sábado, 18 de octubre de 2014

Londres: diario de viaje.

Bueno, ya veis que no nos vamos muy lejos desde la última entrada :) 
Como acogisteis con tanto cariño las crónicas londinenses de primavera y, como fue un placer escribirlas, repito hoy la experiencia. 
El objetivo principal de estos diarios es que podáis coger ideas para vuestros futuros viajes: un museo que visitar, un barrio, un buen sitio para comer o tomar un té, una librería... A mi son cosas que me encanta anotar antes de salir de viaje, y aunque las guías profesionales son muy socorridas para estas cosas, para mi no hay nada como una recomendación personal. Espero de corazón que estas líneas os sean útiles y que disfrutéis del paseo. 
Au revoir Paris!
Nuestro viaje empezó como siempre en la Gare du Nord de París, a eso de las ocho de la mañana.  Llegamos con el tiempo justo de pescar dos cafés (bien cargados), un par de croissants y algunas revistas antes de pasar el control y lanzarnos al tren. 
En la entrada del Eurotunel sufrimos un pequeño retraso, pero en poco más de dos horas y media…¡por fin llegamos a Saint Pancras!
Al salir de la estación, Londres nos recibió bajo un sol radiante; una buena señal y un aliciente para hacer andando el recorrido hasta el hotel, ya que no estaba muy lejos.
En esta ocasión decidimos desplazar nuestra base de operaciones, abandonando Pimlico por Bloomsbury (supongo que el espíritu de Virginia hizo de las suyas para retenernos en sus dominios).
The Kingsley está emplazado en un edificio eduardiano
y yo me enamoré de la balaustrada de
la escalera.
Libres ya de maletas y trastos salimos al encuentro de la cita más importante de nuestro viaje: la exposición de Virginia Woolf en la National Portrait Gallery. Como teníamos ganas de andar y de reencontrarnos plenamente con las calles de Londres fuimos andando a buen ritmo hacia el sur: High Holborn, Shaftesbury Avenue y Charing Cross hasta llegar por fin a las inmediaciones de Trafalgar Square. 
Era bastante temprano y no coincidimos con mucha gente, lo que fue perfecto para disfrutar con calma de una exposición tan íntima; porque esa es la primera palabra que me viene a la mente. 
Entrar en esa sala llena de objetos tan personales fue como entrar en el propio salón de Virginia, casi como intrusos que no han sido invitados. Ahí estaban  sus álbumes de fotografías, mostrando su vida desde la infancia a la madurez; los cuadros  que representaban a sus familiares y amigos, los que pintó su hermana y en los que ella aparece como protagonista… una vida entera a través de imágenes y escritos. Desde sus primeras cartas y novelas hasta esa última carta de despedida que escribió a su marido.
Os prometo que tuve que contener la emoción cuando terminé de leerla y justo al lado vi el bastón que encontró Leonard a orillas del rio Ouse, donde desapareció Virginia…

Es cierto que para disfrutar de la obra de un escritor no es estrictamente necesario conocer su biografía, muchos lectores prescindimos de este paso. Pero para entender a alguien como Virginia, para exprimir al máximo y enriquecernos con sus escritos, creo que es esencial acercarse a sus vivencias.
Hoy, después de indagar en los recovecos de su historia, su fotografía ha dejado de ser un mero símbolo colgado de las paredes de mi cuarto; hoy he empezado a entender, su fragilidad y su fuerza, la esencia y el valor de cada una de las líneas que nos ha legado. 

La entrada a la exposición.

Estas son algunas de las pinturas y fotografías expuestas.
Para dar estos primeros pasos hacia la vida y la obra de Virginia os recomiendo sin dudarlo la biografía que le ha dedicado Alexandra Harris. La compré en la tienda del museo y pocos días después ya la había terminado. En ella encontrareis varias de las fotografías de la exposición y de alguna forma sentiréis haber visitado la muestra por vuestro propio pie. El libro  no es muy extenso y está escrito de forma clara y didáctica sin renunciar por ello a la rigurosidad. 
Como no es muy rebuscada en estilo y vocabulario, creo que será una buena opción incluso para los que estéis dando los primeros pasos con el inglés. ¡Ya me contareis que tal si le dais una oportunidad!

