy lo conocemos: un hombre justo y bueno, al que es fácil admirar.

Si os soy sincera, Ve y pon un centinela no merece el dinero que he invertido en él. Pero al fin y al cabo estoy agradecida de haberlo leído. Me ha permitido ser testigo de algo maravilloso; de ese arduo proceso, tan cotidiano para el escritor,  de corregir lo que uno ha escrito hasta convertirlo en algo mejor. Con el fantástico trabajo llevado a cabo por Harper Lee me quedo.

¡Muy felices lecturas a todos!

martes, 25 de agosto de 2015

IMM: la maleta americana


La sabiduría popular dice que a Nueva York hay que viajar con una maleta vacía y, ahora con conocimiento de causa, os digo que es cierto. Si no son libros, será ropa o cosméticos, o souvenirs cochambrosos para repartir a los seres "queridos". Sea lo que sea, hacedme caso, dejad bastante espacio en el equipaje para los bártulos americanos.

Pero pasemos a lo que importa, el botín libresco. De los trece libros siete son de ocasión.   Nueve vienen de Strand, dos de Three Lives & Co y los últimos dos de Housing Works. 

El primero, Willa Cather Living a personal récord, ya os lo presenté en la última entrada que le dediqué a Willa.  Fue realmente una lectura excelente.  Puede que no sea la opción más académica y relevante, como lo son las biografías de Hermione Lee y Janis P. Stout, pero sin duda debe ser uno de los más bellos e íntimos homenajes hechos a Willa Cather. Edith Lewis compartió 39 años de vida con Willa y estuvo con ella hasta su fallecimiento. Fue su primera biógrafa y su obra un testimonio precioso para todos los admiradores de la gran escritora.

La otra biografía del montón es Alice James, a biography de Jean Strouse. Este es uno de los títulos de no ficción de la colección clásicos de la NYRB que más me interesaba. En esta ocasión la protagonista es Alice James, hermana del célebre Henry James. Sirviéndose de las notas de su diario personal, Strouse traza la historia de una mujer atrapada por las convenciones sociales de su época. Un "fantasma" relegado a la zona de sombras de su brillante familia. 

Siguiendo con la no ficción, otro título que necesitaba en mi estantería Five Points, the 19th-Century New York city Neighborhood that invented tap dance, stole elections and became the world's most notorious slum de Tyler Anbinder. Five Points (retratado en la película Gangs of New York) era el suburbio neoyorquino por excelencia, conocido sobre todo por sus niveles de pobreza, violencia y depravación. Los periódicos de la época se encargaron de vehicular esta imagen para escandalizar y estremecer a las clases privilegiadas de Manhattan. Pero Five Points, como nucleo de confluencia migratoria, fue también un experimento fascinante de mestizaje cultural y cuna de varias de las señas de identidad de la actual Manhattan. Me queda poquito para terminarlo y es fascinante.

Y cerrando el bloque, el encantador reencuentro con una vieja conocida, E.M Delafield. Cuando vi este ensayo suyo Ladies & Gentleman in Victorian Fiction, no pude resistirme a comprarlo. 
La premisa de la obra es prometedora (dejo hablar a la autora): "The true lovers of Victorian domestic traditions are born rather than made- and not all born in the reign of Good Queen Victoria, either.
To such, the minor aspects of the social and domestic scene of those days are even more fascinating than are its major or public implications. Of these, many official records exist, and many descriptions can be found in the pages of classical fiction. The present volume attempts no more than to present certain less well-known extracts from minor novelists, writing of the contemporary outlook in the mid- and late- Victorian English middle-class home." Veremos como resulta este paseo por la intimidad del hogar victoriano. Si el humor que exhibe Delafield en sus aventuras de la dama de provincias acompaña…¡que deliciosa lectura será! 

Pasemos ahora a la ficción empezando con dos títulos de la NYRB. 



The Land Breakers de John Ehle es una novela histórica ambientada en el siglo XVIII. Sus protagonistas Mooney y Imy Wright, son dos jóvenes sirvientes que deciden invertir todos sus ahorros en un pedacito de tierra en las montañas de Carolina del Norte. Estamos en  1779 y todavía son pocos los europeos que se atreven a internarse en los Apalaches. Una historia de pioneros en toda regla. 

Y A Legacy de Sybille Bedford, ambientada en la Alemania de la primera guerra mundial, es la historia de dos familias muy distintas: una judía perteneciente a la alta burguesía berlinesa y una aristocrática y católica originaria del sur. Ambas quedan unidas por un matrimonio de trágicas consecuencias y serán testigos del inexorable y siniestro avance del fascismo. ¡Qué ganas tengo de leerla!

