jueves, 15 de octubre de 2015

Ana la de la Isla de Lucy Maud Montgomery

Tercer tomo de la serie y ambiente otoñal en sus páginas.
Empieza el otoño y no es mala idea celebrar la ocasión regresando a Avonlea
Desde que hace unos años la editorial Toro Mítico decidiese rescatar las novelas de Lucy Maud Montgomery, el nombre de este pequeño pueblecito ficticio de la Isla del Príncipe, se ha ganado un lugar destacado en el corazón de muchos lectores. 

Algunos ya conocían a Anne Shirley de la infancia; otros llegaron a ella a través de la preciosa serie protagonizada por Megan Follows, y otros acaban de descubrirla gracias a la reedición de sus aventuras. Lo cierto es que poco importa si el encuentro se produjo en la niñez, la adolescencia o la edad adulta. La magia de Avonlea opera en cualquier momento y casi en cualquier persona.

En entradas anteriores ya os hablé del primer y del segundo tomo de la colección: Ana la de Tejas verdes y Ana la de Avonlea (pinchad en los títulos para acceder a las reseñas). Creo que ya es tiempo de abordar Ana la de la isla, tercer tomo de la serie, y gran favorito de los más románticos.

Cuando se abre la historia, Ana ya ha cumplido dieciocho años y se dispone a dejar Tejas verdes para viajar a Kingsport e ingresar en la Universidad. Por delante le esperan cuatro años de intensa formación, en los que tendrá que decir adiós a los viejos conocidos y enfrentar los primeros desafíos de la edad adulta. Pero, por fortuna, no estará sola; en el camino encontrará nuevas amistades, recibirá inesperadas proposiciones de matrimonio y conocerá al fin a ese hombre soñado que tantas veces había imaginado. 

Escenas de la serie que corresponden a Ana la de la Isla
Quizá una de las frases que mejor definan esta tercera entrega sea "dejaba el hogar que le era tan querido y algo le decía que lo abandonaba para siempre, salvo, quizá, como refugio de vacaciones. Las cosas no volverían a ser igual; volver por vacaciones ya no sería como vivir allí." Ana la de la Isla marca el principio de la independencia de Ana y la ampliación de su mundo más allá de la pequeña comunidad de Avonlea. 

La novela, al igual que sus dos predecesoras, está colmada de optimismo y energía; de esa ilusión que embarga al que empieza una nueva etapa llena de posibilidades. Ana por fin ve cumplido su sueño de ser universitaria (¡la primera jovencita de Avonlea que se atreve a ello!) y, como siempre, su vitalidad y su ilusión se contagian en cada página. 
Los años que uno pasa en el universidad son formativos en muchos aspectos; quizá me atrevería a decir que la formación personal que uno experimenta durante esa etapa, supera incluso a la académica; y el caso de Anne Shirley no será diferente. 
En Redmond, Ana traba amistad con un grupo de chicas, alegres e inteligentes, que terminan convirtiéndose en excelentes compañeras. En la casa que comparten, todas sueñan despiertas con lo que les espera a la vuelta del camino y entre horas de estudio, risas y charlas,  todas construyen hermosos planes de futuro. El de Ana, como muchos esperábamos, será convertirse en una prestigiosa escritora. Algo que como veréis, terminará consiguiendo pese a los batacazos iniciales.

Pero estas alegrías y logros personales se ven empañados por la sensación agridulce que la embarga cada vez que regresa a Tejas verdes. Es entonces cuando Ana descubre que ya nada volverá a ser como antes. La despreocupación de los días de la infancia ha desaparecido; los viejos amigos han crecido y se enfrentan a nuevos retos. Algunos han dejado Avonlea, otros como Diana se han casado y convertido en madres; y el matrimonio y el amor, ese estado que todo lo cambia, parece interponerse también en su vieja camaradería con Gilbert. 
Ana no puede evitar pensar "que horrible es crecer, casarse y cambiar, dejar atrás los rincones seguros y enfrentarse a cambios y decisiones." Por primera vez los sueños y los ideales románticos de Ana deberán enfrentarse a la realidad y no será nada fácil para ella.

Ana la de la Isla es una de las entregas de la serie que más sentimientos remueve en mi interior. Cuando la leí siendo niña me encantaba por el romance naciente entre Ana y Gilbert. Ahora, leerla después de pasar por la universidad, me hace quererla todavía más, si eso es posible. Con la experiencia a cuestas, leo con nuevos ojos y comprendo la incertidumbre que se apodera de Ana: el miedo a qué vendrá en el futuro, el dolor por dejar tu antiguo hogar, el ver como cambian tus viejas amistades… 
Lucy Maud Montgomery consigue capturar en esta historia todas estas emociones y nos muestra lo doloroso que puede resultar enfrentarse a la madurez. Doloroso pero también necesario. Ana deja atrás la niñez y algunos de sus sueños, pero al final descubre que el futuro que tiene por delante puede ser aún más hermoso de lo que había soñado. 

Espero de corazón que disfrutéis con Ana la de la Isla; y si todavía no habéis empezado con la serie, por favor dadle una oportunidad. Estoy casi segura de que no os arrepentiréis.

Un abrazo y muy felices lecturas a todos.

PD. Ana la de la Isla ocupa el año 1915 en mi Century of Books.