Con la biografía bien guardada en el bolso salimos del museo, y tomando Pall Mall nos internarnos en Mayfair. Hicimos una parada para comer en  The market Tavern, un pub tradicional que encontramos recomendado en Tripadvisor y que no nos decepcionó en absoluto. Es bonito por dentro y por fuera y la comida fue deliciosa. Mayfair es una zona muy cara, y encontrar un sitio para comer por el precio que pagamos fue un golpe de suerte.
Una vez el estomago y el corazón contentos ya teníamos energía para recorrer Hyde Park como merece. Y que os puedo decir de él, estaba precioso como siempre. Todavía olía a verano, pero con los primeros signos del otoño bien presentes.

Estábamos tirados en el césped cuando de repente apareció un grupo de jóvenes
jinetes. Nos quedamos bobos mirando lo bien que montaban y la imagen tan bonita
que hacían.
Fue el momento perfecto para echarle una ojeada a la biografía de Virginia.
Cuando fue cayendo la tarde, decidimos volver andando hacia Bloomsbury, pasando por Mayfair y algunas de las tiendas que teníamos previsto visitar. Por el camino nos fuimos cruzando con hordas de gente cargadas con cestas de picnic y mantitas enrolladas bajo el brazo. Claro, es que en el parque se celebraban los Proms in the Park y muy pocos londinenses estaban dispuestos a perdérselo. 

Las calles de Mayfair como siempre nos deslumbraron con su opulencia; con sus tiendas y restaurantes de lujo, sus coches deportivos aparcados en plena calle…Aún así, no estábamos en nuestro elemento, solo éramos forasteros de paso con ganas de llegar a Piccadilly. Una vez allí hicimos las dos visitas de rigor: Fortnum&Mason y Hatchard's.

Entre las calles de Mayfair, escondidos a ojos de los transeúntes,
 nos encantó descubrir Mount Street Gardens. Ya sabemos para otra vez
que podemos venir aquí a comer nuestros sandwiches :)
Y no pude evitar enamorarme de Grosvenor Chapel
¡En cuanto vi su silueta me acordé tanto de las iglesias
de Nueva Inglaterra! Más tarde, buscando información sobre la capilla, me di cuenta de
que sirvió de inspiración para muchas de ellas.
En Fortnum ya podéis imaginar lo que hice. ¡Comprar mermelada! 
Este rincón es mi paraíso Fortuniano (palabrejo made in Marie). Mermeladas y más
mermeladas a cual más buena.
Y en Hatchard's esta vez me limité a hacer una visita de cortesía sin comprar nada.
Pero no iba a irme sin saludar a la decana de las librerías londinenses. 
Después de parar en un Marks&Spencer para comprar el picnic de la cena, fuimos a descansar al hotel y terminamos el día con un paseo por el Victoria Embankment una vez caída la noche. Pensar en Katherine Hilbery y Ralph Denham los protagonistas de Noche y día (V. Woolf) fue inevitable. Casi podía verles paseando arriba y abajo por la orilla del Támesis, buscando respuesta a esos imperiosos sentimientos que les empujaban el uno hacia el otro.
Si no estáis muy cansados después de una jornada de visitas, acercaros el
Embankment de noche. Seguro que los personajes de muchas de las historias
que habéis  leído os saldrán fácilmente al paso.


Y de un día para otro, Londres se despidió del sol y se levantó bajo una neblina otoñal. Bien temprano y con ganas de mover las piernas bajamos por Holborn y el Strand hasta llegar al puente de Waterloo; por él atravesamos el Támesis hasta llegar al Southbank Centre Book Market, un mercadillo de libros, abierto a diario, en el que podréis encontrar verdaderas gangas. Como era muy temprano todavía estaban montando los puestos, pero pude pescar un libro que me hizo mucha ilusión encontrar. 
  La gran sorpresa de la mañana vino cuando al llegar a la estación de Waterloo para coger la Northern Line nos dimos cuanta de que estaba cerrada por obras. ¿Como narices íbamos a llegar a Hampstead? 

Vistas desde el puente de Waterloo a primeras horas de la mañana.
La verdad es que nos las vimos y deseamos para encontrar el autobús correcto. Sabíamos que el 24 nos dejaba en Hampstead centro, pero es que nosotros queríamos llegar hasta Golders Green. ¡Señor llévame pronto! Menos mal que desde Victoria cogimos la linea de bus correcta. Una paradita en Marble Arch y de ahí por fin a Golders Green. 

