lunes, 16 de septiembre de 2013

Lecturas de verano I: Las decepciones

Bien, empecemos por lo que menos me gusta y así paso antes el trance.  Como ya habéis podido comprobar, en el blog me gusta hablar de las novelas que me cautivan y me impulsan a hablar enseguida de ellas. ¡Me es tan difícil hablar de los libros que no me gustan!

Pero como quería hacer un repaso de todas las lecturas estivales, no tengo más remedio que pasarme al lado oscuro. Menos mal que solo tengo que incluir dos historias en la lista negra. Que ambas me perdonen y no me guarden rencor :)

The Winthrop woman de Anya Seton


Fantástica para aprender cosas sobre
los puritanos pero no para devorar sus
páginas de una sentada!
Un viaje por Nueva Inglaterra es una oferta que me es muy difícil rechazar. Por eso cuando leí la sinopsis de The Winthrop woman, a pesar de no haber leído a Anya Seton hasta la fecha, no dudé en darle una oportunidad.

En sus más de 500 páginas, tenía la esperanza de aprender un poquito más acerca de esos "oscuros pioneros" que cimentaron los Estados Unidos. Y otra cosa no pero didáctico si que resultó ser el libro.

La historia comienza en Inglaterra, a principios del siglo XVII. Los enfrentamientos religiosos están a la orden del día y  la familia Winthrop, que ha abrazado el puritanismo, pronto se ve obligada a tomar una decisión: permanecer en Inglaterra, a riesgo de ser perseguidos, o embarcarse hacia una aventura incierta en las recién descubiertas colonias de Nueva Inglaterra. 

Bajo las ordenes del severo cabeza de familia, todos abandonan finalmente Europa en dirección a América. Allí las cosas no resultarán tan fáciles como imaginaban, pero permitirán a uno de los miembros de la familia, la joven y rebelde Elizabeth Winthrop, vivir conforme a sus ansias de libertad.

Si algo hay que reconocerle a Anya Seton es su trabajo de documentación. Tanto la protagonista, Elizabeth Fones Winthrop, como los personajes que la acompañan son históricos, y los acontecimientos y el ambiente de la época están perfectamente conseguidos. Además me pareció un acierto que decidiese empezar su historia desde Inglaterra, porque ayuda a comprender rápidamente los motivos que propiciaron la aventura puritana en el Nuevo mundo. 

Recién llegados!
Pero el viaje hacia Nueva Inglaterra fue el último momento en el que sentí el deseo de seguir pasando páginas. La intriga de la novela fue desapareciendo gradualmente hasta convertirse en una biografía novelada. Y una biografía novelada de 500 páginas y en inglés, es algo muy distinto de enfrentar. Siento decirlo pero fue el amor por Nueva Inglaterra lo que me animó a llegar a la ultima página y no el deseo de saber que pasaría con Elizabeth y su descendencia. 

Por eso, solo recomendaría esta novela a alguien verdaderamente interesado en el tema. Y aún así mucho, muchísimo mejor ir directamente a por la La letra escarlata.


La colina de las gencianas de Elizabeth Goudge


Aunque me duele en el alma, la segunda decepción del verano me la proporcionó mi querida Elizabeth Goudge. Tenía muchísimas ganas de leer otra novela suya. Casi necesitaba perderme de nuevo en esa paz que transmite su pluma; en esa mezcla de ternura, realismo y magia.  

A primera vista los personajes, la localización y el contexto histórico de La colina de las gencianas me parecieron  perfectos para disfrutar de una buena historia. Juzgad vosotros:

Inglaterra, principios del siglo XIX. Las guerras napoleónicas asolan Europa y la invasión francesa de la isla parece inminente.  Ante esta amenaza, la armada británica refuerza la disciplina entre sus oficiales. Uno de ellos, Anthony O'Connell,  cansado de las duras condiciones de vida a bordo, aprovecha la caída de la noche y abandona el barco. 
Convertido en desertor se dedica a errar  por los parajes de Devon hasta que se cruza en su camino Stella, la hija adoptiva de una pareja de ancianos campesinos. Ocultando su identidad, Anthony descubre entonces la existencia pacífica y sencilla de los campesinos y sabe que es allí, junto a Stella, donde querría pasar el resto de sus días. 
Pero el mundo exterior y sus obligaciones pronto los reclama; y mientras Anthony deberá hacer frente al pasado del que renegó, Stella descubrirá el secreto que envolvía su pasado y su verdadera identidad.

Lo escribo y me digo, ¿pero como es posible que no me haya gustado el libro? Pues simple y llanamente porque en La colina de las gencianas lo hermoso es la localización y la atmósfera de la historia, más que ella en si misma.


La aldea donde se encuentra Weekaborough,
la granja de Stella
El libro está cargado de descripciones preciosas; de esa mezcla de vida cotidiana y leyendas que tan bien maneja la autora. Pero si en "El país delfín verde" el lirismo se conjugaba perfectamente con una acción absorbente, en esta ocasión la fórmula no ha funcionado. 

Hay que esperar hasta casi el final del libro para que las vidas de los personajes se entrelacen definitivamente; y aunque se les coge verdadero cariño por las tiernas descripciones que Goudge hace de cada uno de ellos, entonces es demasiado tarde. Todo parece precipitado e incluso forzado. Ni siquiera parece creíble la historia de amor entre Anthony y Stella. 
De verdad, una verdadera pena!

De todas formas esto no significa un adiós definitivo a Elizabeth Goudge, ¡ni pensarlo! Estoy segura de que me quedan por descubrir muchas más joyas entre sus otras novelas, así que todas mis esperanzas puestas en la siguiente.

Ahora respiro aliviada y puedo hablar por fin de las buenas novelas de mi verano :)

PD. El título de la edición castellana no es "La colina de las gencianas" sino "La capilla de San Miguel".