jueves, 5 de mayo de 2016

Notas de abril y últimas lecturas

Saqué esta fotografía el año pasado por las mismas fechas. También llovía.
Llega mayo y toca hacer recuento de los pasados meses. Marzo y abril fueron bastante lluviosos y desapacibles por aquí. Por cada día soleado salían cinco grises; pero bueno como decimos por aquí il faut faire avec. No se si os ocurre a vosotros, pero a mi estas semanas invernales, que transcurren entre el fin de las fiestas de Navidad y la llegada de la primavera, siempre me parecen un momento de calma, de monotonía, de espera.  Es cierto que el tiempo en el que las estaciones condicionaban con fuerza nuestro día a día quedó atrás, pero supongo que algo queda en nuestra naturaleza pidiendo renacer con la llegada del buen tiempo.

Que os puedo decir, París empieza a estar precioso estos días. Me encanta ver las caras de los turistas que han elegido venir en primavera. Ya no van cargados con chubasqueros, ni haciendo malabares con los guantes para comerse los crêpes callejeros. Ahora invaden felices las sillas verdes del Jardín de Luxemburgo, los quais del Sena y las escaleras de Montmartre. Hasta la música del acordeón de turno tocando  Edith Piaf debe resultarles aún más irresistible.

En marzo y abril a mi me gustó pasear bajo la lluvia; no tanto los efectos de la humedad en mi pelo (Hola, soy el rey león); me gustó comer en este restaurante de Narbona (que os recomiendo encarecidamente si visitais la ciudad) y pasear de nuevo por las estanterías de Sauramps en Montpellier. No me gustó compartir cena con algunos individuos dotados de encefalograma plano y abultada cartera; pero si reírme por lo bajito de su ridícula existencia.  Me gustó disfrutar de buenas lecturas y de buenos momentos frente a la pantalla (mayoritariamente del ordenador, porque ya me he dado por vencida con la tele) y como pequeña muestra aquí os dejo una lista con algunos de mis mejores momentos:

- Estos meses he vuelto a leer a Walt Whitman y me he enfadado mucho conmigo misma por no haberlo hecho antes. A veces pienso que debería leerlo con la religiosidad con la que antaño los creyentes leían los salmos.

"Juro que empiezo a ver el significado de todo esto.
No es la Tierra, no es América lo que es tan grande.
Soy yo el que lo es, o lo ha de ser; eres Tú, ahí arriba, o cualquiera.
Lo es caminar, a buen paso, por civilizaciones, gobiernos, teorías,
por poemas, festivales y espectáculos, para formar individuos."

- Me ha encantado leer las reflexiones de Rafael Argullol sobre el provinciano global.

-  Y también la serie Peaky Blinders, que he devorado en pocos días. Siempre he tenido debilidad por las historias de los bajos fondos y sus bandas, y lo cierto es que la familia Shelby es material de primera. ¡Vaya actuaciones! Cillian Murphy...a tus pies.


Walt Whitman, "Étretat" de Monet, imagen de la princesa Kaguya y Cillian
Murphy como Tommy Shelby.

- La película "El cuento de La princesa Kaguya", una de las últimas creaciones del estudio Ghibli me ha parecido una joya. La historia, las imágenes, la música...¡cuánta belleza! Si no la habéis visto ¡rápido, no esperéis más!

- Y si estáis interesados en la historia de la antigua Roma o incluso si sois novatos en la materia, os invito a ver la nueva serie de documentales de Mary Beard, Mary Beard's Ultimate Rome: Empire Without Limit que está emitiendo la BBC Two. De momento podéis ver aquí el primer capítulo. A mi Mary Beard, con su pasión y su forma rigurosa y amena de hacer historia, nunca me decepciona.

- Por último me encantó visitar la exposición L'atelier en plein air/Les impressionnistes en Normandie en el Jacquemart-Andrée. Si os gusta el movimiento impresionista y visitáis París estos días no podéis perdérosla. Mientras paseaba por las distintas salas, y me maravillaba con la luz de los cuadros, no podía evitar pensar lo mucho que echo de menos la costa normanda. El mediterráneo es mi mar, pero la fuerza de las olas en los acantilados de Étretat y Fécamp me hace sentir especialmente viva. El viento, las playas de guijarros, la promesa de Inglaterra en el horizonte...adoro cada imagen de ese rincón de Francia.

Y como no, antes de cerrar la entrada, un pequeño repaso a lo que leí en marzo y abril. Como veis en la foto de familia, Charlotte Brontë ha sido la gran protagonista. Después de leer la célebre biografía que le dedicó Elizabeth Gaskell ya no pude parar; a esta le siguieron "Villette" y las relecturas de "Jane Eyre" (una tradición anual, como lo es releer un Austen) y de "El profesor" la primera novela de Charlotte. Ahora solo me queda "Shirley" en la recamara y "Agnes Grey" de la benjamina Anne. No creo que vaya a hacerles esperar demasiado. Me niego a despedirme de Haworth todavía.