Winter Wheat de Mildred Walker reune dos buenos ingredientes para mi:  protagonista entrando en la edad adulta y ambientación en el oeste de Estados Unidos. Esta es la historia de Ellen Webb, una joven que crece en Montana durante los años 40. La introducción de la novela dice: "It is a story about growing up, becoming a woman, mentally, emotionally, spiritually, within the space of a year and a half. But what a year and a half it is!". Más que suficiente para tentarme.

Con Jetta Carleton he hecho doblete. Me encantan las historias protagonizadas por varias hermanas, y la que narra The Moonflower Vine (publicada por Libros del Asteroide con el título Cuatro hermanas) llamó poderosamente mi atención. 
Y, a pesar de no haberme estrenado aún con la autora, decidí darle mi voto de confianza comprando su otra novela Clair de Lune. La historia de una joven profesora de Missouri que sueña con vivir en Nueva York en pos de experiencias. Veremos como resultan ambas.

Someone de Alice McDermott estaba en mi radar desde que la vi en el catálogo de Libros del Asteroide. Cuando vi el precio de la edición inglesa…no tuve más remedio que inclinar la balanza. 
Se que va a ser una historia perfecta para mi. Lo presiento. "An ordinary life lived by an ordinary, but unforgettable woman: This is the subject os Someone". Nunca subestimeis una vida en apariencia sencilla. 

Y para el final he dejado los libros más viejitos del grupo. 
Joy Street de Frances Parkinson Keyes, ambientada en Boston durante los años 40, será mi segundo (y espero mas satisfactorio) encuentro con Keyes. Ya os contaré que pasó con Camelia Azul en mi entrada sobre las decepciones de verano. 

Y madre mía ¡que alegría me llevé al encontrar dos nuevos Paul Gallico! The Lonely, la única novela suya que he leído hasta ahora, se ha convertido en una de mis favoritas; y estas dos que encontré en Strand tienen muy buena pinta.
Snowflake, como bien indica el título, es una historia bastante sencilla. Narra el nacimiento, el viaje y la muerte de un copo de nieve. Podrá parecer una tontería pero en manos de Gallico…seguro que resultará mágico. Creo que será una lectura perfecta para Navidad. 
En cuanto a Flowers for Mrs Harris, cuenta la historia de una señora de la limpieza londinense que un buen día queda prendada de un vestido de Dior colgado en el armario de una de sus clientas. Pronto ve clara su meta: ahorrar, viajar a París y hacerse con un vestido  propio. Una aventura que será inolvidable para la sencilla Mrs Harris y para todas las personas que cruzará en su camino.

Cerramos la maleta y fin.
Ahora dejadme tiempo a solas con ellos. Espero que, con un poco de suerte, este sea el comienzo de una hermosa amistad.
¡Muy felices lecturas a todos!

PD. Este apunte va dirigido especialmente a María. 
En la entrada de Nueva York me preguntaba sobre nuestra estimada Helene Hanff. ¿Me había acordado de ella durante el viaje? ¿Me acerqué hasta la que había sido su casa? Mi querida María, lo hice y me acordé mucho de ti. A la entrada del que fue su bloque de edificios en el Upper East Side, hay colocada una placa que la recuerda. Es muy sencilla y dorada. Para los que amamos, como ella, Nueva York, Londres y la literatura…es simplemente perfecta.

viernes, 21 de agosto de 2015

Librerías neoyorquinas

Cuando viajo siempre me las arreglo para visitar tres lugares: un mercado, un café y una librería. Es sencillo, me gusta contemplar a la gente en su vida cotidiana y disfruto imaginando qué harán de comer ese día, con quien se reunirán a media tarde y qué libro leerán por la noche al llegar a casa.  De esos tres lugares el que más disfruto visitando es, como podréis imaginar, la librería. No sabría explicaros, pero cuando entro en una de ellas, de pronto siento que dejo atrás mi status de turista y me convierto simplemente en una más; otra lectora del barrio en busca de un nuevo ejemplar.  
Si, poco importa donde esté; en cualquier lugar desconocido siempre encuentro dos refugios seguros, la habitación de hotel que me hace de hogar pasajero y una librería. 

Cuando supe que iba a visitar Nueva York me falto tiempo para añadir un pequeño anexo a mi guía de viaje: una buena lista de librerías en las que perderme. Busqué consejo en artículos de periódicos y revistas (Dios salve al New Yorker), en entradas de blogs, en recomendaciones personales y, como temía, muy pronto me vi rodeada de una cantidad ingente de sugerencias. 
Disponer de pocos días redujo considerablemente mi plan de acción, pero ahora al menos puedo recomendaros en primera persona cuatro librerías neoyorquinas que bien merecen una visita.
¡Disfrutad del paseo!

