jueves, 15 de mayo de 2014

Cuaderno de viaje: Londres (II)

Y como os dije ayer, aquí está la segunda parte de nuestro viaje.

Día 3: Kensington- Notting Hill- Charing Cross

La primera casa la encontré paseando por Kensington,
la bauticé la casa de las lilas.  Entrada al V&A.
El viernes, amaneció un día nublado pero sin riesgo de lluvia, así que la mar de contentos  salimos del hotel en dirección Kensington y el Victoria and Albert Museum. No había mucha gente a la hora de apertura y pudimos disfrutarlo como requiere un sitio como este, con tranquilidad y prestando atención a los pequeños detalles. Un tejido, un estilo mobiliario particular, un tipo de cerámica o indumentaria… este museo os encantará si os gustan las artes decorativas.
Yo disfruté muchísimo de la visita (y eso que no vimos ni la mitad); mi gran decepción, aunque todavía no me lo crea, fue la tienda del museo. Recuerdo que Cristina también lo comentaba en una de sus fantásticas crónicas de Londres. Salí de allí sin nada entre las manos, ni un mísero marcapáginas.
Por su parte Jean se aburrió un poquito en esta visita y le entiendo perfectamente. Eso si, se llevó un recuerdo que no olvidará en la vida. Se enamoró de una cama. Si, como lo oís. Nada más y nada menos que de la inmensa y célebre cama de Ware.
Construida en 1580, la cama hizo célebre la posada donde fue instalada, el White Hart Inn de Ware. Mide, agarraos bien, 3.38m de largo y 3,26 de largo y su fama proclamaba que "podía acomodar al menos cuatro parejas". ¡Vaya despiporre!
Por mi parte tuve que agarrar a Jean por todos lo medios para que no hiciese lo mismo que Kate Winslet al final de este video :)

La que he bautizado como mi casa y otras viviendas de
Notting Hill, la estatua de Lord Holland en uno de los
claros del parque y foto desde el interior del restaurante
Portobello.
Una vez terminada la visita cogimos el metro hasta Notting Hill, otro barrio que teníamos muchas ganas de descubrir. No coincidimos con el famoso mercado de Portobello Road, que tiene lugar los sábados, pero bueno por lo menos evitamos grandes aglomeraciones. Me gustó muchísimo la tranquilidad que se respira por el barrio y sobre todo el estilo de las casas de casi todas sus calles. Me volví loca con la cámara y creo que me desdije tropecientas veces cada vez que decía "esta es mi favorita".
Quizá la que véis en la foto, con la bicicleta enredada entre los rosales, sea la definitiva.

Esta vez teníamos claro donde íbamos a comer ya que nos lo habían recomendado unos familiares; así que a mediodía nos dirigimos hacia Portobello, un restaurante italiano que ahora os recomiendo a vosotros de todo corazón. La acogida fue muy agradable, el lugar está decorado con mucho gusto y la comida…¡Excelente! Mataría por tener la receta de mis Spaguetti al pomodorino y de la Parmigiana Napoletana.
Aquí os dejo su página web por si queréis probarlo en vuestra próxima visita.
Después de comer dimos un paseo por Holland Park un sitio realmente precioso rodeado de casas de ensueño. La zona norte del parque, por la que accedimos, es prácticamente un bosque semi-salvaje cubierto de flores. Poco a poco, conforme te vas adentrando en él, el parque se va volviendo más civilizado, con áreas de césped y emotivos bancos de madera con sus respectivas dedicatorias.

Y después del paseito, cogimos el metro hasta Marlybone para empezar una nueva tarde de libros. La primera parada fue Daunt books la que, junto a Galignani en París, es la librería más elegante que he visto en mi vida.  Todo tiene una armonía perfecta, la cálidez de la madera de roble, la galería de madera del piso superior la preciosa vidriera al fondo, los libros…¡Me encanta! Aunque reconozco que, aquí, disfruté más de la atmósfera del sitio que de comprar libros. Solo añadí uno a la cesta.
Bajamos por Thayer Street hasta el cruce con Oxford St y recuperamos el metro hasta llegar a Charing Cross, el paraíso de los bibliófilos cuya reina es Helene Hanff :)
Empezamos por Foyle's, que me trajo a la mente a mi querida María, y donde conseguí dos ejemplares de mi wishlist, y después continuamos hasta Any amount of books donde no encontré nada que me interesara por debajo de las 30 libras. ¡Que pena más grande!
Viendo mi cara de circunstancias, Jean se apiadó de mi y consintió en coger el metro hasta Rusell Square para hacer una pequeña visita a Skoob books. Si os gustan las librerías de segunda mano donde rastrear entre montones de libros, no podéis perdérosla. Podría pasarme horas y horas buscando.
Interior de Fortnum&Mason
Me hubiese arrepentido muchísimo de no haber venido porque en Skoob descubrí el pequeño tesoro que no esperaba encontrar y que me hizo inmensamente feliz.

Finiquitadas las compras librescas, cogimos de nuevo el metro hasta Picadilly y entramos en Fortnum&Mason donde nos aprovisionamos de galletas y mermelada para la familia, y donde me derretí delante de los preciosos juegos de té y café. 
Una última parada técnica en el primer Pret que nos salió al paso y con los sandwiches de la cena listos, dirección al hotel.



