miércoles, 25 de marzo de 2015

Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre de Belén Barroso

Jane Austen
Tarde de tacitas y buena lectura
La semana pasada, mientras recorría la cada vez más exigua sección de libros de El corte inglés de Alicante, me llevé una enorme sorpresa. En la mesa de novedades, junto a los últimos títulos de nombres consagrados, avisté una portada que me era familiar. ¡Mr Darcy santísimo! ¡Ahí estaba el libro de Belén!  
Me dio una alegría tan grande verlo allí, tan bonito, tan apetecible para nosotras, amantes de las tacitas, que en un momento de locura vandálica, me apeteció amontonar el resto de títulos en un rinconcito y colocar el libro de Belén por toda la mesa.
Porque si, señores y señoras que juzgan a las lectoras "de tacitas"; nosotras también tenemos sangre en las venas y en la taza lo mismo podemos llevar una indefensa manzanilla, que ginebra, que veneno para los idiotas. 
Al final, claro está, conseguí contenerme; pero desee gritar a todo el mundo: ¡Podréis acusarnos de ñoñas y soñadoras, pero leed esto y veréis como nunca podréis achacarnos nuestra falta de sentido del humor! Podemos reírnos de nuestras heroínas, de sus pretendientes y hasta de nosotras mismas, siempre que sea de forma inteligente. Siempre que el humor llegue de manos tan hábiles como las de Belén. 

Veréis, esto no lo puedo afirmar con rotundidad, porque yo con el más allá no hablo (todavía), pero estoy casi segura de que Jane habría disfrutado de lo lindo leyendo estas "Confesiones". Ya oigo las carcajadas resonando entre las paredes de Chawton. Exactamente las mismas que se oyeron en mi casa y estoy convencida, en todas aquellas que acojan este libro entre sus estanterías. Ya lo dice Belén en las páginas de su novela (y podéis creerla a pies juntillas) "¡es increíble la de casualidades que le ocurren a una jovencita con demasiado tiempo libre que vive en el condado mas aburrido de todo el reino de su gloriosa majestad!". Y es que en Pasley Manors, la imponente mansión donde transcurre la historia, no puede estar uno libre de sobresaltos.


¡Bienvenidos a Pasley Manors!
Imaginad una bella mansión inglesa con sus espléndidos salones y jardines ¿lo tenéis? Bien. Mi  Pasley Manors se parece al de la fotografía, pero eso ya va al gusto del lector. 
Como no podía faltar, tenemos entre sus moradores a madres casamenteras, nobles ociosos y extravagantes, mayordomos, damas de compañía, pretendientes y, como no, jóvenes casaderas. En especial una, que no tiene nombre, pero si labia y cuerda para rato. Gracias a la abundante correspondencia que mantiene con su amiga y confidente Edwina, nos introducimos en un mundo de bailes, meriendas y reuniones sociales que hará las delicias de todos los amantes de las historias de época. Y no únicamente.
Si este hubiera sido un romance de regencia cualquiera, hubiera podido darse el caso; pero en esta ocasión falta añadir un par de ingredientes que marcan la diferencia: un humor inteligente y una fina ironía que son marca personal de la autora.
Me es muy difícil escoger algunos fragmentos, pero tened una pequeña muestra con semejantes perlas:


"Una vez tuvimos un basset, pero, como era una boca más que alimentar, hubo que decidir si nos quedábamos con el o con mi hermano pequeño Arthur.
-¿Y quien ganó?
-¡Me ofende la duda! ¡Somos ingleses! El basset, por supuesto. Pero se fue con un vecino que le daba más de comer y nos tuvimos que quedar con Arthur."

"Querida hija mía, nos hemos quedado solos tú y yo. ¡Que vacía parece la casa!
-Si, padre.
-Es la primera vez que veo esa esquina, siempre había algún niño delante."

Así empieza cada una de las cartas: "Querida Edwina…"
Belén demuestra entre guiños de humor que conoce al detalle la época en la que enmarca su historia. Costumbres, diferencia de clases, convenciones sociales, los gustos literarios de una gran parte de la clase pudiente (¡ay aquellas "novelas tontas de ciertas damas novelistas" como diría George Eliot, plagadas de raptos, piratas y bandoleros). Todo pasa por su criba y se convierte en material para arrancar la sonrisa del lector.  
Al final, lo que tenemos entre manos, es un divertido homenaje a todas aquellas novelistas que nos han hecho soñar con sus historias, en especial, la gran Jane Austen. Una autora a la que Belén dedica guiños constantes que harán las delicias de todos los austenitas.

Cierto es que escribir humor, y resultar gracioso sin sonar forzado y sin caer en el mal gusto es  complicado. Pero Belén, con la elegancia y la finura de toda una señorita de época, lo ha conseguido.
No se que pensará ella de tal comparación, pero mientras leía, encontraba en sus páginas reminiscencias del humor de mi querida E.M Delafield y su Dama de provincias. Y si ella me enamoró con el personaje de Mademoiselle, la niñera francesa, Belén lo ha conseguido con Miss Peabody. Esa misma que afirma con orgullo "llevo sembrando el aburrimiento entre jóvenes desde 1780 y puedo decir que estoy muy orgullosa de ello".
Por eso, como ferviente admiradora que soy, le pido para ella una historia propia. ¡Cuanto juego no darán todos esos jóvenes desgraciados bajo su implacable yugo!

Solo puedo despedirme recomendando con total sinceridad tu libro y dándote mi enhorabuena Belén. Desde aquí, desde este reino (perdón, república) que vio nacer los jardines geométricos y los setos invasores, te mando toda la suerte del mundo :) 

Un abrazo a todos y ¡muy felices lecturas!