martes, 20 de noviembre de 2018

Regreso a Aix-en-Provence.

El fin de semana pasado, después de cinco años de ausencia, volví a visitar Aix-en-provence

Con la excusa de un cumpleaños en Marsella, decidimos hacer un alto en esta pequeña ciudad que forma parte de mi misma.
En Aix estudié gran parte de la carrera, conocí a los que aún hoy son mis mejores amigos y maduré hasta convertirme en la chica que escribe estas líneas.
Creo que cualquier lugar en el que se hayan vivido estas experiencias, se convierte en un sitio mágico, único a nuestros ojos; pero si a ello le sumamos la belleza de la pequeña capital de la Provenza...no hay palabras para describir la nostalgia que me envuelve cuando pienso en ella.

Place d'Albertas

Aix es una ciudad coqueta y elegante, pese al aspecto decadente que muestran las fachadas de algunos de sus edificios. Dicen los carteles que la publicitan, que Aix es ciudad de artes y de agua, y están en lo cierto (su propio nombre lo indica). No hay calle en Aix que no invoque al arte, que no inspire el ojo del artista; y sobre todo no hay calle en Aix que esté en completamente silenciosa, incluso a altas horas de la madrugada. Casi todas sus calles están colmadas del murmullo incesante de una fuente cercana. Las hay esculturales o sencillas, escondidas o ilustres, de agua fría o templada.


Mis preferidas: Fontaine des Quatre Dauphins y Fontaine des Trois Ormeaux.

Ahora, en estos días de noviembre, el sonido de lluvia se suma al de las fuentes dando un irresistible toque otoñal a las calles empedradas. En el suelo y en las copas de los árboles, se arremolinan las últimas hojas y, mientras camino sobre ellas, contemplándolo todo bajo mi paraguas, no puedo evitar mostrar una sonrisa en los labios y un punto de tristeza en la mirada. Qué se le va a hacer. Ciertos lugares ocupan parte importante de nuestro corazón. Guardan en cada una de sus calles, plazas y esquinas, tantos recuerdos y tantas vivencias, que es imposible no sentir al volver a ellos, una mezcla de alegría y congoja.
Nostalgia por los tiempos que fueron, por aquello que fuimos y por todo lo que aún permanece en nuestro corazón y en nuestra memoria. 


Viejas costumbres. Merendar en la Maison Weibel y pasear por
las calles de Aix hasta llegar al Cours Mirabeau.

Si un día tenéis la oportunidad de venir, intentad hacerlo en plena primavera, antes de que lleguen los sofocantes días del verano. El olor a lavanda, a hierbas de Provenza y a jabón os guiará hasta uno de los muchos mercados tradicionales. El de la Place Richelme, el del Hôtel de Ville y el de la Place des Prêcheurs son mis preferidos.

Comed una porción de pizza o una focaccia en el Pizza Capri de la Rue Fabrot y probad un crêpe de Crêpes a Go Go, bajo la Place de La Rotonde. En la mano, sentados en un banco del cours Mirabeau, como si fueseis estudiantes que penan por llegar a fin de mes. Cuántas veces lo he hecho yo con mis compañeras, mientras cargaba con un ramo de girasoles o margaritas comprados en el mercado. Un auto regalo semanal, que me valió el sobrenombre de la fille aux fleurs en la residencia universitaria.

Cuando estéis en Aix honrad a sus dos chicos ilustres. Uno, pintor visionario, acabaría revolucionando la historia de la pintura; el otro haría otro tanto con la literatura. El tiempo terminó por separarles, pero ambos fueron inseparables durante los días de primera juventud, entre el Collège Bourbon y las colinas del Pays d'Aix. Esa es la imagen que me gusta conservar de Paul Cézanne y Emile Zola. Dos maestros que aprendí a amar en Aix. 
Hoy una elegante brasserie del Cours Mirabeau lleva el nombre de Les deux Garçons en su honor. Es algo cara, pero bien merece la visita.


Rue des Bouquinistes Obscurs, la librería donde empezó mi relación con los libros
de ocasión y la Librairie Anglaise de Aix, donde me refugiaba con mi inseparable
amiga Stephanie.