Día 4: Hampstead- Southbank

Y sin darnos cuenta llegó el último día. Menos mal que pudimos aprovecharlo bien porque nuestro vuelo salía a las siete de la tarde. Después de hacer el check-out en el hotel, no me pude resistir a hacerle varias fotos al que había sido nuestro barrio por unos días, el plácido Pimlico, con sus plazas e iglesias.
Ya sabéis que cuando viajo a algún sitio, me gusta llevarme una novela ambientada entre sus calles; esta vez no iba a ser menos.  Elegí una historia que transcurre exactamente en Pimlico y muchas veces no podía evitar buscar a Mildred Lathbury, su protagonista, entre las "mujeres excelentes" que iba cruzando por la calle. María, Carmen, estoy segura de que reconoceréis enseguida de que libro estoy hablando :)
Esta foto de Warwick Square la tomé la tarde en que llegamos. Me tuve que
conformar con hacer fotos del exterior porque es un espacio privado.
Esta foto de Saint George's Square con la iglesia de
Saint Saviour al fondo la hice casi volando. Jean me
tuvo que levantar para evitar la verja del parque :)
Terminada la sesión de fotos cogimos el metro para ir bien al norte, hasta Hampstead; una zona que estaba deseando conocer y que resultó ser aún mejor de lo que había imaginado. 
Vivir aquí es lo que yo llamo un sueño. Hampstead tiene ese ambiente de campiña inglesa a tan solo dos pasos de Londres. Sus calles están llenas de librerías, tiendas, galerías de arte y coquetas cafeterías vamos, ¿se puede pedir más? 
No es extraño que desde hace siglos se haya convertido en el lugar de residencia, de artistas, escritores y profesionales de la cultura. ¿Quién no conseguiría inspirarse teniendo tanta belleza a su alrededor? 
Nosotros no tuvimos tiempo de visitar la casa de John Keats, uno de los más célebres habitantes de Hampstead; pero durante nuestro paseo nos cruzamos con varias placas del English heritage: la casa de George du Maurier, la de D.H Lawrence, el apartamento que ocupó Edith Siwell… Encontrareis muchas de ellas si vais con los ojos bien abiertos.

La primera fue la casa de George Du Maurier, estaba preciosa con las rosas
trepadoras de la fachada; el apartamento de Edith Siwell y vista de Londres
desde Hampsted Heath.

Remontamos Heath Street hacia arriba y muy pronto las casas se fueron espaciando hasta llegar a la entrada de Hampstead Heath, un impresionante parque desde el que se pueden ver bonitas vistas de Londres. Emocionados con tanta vegetación poco a poco nos fuimos internando entre los árboles. Lo que no sabía el inocente Jean, que iba disfrutando de eso de pasear sin rumbo fijo, es que yo me guardaba un maléfico as en la manga. Tranquilos, no pensaba asesinarle.

-¿Sabes que un poco más adelante hay una mansión blanca preciosa? Podríamos acercarnos
- Pero ¿está muy lejos? Mira que luego hay que volver. 
- No que va, solo un poquito más adelante

Me muero de la risa. El poquito más adelante se convirtió en unos buenos 45 minutos. Pero las miradas de odio de Jean y la caminata valieron la pena. Kenwood House es un lugar precioso. La entrada a la casa es gratuita y las salas interiores harán las delicias de los Austenitas. Me sorprendió ver muy buenas pinturas en el interior, pero sin duda la gran obra de arte, es la imágen de la propiedad desde el exterior.
Entrada principal de Kenwood House. Como veis estábamos solos al llegar.

Hola me llamo Marie Woodhouse y esta es mi casa :) ¡Que maravilla!

Los jardines estaban repletos de rododendros. Yo estaba sin palabras.
Aunque fue difícil Jean consiguió arrancarme de allí y muy cerca cogimos un autobús (el 210) que nos llevo, vía Spaniard's Road, hasta Hampstead. Comimos unos bocadillos en Paul, para ir adaptándonos de nuevo a la vida parisina y cogimos de nuevo el metro con destino a Waterloo. 

Era la última parada del viaje para hacer unas buenas fotografías desde la otra orilla del Támesis, y fue una auténtica locura. En las inmediaciones del Southbank Centre habían organizado un festival de gastronomía española con un montón de casetas. Eso parecía la Feria de abril y había un ambiente genial. Lo único que me dio penita fue el plato de paella que se iba a comer una señora. Eso era un engrudo amarillo que no se podía coger por ninguna parte. Me dieron ganas de quitárselo y decirle: "Señora, por favor no se lo coma". Pero bueno supongo que estarán acostumbrados.
Vistas desde Jubilee Gardens
Con estas vistas cogimos de nuevo el metro hasta el hotel, recuperamos las maletas y con mucha pena fuimos a Victoria para coger el Gatwick Express. Nuestra escapada a Londres había terminado, pero nos trajimos muy buenos recuerdos y unas maletas bien cargadas. 

Mamá gracias por las hortensias de
recibimiento :) Mira que bonitas al
lado del botín londinense.
Y hasta aquí este diario de viaje. Espero que os haya gustado y que hayáis podido coger algunas ideas para futuras visitas. No dúdeis en dejarme sugerencias en los comentarios; me encanta conocer nuevos sitios y en Londres siempre hay mil cosas que descubrir :)                                                                                 
¡Un beso grande a todos!