Three Lives & Co, 154 West 10th Street

Nombre: La tienda de la vuelta de la esquina ¿os suena? Si habéis visto Tienes un e-mail, y os gusta tanto como a mi, estoy segura de que recordaréis ese nombre. Así se llamaba la pequeña librería infantil de Kathleen Kelly. Un lugar mágico. 
Todos somos conscientes de que existen muchos tipos de librerías y, aunque todas sirvan para el mismo propósito: vender y comprar libros, no todas proporcionan la misma experiencia. En algunas de ellas se respira y contagia al instante el amor por los libros; tienen una atmósfera especial, un alma propia que a mi me gusta asociar con la de su propio dueño. Three Lives & Co es uno de esos sitios.

Así ilustra Bob Eckstein Three Lives & Co en este artículo del New Yorker .
En él podréis encontrar una buena lista
de librerías.
Supe que iba a gustarme esta librería incluso antes de visitarla. Incluso antes de pisar por primera vez el West Village, donde esta situada, y de enamorarme de sus casas de ladrillo y sus calles arboladas. En  su página web presentan Three Lives & Co con estas palabras:

Three Lives is an anachronism.
It is the shop around the corner.
A touchstone in a neighborhood.
A place with a human face and a cast of characters.
84 Charing Cross Road colored by the time and place.
A haven for people who read.

Y lo es, vaya si lo es. La librería es pequeña y acogedora, decorada con madera por todas partes; y aunque el espacio sea exiguo, tiene una muy buena selección de novedades y fondo. Aquí fue donde tuve por primera vez entre las manos ejemplares de la New York Review Books Classics. Una colección que venero y que junto a la colección Persephone se convertiría en mi primera inversión en el caso de ganar la lotería. Como esto es bastante improbable, los voy reuniendo poco a poco y me acordaré siempre de que en una encantadora librería del West Village compré los dos primeros: A legacy de Sybille Bedford y Alice James, A biography de Jean Strouse. 

Literalmente, la tienda de la vuelta de la esquina.
Madera y libros, una combinación infalible.
Barnes & Noble de Union Square, 33E 17ST

Y si antes os presentaba a la heroína de Tienes un e-mail, llega el momento de visitar al hermano malo. Ese amenazador gigante librero ideado por Tom Hanks, causante de la ruina de las pequeñas librerías de barrio. Barnes & Noble reina entre las cadenas de librerías americanas y su sede de Union Square, por mucho que me guste defender a las librerías independientes, es una auténtica maravilla. 

Imaginad cuantos libros caben en ese precioso edificio
Grandes espacios donde los libros alternan con tentadoras cafeterías.
Barnes & Noble es una librería a imagen de la ciudad: inmensa, espaciosa y con ese aire industrial que tanto me gusta. Podría haberme pasado aquí horas y horas mirando ejemplares y soñando con llevarme la colección entera de los Leatherbound Classics. Pero el tiempo apremiaba y supe contener mis ansias compradoras. Mi terreno de caza eran las librerías de segunda mano. Así que vamos a por ellas.
Lo que si me llevé de Barnes fue esta preciosa libreta firmada por el gran Thoreau.
Mi alegría se multiplicó cuando al pagar me dieron la bolsa que veis a la izquierda.
"Llamadme Ismael", ¿es necesario añadir algo más? 

Strand Books, corner of 12th St and Broadway

Veréis en lo que a librerías de ocasión se refiere, Londres tiene Skoob Books, París Gibert  Joseph y Nueva York…Nueva York tiene la increíble Strand Books. Qué digo, increíble es poco. Podría haberme pasado todo el viaje entre sus estanterías infinitas. 
Strand es un caos. Filas y filas de libros en estrechos pasillos, una réplica de los rascacielos del exterior pero esta vez hechos con estanterías. Uno puede incluso abrumarse si no sabe exactamente lo que busca. Strand es una de esas librerías hechas para lectores aguerridos. Esos que buscan y rebuscan, que conocen sus autores y temas predilectos. Esos que encuentran su camino hasta el final de la librería y no se detienen en la mesa de novedades.
En el subsuelo tienen un verdadero tesoro: las ediciones más antiguas y difíciles de encontrar y en la calle el sueño de los busca gangas: todos los libros a 1 dólar. 
No se porqué pero cuando salí de allí, cargada con mis adquisiciones, me pareció oír llorar a mi maleta a pesar de estar a muchas manzanas de distancia.