Mientras paseaba por Aix, imaginaba el retrato que Zola hizo de ella en La fortuna de los Rougon (primer volumen de su serie Les Rougon-Macquart). Ahí estaban el Cours Mirabeau, principal arteria de la ciudad, en la que todo Aix se congregaba para ver y ser visto. El aristocrático Quartier Mazarin, situado al sur de la avenida. Y al norte, el barrio medieval con sus calles abigarradas y estrechas. 
Hoy, pocas cosas han cambiado y la ciudad sigue repartida entre estos tres mundos. 
Si podéis, leed La fortuna de los Rougon antes o durante vuestro viaje a Aix. Podéis comprar un ejemplar en una de las librerías de la ciudad, con la Librairie Goulard y Rue des Bouquinistes Obscurs a la cabeza (ambas fueron mi segundo hogar durante mis años en Aix). 

Comed calissons y rebanadas de pan con tapenade. Chocolate de Puyricard o pralinés de la Maison Weibel. Sentid la explosión de sabores de esta tierra provenzal, que tanto aúna de Francia y de Italia, en olores, en arte y en la forma de ver la vida.
Si vais hasta allí, disfrutad al máximo de la visita y, por favor, mandadle a la ciudad (por lo bajito) un saludo de parte mía.

Muy feliz semana a todos.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Dos años en Lyon

Cómo pasa el tiempo. Frase manida, lo sé, pero no por ello menos cierta. 
Tal día como hoy, hace dos años, Jean y yo dejábamos París para instalarnos en Lyon, y aunque echemos de menos muchísimas cosas de allí, estamos muy a gusto en nuestra nueva ciudad.
Todos salimos ganando con la mudanza. Todos, menos el rinconcito. En estos últimos dos años he escrito muy poco por aquí (por no decir nada), y he terminado refugiándome en la inmediatez de Instagram.
Si, es cierto que disfruto mucho con esta red social, pero pese a todas sus virtudes, no puedo compararla con el blog. Con la satisfacción que sentía al publicar entradas. Textos redactados con tiempo, con esmero, con cariño.

No sé con que frecuencia volveré a escribir por aquí; solo sé que me apetece y que me hace feliz estar de vuelta.

Por cuestiones de derechos y de normativas europeas (no estoy yo muy puesta en estas cosas) desactivé los comentarios del blog hace unos meses. Me temo que voy a dejarlo como está, no vaya a verme entre rejas con la Navidad a la vuelta de la esquina...aunque, ¿sabéis qué? ¡A lo loco! Escribid lo que queráis y si acaba mal la cosa, mandadme turrón.  

Un fuerte abrazo a todos y muy feliz fin de semana.




Mi primera década del Century of Books: Thomas Mann, Elizabeth Von Arnim, Jack London
Edith Wharton, Upton Sinclair, Frances Hodgson Burnett y E.M Forster. 

Un pequeño apunte para comentaros mi lectura actual. ¿Os acordáis de mi Century of Books? ¿Ese pobre proyecto, que quedó tan abandonado como el rinconcito?
Bien; pues el otro día, echando un vistazo a los libros que tenía anotados y me faltaban por leer, me di cuenta de que aún tenía títulos pendientes de la primera década del siglo. Una década que me había proporcionado lecturas tan buenas como 'Martin Eden' de Jack London, 'La casa de la alegría' de Edith Wharton o 'Una habitación con vistas' de E.M Forster.
Uno de esos títulos pendientes era 'Los Buddenbrook' de Thomas Mann. Una saga familiar, de esas que tanto me gustan, que estaba cogiendo polvo en mis estanterías desde tiempo inmemorial.
Ayer mismo decidí empezarla y, de momento, puedo deciros que la estoy disfrutando mucho.

Seguiré informando de los avances.

lunes, 15 de enero de 2018

'Agnes Grey' de Anne Brontë

'Agnes Grey' y el crumble de manzana que nos
comimos este fin de semana.
"En todas las historias verdaderas hay enseñanzas, aunque puede que en algunas nos cueste encontrar el tesoro...".

Así empieza 'Agnes Grey' mi primera lectura de 2018. Esta era la última novela de las hermanas Brontë que tenía por leer y ha resultado ser el broche de oro perfecto. Un libro emotivo, sencillo y valiente que he cerrado con una sonrisa en los labios y un puntito de tristeza.

Agnes Grey, hija de un clérigo del norte de Inglaterra, es una joven afable y bien educada que ha crecido junto a sus padres y hermana en un pequeño presbiterio aislado entre páramos salvajes. Un buen día, acuciada por las  dificultades económicas que atraviesa su familia, decide buscar un puesto como institutriz en una familia local que necesite de sus servicios. Pero una vez en su puesto de trabajo, todas las expectativas de realizarse y las ilusiones de Agnes se vienen abajo una a una. A la crueldad y la mala educación de sus alumnos, se une la indiferencia y los desplantes de sus patronos; el mutismo del resto de empleados de la casa y la más absoluta soledad. 

