miércoles, 14 de mayo de 2014

Cuaderno de viaje: Londres (I)

Ya estoy de vuelta y con muchas ganas de contaros al detalle nuestro viaje a Londres. Han sido cuatro días bien aprovechados en los que hemos desgastado bastante los zapatos, y como temía, nos han sabido a poco. Hace solo 10 días que hemos regresado y ya tenemos ganas de escaparnos de nuevo. ¡Tantas cosas que ver y tan poco tiempo!
Pero al menos hemos disfrutado de largos paseos, también de la lluvia, aunque al principio nos enfadase, de montones de flores, libros, pasteles… en definitiva de un viaje perfecto. Pocos destinos me hacen preguntarme esto, pero ¿puede uno cansarse de Londres? 
Según el Dr Johnson, mi amigo Samuel a estas alturas de nuestra relación, "When a man is tired of London, he is tired of life". Y una vez más no puedo estar más de acuerdo con él.

Espero que disfrutéis de esta crónica y que podáis viajar a Londres conmigo aunque sea por unos instantes. No dudéis en dejarme en los comentarios sugerencias y curiosidades de vuestras propias aventuras londinenses. Me hará mucha ilusión y serán preciosos consejos para próximos viajes.
Ahora si, Londres…¡Allá vamos!

Día 1: París-Londres

Nos mantenemos fieles al desayuno à la française. 
Precioso paseo por St James Park.
En la Gare du Nord y con bastante sueño empezó nuestro viaje. Habíamos decidido coger uno de los primeros Eurostar del día, para aprovechar al máximo la primera jornada, así que a las 9 de la mañana ya estábamos en Saint Pancras. Oyster en mano, cogimos el metro en dirección a Pimlico donde estaba nuestro acogedor hotel.
Una vez liberados de las maletas por fin empezó nuestro maratón particular. Para despejarnos un poquito fuimos a desayunar a la Patisserie Valerie de Piccadilly  y después atravesando Saint James Square y sus calles aledañas llegamos  a nuestro primer destino Trafalgar Square, la National Portrait Gallery y la National Gallery.
La primera es para mi una visita obligada, casi un ritual de cortesía. ¿Que os parecería entrar en un edificio neo-renacentista del centro de Londres y encontrar reunidos en su interior a todos esos personajes históricos que os han fascinado, a esos artistas que os han hecho soñar? Ahí están esperándote Jane Austen, las Brontë, Fanny Burney, Keats, Pepys, el Dr Johnson… ¡tantos y tantos! ¿Verdad que merece la pena pasar un momentito a saludarles?
Puede que no os apetezca perder mucho tiempo en un museo "clásico" como la National Gallery, dadas las miles de cosas que se pueden hacer en Londres; pero si realmente estáis interesados en ciertos artistas, mi consejo es que preparéis de antemano la visita, anotando las pinturas que os interesan y las salas en las que se encuentran. Ganaréis un tiempo precioso y la visita seguro que merecerá la pena. 
En nuestro caso queríamos ver pintura inglesa y francesa del siglo XVIII, así que fuimos directamente a las salas 33, 34 y 35 donde pudimos disfrutar de Gainsborough, Hogarth, Reynolds y de uno de mis cuadros favoritos de la colección, La chocolatière de Jean-Etienne Liotard.
Me gusta muchísimo la calidez de sus tonos y de la escena que describe; poder ser testigo de ese momento íntimo en el que una desconocida prepara un chocolate, con leche y azúcar, para si misma y un compañero invisible que jamás conoceremos.

Tendríais que haber visto la cara de Jean al ver el enorme
gallo de Trafalgar Square. Símbolo inequívoco, según él,
de la grandeza de Francia :)
Después de estas visitas que no se alargaron demasiado remontamos en dirección a Picadilly donde comimos algo  en un Pret (que parecen multiplicarse como champiñones) y después dirección al inmenso y tentador Waterstone's de Piccadilly
Yo iba con la única intención de mirar y no picar nada, porque el gran día de las librerías iba a ser el viernes y, aunque parezca mentira, me porté conforme a lo previsto. A Jean, que lo único que quería era sentarse en algún sitio y descansar del madrugón, no le importó dejarme tiempo suficiente para mirar de arriba a abajo las estanterías, aunque me mantuve firme y al final salimos de allí sin ninguna compra. 