A puntito de entrar en el templo.
Decidido. Aquí mismo instalo mi vivienda.
Housing Works Bookstore Cafe, 126 Crosby St

El día que visitamos Housing estaba lloviendo y no
llevaba la cámara preparada. Aquí podéis ver fotos
de la librería.
Y por último, pero no menos importante, otra librería de ocasión única y al igual que Three Lives & Co con un alma propia, Housing Works.   Nada más entrar me enamoré del espacio que ocupa esta librería. Techos altos, escaleras de caracol, muchos sitios donde sentarse y el olor inconfundible de un buen café esperándote. Los libros ocupan casi todo el espacio disponible en las paredes y subiendo las escaleras llegas a la bien surtida sección de no ficción. Si a todo esto le sumamos que esté regentada por benévolos y utilice sus beneficios para la lucha contra el sida ¿alguien da más? 
Si algún día estáis paseando por Downtown Manhattan, no lo dudéis, saldréis de Housing Works con un buen café en el cuerpo y algún libro bajo el brazo. 

Fuente

Cuatro librerías, tres puntos: West Village, Union Square y Soho. Ese fue el resultado de mi cacería libresca neoyorquina. Una especie de punta del iceberg de lo que esta apasionante ciudad tiene que ofrecer en materia literaria. Pero si disponéis de poco tiempo, añadid a este paseo una entrada a la New York Public Library y quedareis bastante satisfechos. 

¡Ah! ¿Y os acordais de mi desconsolada maleta? La pobre sabía lo que se le venía encima. Trece libros ni más ni menos. Así dejo claro que no soy supersticiosa :) ¡Nos vemos en la siguiente entrada y hacemos las presentaciones!


PD. Un beso para todos y muy felices lecturas. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Notas para terminar un verano

Instantáneas de verano
Mira que he intentado evitarlo; pero, al final, el verano siempre gana la partida y termina por alejarme del blog. ¿Será posible que haya pasado más de un mes desde la última vez que escribí? ¡Así no vamos Mariquilla! 
Lo cierto es que eso de no tener internet en el apartamento influye bastante. Lo quiera o no, no me queda otra que someterme a una terapia de desconexión forzosa y, aunque me fastidie los primeros días, al final agradezco este tiempo alejada de las pantallas. No hay nada que pueda compararse a lo que vivimos y experimentamos con el mundo y la gente que nos rodea. Cada una de esas fotografías que veis arriba, conserva momentos felices compartidos con los míos: una boda, un viaje a un pueblecito escondido, tardes de cartas, desayunos tempranos para ver amanecer, conversaciones eternas de sobremesa, lecturas recomendadas y, siempre un mismo fondo, ese trocito de mar tan nuestro que desgraciadamente ya no puedo ver.

Pero bueno no me quiero poner triste; ahora, con las baterías cargadas, toca volver a la normalidad. Me he reencontrado con mi wifi, con mis pantallitas y con el mini piso parisino que nos alberga a Jean, a mi y a los tropecientos trastos que hemos traído en nuestras maletas. Entre ellos, como no, bastantes libros. Así que aquí me tenéis, haciendo malabares para encontrarles hueco entre las estanterías. De momento están colocados en el suelo, formando torres más o menos inestables. Pero ¿os imaginais el drama que se avecina cuando por falta de espacio en el salón, en la habitación y en la cocina tenga que condenar a alguien a viajar hasta el aseo? ¿Podeis visualizar a Virginia Woolf, a E.M Forster, a Jane Austen, a Henry James o a Barbara Pym en semejante situación? Mira, si se enteran los pobres que viven junto a la bañera y la taza del váter se mueren de nuevo :D
Supongo que en el fatídico caso de tener que trasladar a alguien hasta allí, me llevaré primero a los pioneros americanos; cosas peores habrán visto Mark Twain, Elinore Pruitt Stewart, Francis Bret Harte y Calamity Jane.

Y mientras aclaro mi mente y mis estanterías, pongámonos al día con el blog. Estos días he leído sin contención y ya he terminado aquellos libros que os enseñaba a principios de julio y algunos otros que se han colado en la lista.  Creo que es buen momento para hablar sobre lo que han dado de si estas lecturas y para enseñaros los libros que he ido comprando durante estos días. Espero que alguno de ellos os pique la curiosidad y podáis añadirlo como lectura veraniega de última hora. 

Pero antes de nada, tengo que compartir con vosotros una entrada pendiente que he disfrutado muchísimo escribiendo. Aquella cita literaria con Nueva York que os prometí. Así que aprovechando que muchos estáis todavía de vacaciones…¡empecemos viajando  con ella!

Por hoy nada más. Un abrazo muy fuerte a todos y felices lecturas. 

Lecturas de verano listas para comentar.
PD. ¡Qué feliz me hace saludaros de nuevo!