Después de una parada en el Hampstead Literary Festival del que ya os hablé en el Septiembre de la A a la Z, seguimos la marcha hacia el West Heath y en el camino encontramos un tesoro escondido que jamás olvidaremos, The Hill Garden and Pergola
Al ver el cartel supimos que íbamos por buen camino y nos internamos
entre los árboles.
Entre suaves colinas, salpicadas de hojas avistamos la Pergola
Un lugar precioso, donde parece haberse detenido el tiempo.
¿Cuantas parejas habrán paseado entre sus columnas
desde los tiempos eduardianos en que fue construida?
Fue difícil despedirnos de Hill Garden pero, como el hambre también hacia estragos, seguimos nuestro camino hacia el centro de Hampstead. Como veis fue un gran paseo, nos tiramos toda la mañana andando, pero de veras merece la pena. Si hay un sitio en el que es un placer gastar los zapatos ese es Hampstead.  Es un placer pasear por sus calles estrechas, tomar algo dulce en alguno de sus numerosos salones de té (nosotros probamos Ginger&White), mirar sus casas y soñar que vives en alguna de ellas…

Bajando High Street, Flask Walk y merienda en Ginger&White.
Y como no, el mayor placer es perderse entre la espesura del Heath…


Nunca, nunca podré cansarme de pasear por aquí.
Antes de despedirnos de Hampstead no pudimos dejar de visitar a alguien especial. Dicen que en la que fue su residencia siempre es primavera, como en los más bellos de sus poemas; pero el refugio de Keats nos recibió bajo una primera capa de hojas de otoño.


La casa, con su sencillez y su jardín cerrado, me produjo una mezcla confusa de sensaciones: fue refugio del amor profundo que Keats sintió por Fanny Brawne, pero también reducto de su enfermedad. Alegría y tristeza, amor y dolor, todo se entremezcla entre sus paredes, dejándote un sentimiento de congoja. Pero por encima de todo ello, reina en majestad la belleza, tanto en el interior de la casa como en la sencilla perfección del jardín. 
La belleza a la que Keats cantó en sus poemas y a la que dedicó su corta vida.
Si visitáis Hampstead no dejéis de hacerle una visita a la casa del poeta "cuyo nombre fue escrito en el agua".


El tercer día, como no habíamos andado bastante decidimos dar el todo por el todo. A Jean le apetecía subir a la cúpula de Saint Paul para ver las vistas y yo, que me apunto a un bombardeo, no le iba a decir que no. Nos levantamos temprano, muy temprano y después de desayunar nos pusimos en marcha. Íbamos a coger el metro pero como ya llevábamos el ritmo en el cuerpo nos dijimos: "Va, ¿por qué no vamos andando y así vemos la City levantarse?". Y eso hicimos, nos infiltramos entre las filas de londinenses, que trajeados y veloces volaban hacia sus oficinas, y salimos pitando hacia Saint Paul.

Primero Holborn, luego Newgate Street y por fin llegamos a los pies de la catedral.
Después solo nos faltó subir los 528 escalones que llevan hasta el punto más alto de la cúpula. Me va a matar por decirlo pero a Jean le dio un vértigo para morirse en el último tramo de escaleras que son de hierro, estrechitas y dejan ver el vació bajo tus pies. A mi me dio un ataque de risa al verle la cara de circunstancias. ¿No querías escaleras? Pues toma dos tazas :) 
La verdad es que a menos que seáis un fanáticos de las panorámicas no os recomiendo subir hasta arriba. Podréis emplear ese tiempo en descubrir Londres en su parte mas fascinante, a ras de suelo. Así como veo a París como una ciudad de panorámicas, no me sucede lo mismo con Londres. 

Mirad que cielo amenazador sobre nuestras cabezas, menos mal que no llegó
a llover.
Después de la maratón en las alturas volvimos a Bloomsbury para disfrutar de sus plazas, de su ambiente y como no de la ronda tradicional de librerías. En la primera imagen del siguiente cuadro tenéis un pequeño mapa donde he anotado con estrellas violetas algunos de mis lugares imprescindibles de Bloomsbury.
En un pequeño radio tenéis una sugerencia de alojamiento, varias librerías y un salón de té.
Las tres fotos restantes son vistas de Bloomsbury Square, mi square favorita.
El circuito de librerías empezó en the London Review Bookshop. Ya os hablé de ella y de su maravilloso café en la primera crónica londinense. No podéis perdérosla si visitáis Bloomsbury. 