Aprovechamos que hacía una tarde preciosa para pasear por Saint-James Park y una vez lanzados  decidimos volver al hotel andando. Buena caminata por las calles de Westminster y los alrededores de Victoria; y en Vincent Square, nos quedamos mirando jugar al críquet a un grupo de niños perfectamente uniformados de blanco. Daba gusto verlos a ellos y a Jean intentando descifrar las reglas de juego. Último esfuerzo para encontrar un supermercado para aprovisionarnos para la cena y por fin a descansar al hotel.



Día 2: La City y Bloomsbury

All Hallows church bajo
la lluvia.
Después de habernos acostado pronto, no tuvimos problema en madrugar de nuevo. Nos esperaba un día muy completo y bastantes horas de marcha. De repente nos dimos cuenta de un continuo golpeteo en la ventana; temimos lo peor y al echar un vistazo a través de las cortinas se confirmaron nuestros temores… llovía a mares. Pero como bien se dice, al mal tiempo buena cara y después de un buen desayuno continental (ni Jean ni yo somos capaces de hacerle los honores al english breakfast) cogimos el metro hasta Tower Hill.

Un diluvio, literalmente, nos recibió al salir a la calle, pero como habíamos adoptado el lema Keep calm and dancing in the rain para todo el día, nos lo tomamos con humor :) No teníamos intención de entrar en la Torre de Londres, así que hicimos un par de fotos y nos adentramos en la City por Byward street. Al paso nos salió All Hallows by-the-tower Church, una de las iglesias más antiguas de Londres, que estaba verdaderamente preciosa bajo la lluvia. No me resultó difícil imaginar al observador Samuel Pepys encaramarse a su campanario para contemplar   lo que quedó de Londres después del terrible incendio de 1666.

Mientras hablábamos sobre el tema, seguimos andando hasta Monument, haciendo malabarismos con el paraguas. Allí vimos la columna erigida para conmemorar el incendio, cerca del lugar donde estaba situada la panadería de Thomas Farriner, foco originario del fuego. Cuando le comenté a Jean que se sospechó de los franceses como posibles autores del desastre, sacó su vena anti-británica (bastante pronunciada) diciendo: "Rosbeefs de m*rde" (asi llaman los franceses, con mucho cariño, a sus vecinos del otro lado de la Mancha).
Cierto o no la verdad es que es una pena que el fuego destruyese prácticamente todo el Londres medieval, y que una pala lo hiciese a su vez con el París original. Aunque no se yo si lo amaría tanto como con su estilo haussmannien actual.

Aquí podeis ver el área arrasada por el incendio. Pudding Lane es el foco donde
se inició y a la derecha está la casa de Samuel Pepys, que se libró por los pelos
gracias a la dirección en la que sopló el viento en aquellos días de Septiembre.

De Monument seguimos camino directo hasta Saint Paul y viendo la enorme cúpula tuvimos un recuerdo para Mary Poppins y sus "migas de pan"dejà vu directo a la infancia. Como vimos que no amainaba la lluvia dejamos el paseito previsto hasta la casa del Dr Johnson para más tarde y nos fuimos hacia el Museum of London, sin duda uno de mis favoritos. Al igual que pasa con el Musée Carnavalet de París, en este museo no suele haber muchos turistas. A nosotros nos acompañaron en la visita un pequeño grupo de escolares que escuchaban atentos las explicaciones y alucinaban con las actividades multimedia del museo. Todas las épocas de la Historia de Londres están muy bien expuestas de forma didáctica, lúdica y respetando muy buenos contenidos.
Mis zonas favoritas son la reconstrucción del  Poverty map de Charles Booth, el Victorian walk y sobre todo los jardines Vauxhall, una ventanita abierta a la opulencia de los paseos de Georgiana Cavendish y otras grandes damas del XVIII inglés.

Tower Bridge bajo el diluvio, Saint Paul en un
momento de calma y la casa del Dr Johnson. La
última foto donde su querido gato Hodge mira la
casa de su dueño, no es mía. Me temo que Hodge
no hubiese esperado a que yo le hiciese una foto
bajo la intensa lluvia que estaba cayendo :)
Comimos justo enfrente del Museo en una brasserie llamada London wall. Lugar que como pudimos comprobar parece un punto de encuentro de trajeados empleados de la City. La verdad es que comimos muy bien y con energías renovadas llegó el momento de encontrarnos con el Dr Johnson
La visita de su casa, es algo que solo recomiendo a entusiastas de su figura ya que, aunque los interiores dan una buena idea de como era una casa inglesa del siglo XVIII, son bastante austeros; mención aparte de la biblioteca del dueño de la casa. 
Para mi, pasear por esas habitaciones e imaginarlo hablar con David Garrick, Sir Joshua Reynolds y su inseparable Boswell, fue una experiencia única. 
Y más cuando vi a su fiel gato Hodge, mirando eternamente hacia la casa de su dueño. Bueno todo hay que decirlo, como llovía a mares, desde las ventanas su estatua era solo una sombra borrosa, pero yo sabía que estaba ahí :) Otra buena caminata que sin duda mereció la pena. 