Hasta mi mini árbol está contento con la llegada del buen tiempo. Nunca fue más
cierto el dicho: Marzo ventoso y abril lluvioso hacen un mayo florido y hermoso.
¡Olé!
Mrs Palfrey at the Claremont de Elizabeth Taylor fue otra excelente lectura, pero tremendamente triste. Os contaré más en la reseña.

Reencuentro de Fred Uhlman y La belle de Joza de Kveta Legátová fueron dos lecturas breves pero intensas. Dos instantes de vida, de amor y amistad en los albores y bajo los días aciagos del III Reich.

Reencuentro de Fred Uhlman centra su atención en la amistad que surge entre el hijo de un médico judío y el descendiente de una ilustre familia protestante. Corre el año 1932 cuando Hans y Conrad se conocen en los bancos de un colegio de Stuttgart. El respeto inicial que se muestran ambos, pronto se convierte en una amistad profunda y sincera. Pero el clima turbulento que llega de la capital pronto alcanza la apacible ciudad de provincias. Los preceptos del nacionalsocialismo avanzan y de pronto una amistad semejante deja de ser posible. Reencuentro es una novella pausada y poética. Cuando vas avanzando con ella, te parece casi imposible que de un momento a otro todo vaya a bascular. Pero la ruptura llega y no puedes más que contener la emoción hasta la última línea. Una última línea que en esta ocasión da sentido a toda la novela. 
Os la recomiendo totalmente y le asigno con honores el año 1971 en mi Century of Books.

La belle de Joza de Kveta Legátová fue publicado en castellano como La Transformación, y lo cierto es que el título no podía ser más acertado. El periplo de Eliska, una joven doctora checoslovaca que debe esconderse en las montañas para escapar de la Gestapo, tiene mucho de transformación completa. En su nueva vida, Eliska se forja una nueva identidad a través del amor, de la cotidianidad y del contacto con la naturaleza. La narración de su periplo tiene mucho de antiguo cuento eslavo, su misma atmósfera, sus mismos momentos de crueldad y bondad en medio de los bosques. Momentos tiernos y solidarios entre personas que acaban de conocerse apenas, pero que te hacen creer en la belleza y en la bondad humana. Ya lo dice Eliska en la novela: el hombre avanza imparable, entre amor y violencia, entre humanidad y crueldad, como una eterna rueda de molino. Eliska y el campesino Joza, encuentran la paz en su aislamiento, pero inevitablemente la guerra acaba por encontrarlos. Me ha gustado muchísimo esta pequeña novela. Su autora Kveta Legátová empezó su carrera literaria a los 82 años; celebro que decidiese dar el paso.


En esta ocasión todas las novelas están disponibles
en castellano.
Estación Victoria a las 4.30 de Cecil Roberts, publicada en 1937, fue la lectura más entrañable del montoncito. No es una novela con una trama central, si no la historia fraccionada de 13 personajes con orígenes y motivaciones muy dispares. La única cosa que tienen en común es que todos tienen un billete para el tren (Night Ferry) que sale a las 4.30 de la londinense estación Victoria. Allí es donde todos se congregan para proseguir sus viajes al continente. 
La primera parte de la novela sirve como introducción de las distintas historias y la segunda entrelaza los destinos de algunos de los pasajeros, desvelándonos el final de su viaje. Aparecen así un famoso director de orquesta que se dirige a Salzburgo, una pareja de recién casados, un escritor víctima de un bloqueo que busca inspiración en el continente, un viejo general ruso reconvertido en guía turístico para gente adinerada...una galería de personajes encantadores con los que es muy agradable compartir travesía. Si sois de los que hacéis conjeturas sobre vuestros compañeros de viaje cuando subís a un tren o a un avión, estoy segura de que disfrutareis de Estación victoria a las 4.30. Fue publicado en castellano en la colección Los novelones de la ser, será fácil que deis con algún ejemplar en alguna librería de ocasión. 

En la playa de Chesil de Ian McEwan fue por su parte una de las lecturas más tristes. McEwan cuenta la historia de una joven pareja en su noche de bodas. Básicamente la tragedia silenciosa que tiene lugar en un pequeño hotel de la costa de Dorset y las causas que llevaron a ese desenlace. Brevemente y alternando los puntos de vista, McEwan muestra como se conocieron y enamoraron el joven historiador y la prometedora violinista; y como sus miedos, el pudor y la falta de comunicación les llevaron al desastre. Me sentí realmente incómoda, triste e impotente mientras leía esta historia. ¡Cuántas parejas habrán sufrido la situación que se describe en la novela! No me gustó tanto como Expiación, pero confirma lo mucho que me gusta la escritura de McEwan.

Y hasta aquí el repaso. Este mes si que me atrevo a recomendaros todos los libros que han aparecido en la entrada. A ver si sigue la buena racha en las próximas semanas. 

Un fuerte abrazo y muy felices lecturas a todos.