Me encanta el contraste del verde y el dorado de la entrada. Me recuerda a una
biblioteca antigua.
Otra librería que no podéis dejar escapar es el Oxfam Books de Bloomsbury Street. Fue Winnifred quien me descubrió las librerías Oxfam y le estaré eternamente agradecida. Nunca había visitado ninguna y son verdaderas minas de tesoros a buen precio. Si no os importa tener libros de ocasión, viejitos pero con una historia detrás, no dudéis en entrar. En el Oxfam de Bloomsbury tienen un amplio surtido de ficción y no ficción. Me juego lo que sea a que no salís con las manos vacías. 


Y hablando de joyas de ocasión, no puedo más que recomendaros Jarndyce Books. Que alegría haberme atrevido a entrar. Desde fuera, el cartel "especialistas en libros del s.XVIII y XIX" y el timbre dorado al que había que llamar, me impusieron un poco. Pero menos mal que la curiosidad venció a la timidez. En las estanterías verde oliva de esta librería se esconden verdaderos tesoros.
Los precios varían desde lo muy caro a lo muy barato, así que hay opciones para todos los bolsillos. La librera que estaba al cargo de la tienda fue extremadamente amable y paciente con mi inglés. Cuando le comenté que buscaba algún libro escrito por una autora de época, me guió por las estanterías con gran diligencia. ¡Como se nota cuando un librero conoce bien sus fondos y es un apasionado de su oficio! 
En poco tiempo dimos con el ejemplar perfecto. Y a él añadí dos postales ilustradas con portadas antiguas. ¡Tenéis un buen montón para elegir!

Escaparate de Jarndyce, con el ejemplar verde de Cider with Rosie
que me convenció para llamar al timbre y entrar en la librería.

Y para poner el broche final, no podía faltar una visita a Lamb's Conduit y a Persephone. ¿Puede una librería ser más perfecta? Los colores de la decoración, las flores frescas que cambian con el ritmo de las estaciones, las pilas de libros grises y sus marcapáginas… Entrar en Persephone es como entrar en casa. Esta vez me traje un solo libro gris, pero bien gordito :)
Todo Bloomsbury, sus calles, su ambiente tiene el poder de hacerme sentir
como en casa; como si este fuese mi barrio y no tuviese que dejarlo nunca.

Después de comer unos sandwiches en Russell Square, tuvimos que ir haciéndonos a la idea de que en pocas horas ya no andaríamos por las calles de Londres. Para subir el ánimo y ponerle un toque dulce a la despedida nada mejor que un buen té con scones. Ya sabéis que en Londres hay miles de sitios donde disfrutar de un buen té, adaptados a todo tipo de bolsillos. Tea and Tattle el pequeño salón de té que yo os invito a visitar es baratísimo y está realmente rico. 
No tiene perdida porque está justo enfrente de la entrada del British Museum, y aunque os parezca extraño, a él se llega entrando en una librería. ¿Podría ser mejor, libros y té por el precio de uno? :) 
Té de jazmín y scones con mermelada de frambuesa y vainilla. 
Con este tea for two y cargados con las maletas, como siempre algo más pesadas que a nuestra llegada, llegamos a Saint Pancras y nos despedimos de Londres. Nuevas fotos y nuevos recuerdos se vinieron con nosotros para engrosar nuestro baúl personal.

Eso es lo más importante de viajar, no solo descubrir nuevos sitios, sino atesorar recuerdos y vivencias que los hagan especiales. Existe un Londres perfecto para cada uno de nosotros, solo tenéis que recorrerlo arriba y abajo hasta encontrarlo, sin miedo a gastar los zapatos. Pronto algunos rincones os harán sentir como en casa, los haréis vuestros y formarán parte de vuestro Londres particular. Lo mejor de todo, será saber que seguirán ahí aunque pasen los años, esperando el momento en que podáis regresar.                                                                                   Un beso grande a todos y ¡muy feliz fin de semana!                 
PD. Esta semana sin falta os enseño los libros de la maleta londinense. Espero que alguno de ellos os guste y pueda ser material de próxima lectura :)