Para dar un respiro a los pies cogimos un autobús para llegar a los alrededores de Russell Square. Había llegado el momento de ir hasta Lamb's conduit, la adorable calle donde esta situada la librería Persephone.
Entramos en la tienda y nos encontramos absolutamente solos, a excepción de una encantadora dependienta que al ver nuestras pintas de gatos mojados no dudo en ponerse hablar con nosotros sobre el horrible tiempo de Londres. Nos dejó que echáramos un vistazo tranquilamente por la diminuta, pero para mi maravillosa tienda, y siguió preparando pedidos entre un montón de cajas repletas de libros grises
Fuera seguía cayendo la lluvia y dentro de la librería, bajo la cálida luz de varias lámparas de pie y con la presencia de todos esos maravillosos libros, yo me sentí como en casa. Por si fuera poco el hilo músical empezó a desgranar las notas de Gymnopedie nº1 de Erik Satie. Jean me miró y me lanzó una sonrisa cómplice; sabe que es la melodía que suena en mi teléfono al recibir llamadas. 
Como ya había elegido los títulos que se vendrían conmigo de antemano, esta vez no tardé mucho en llenar mi cesta. La dependienta me envolvió amablemente la compra en papel de burbujas para que no se mojase y más felices que un ratón de biblioteca (por lo menos yo) reanudamos el camino.
Persephone Books, Casas en Montague Street, cake de
naranja del café de London Review Bookshop y fuente 
de la última foto.
Seguimos paseando por Bloomsbury y a pesar de que seguía lloviznando lo disfruté muchísimo. Sin duda es uno de mis lugares favoritos de Londres y mientras recorríamos Russell y Gordon Square no podía evitar acordarme de Virginia y Vanessa Woolf, de E.M Forster y Lytton Strachey, de su talento, de sus escándalos...de todo ese grupo de artistas del que tanto me queda por descubrir y aprender.  Con ellos en mente era imposible pensar en otra cosa que no fuese literatura. Así que, con sed de librería, pasamos por delante del imponente British Museum, que no se cuando terminaremos por visitar, y a una calle de distancia llegamos al último punto de visita del día, la London Review Bookshop

Fijaos si me enamoré de este sitio que hasta olvidé que llevaba la cámara a cuestas. Sin duda, esta es una de esas librerías en las que el amor por los libros se respira en cada rincón. Un lugar pequeño y cálido que tiene en sus dos plantas una de las mejores selecciones de libros que he podido ver. La sección de ficción es muy completa y pude apuntar numerosos autores que no conocía y que llamaron mi atención; pero fue la sección de no ficción la que me cautivó completamente. Dentro de las secciones tradicionales de: Historia, Biografía, Política, etc. los responsables de la librería han escogido una serie de sub-temas fascinantes que agrupan en sus Reading-guides. Echarle un vistazo aquí y seguro que encontrareis algún libro que os interese. Hubo un momento en el que tuve que dejar de apuntar títulos porque había ocupado dos días enteros de mi agenda. 
Que alegría volver a "nuestra calle" de
Pimlico después de tanto paseo.
Por si todo esto no fuese encanto suficiente, un pasillo a través de la sección de Historia nos guió hasta el luminoso salón de té del que dispone la librería. Un lugar donde reina la calma y unos cakes caseros absolutamente deliciosos. Ay, todavía recuerdo el sabor de mi trozo de pastel de naranja y almendras. Uno de mis sitios favoritos de Bloomsbury, sin ninguna duda.

Y después de este día intenso, de visitas, lluvia y librerías, con la barriga y el corazón contentos, hicimos acopio de comida para la cena en Marks and Spencer y cogimos el metro hasta el hotel. Basta decir que caímos rendidos.   

Y hasta aqui la primera parte de nuestras crónicas londinenses. Mañana publicaré la segunda parte y a partir del viernes los libros volverán a ser protagonistas absolutos del blog :)
Un beso grande a todos y ¡feliz miércoles!