Perseverancia, fe y coraje serán las armas de Agnes para salir adelante. Y es que, en medio de la mayor tristeza, siempre queda un hueco para la esperanza...



Creo que no tendré el respaldo general al preferir 'Agnes Grey' a la 'Inquilina de Wildfell Hall', pero no puedo más que afirmar que he adorado cada una de las páginas de 'Agnes Grey' (exceptuando quizá un final demasiado precipitado). Desde las primeras escenas en las que Agnes se aleja de su querido presbiterio, cargada de sus pocos enseres y sus más numerosas ilusiones, he empatizado con ella y sobretodo con su sincero y desgarrador testimonio. 

"¡Qué delicioso ser institutriz! Salir al mundo; emprender una nueva vida; actuar por mi misma; ejercitar mis facultades aún sin utilizar; poner a prueba mis fuerzas desconocidas; ganar mi propia manutención y algo que consolara y ayudara a mi padre, mi madre y mi hermana...".

Que tristeza ser testigo del derrumbe de las expectativas de Agnes cuando esta se enfrenta por fin a su primer empleo como institutriz. Unas vivencias de dolorosa lectura que, pese a prestarse a ello, no caen en ningún momento en el melodrama ni en la exageración. Con un estilo simple, directo e impecable, Anne Brontë expone, a través de la experiencia de su heroína, la realidad (y nada más que la realidad) del trabajo que desempeñaban las institutrices de su época. 

Empleadas, pero no criadas como tal; acompañantes sempiternas de la familia, pero un ningún caso miembro de ella, las institutrices lidiaban con una soledad casi completa a excepción de la compañía de los niños que tenían a su cuidado. Vistas con recelo por sus patronos, si el comportamiento de sus hijos no era ejemplar; las institutrices no solo debían lidiar con los desplantes de la esfera familiar si no también con la imagen de conmiseración e indiferencia que proyectaban en los demás. La imagen de una mujer soltera y solitaria que debía ocuparse de la educación de los hijos de los demás para sobrevivir. 

'The Governess' de Richard Redgrave. Una pintura que muestra a la perfección
la soledad y el desamparo de la vida de la institutriz.

Agnes atravesará todas estas situaciones en sus dos trabajos como institutriz. En primer lugar en el hogar de los horribles Bloomfield, y después en Horton House residencia de la familia Murray. Sufrimos con ella en muchos momentos, pero también nos alegramos cuando su paciencia, su perseverancia y su bondad terminan obteniendo recompensa. En las páginas de 'Agnes Grey' somos testigos de unos de los romances más tiernos que he tenido la posibilidad de leer. En mi memoria quedan ya las preciosas escenas de unas prímulas obsequiadas durante un paseo, un paraguas ofrecido en el momento perfecto y la de una pareja paseando por la playa.

Quizá por eso cerré la novela con una mezcla de alegría y tristeza. Alegría por el final feliz de Agnes y tristeza porque los paralelismos de su vida con Anne (criadas ambas entre los páramos del norte de Inglaterra. Hijas de clérigo y las más jóvenes de sus hermanos. Despedidas de su primer puesto de trabajo y fascinadas por el mar...), no terminaron de la misma forma en una playa de Scarborough. Se que soy una sentimental, pero os prometo que casi lloré mientras leía el capítulo en el que Agnes describe el efecto del mar en su espíritu, en el que alaba la fuerza y la belleza de la marea y las pisadas nuevas en la arena. En esos momentos sentí que era Anne directamente la que me hablaba al oído...

Poco más puedo añadir. 'Agnes Grey' es una novela preciosa sobre la superación de las dificultades y la voluntad de ser fiel a uno mismo. Creo que puede ser una excelente puerta de entrada a la obra de las hermanas Brontë y, por supuesto, el recordatorio de que Anne no tenía nada que envidiar a sus hermanas. Escribió como vivió, con una entereza y una sinceridad dignas de admirar. 

Muy felices lecturas a todos. 

Receta de crumble de manzana y canela (sencillísimo y riquísimo):
- 4 manzanas reineta
- 150g de azúcar moreno
- 150g de harina
- 90g de mantequilla
- 1 sobrecito de azúcar vainillado
- canela (a voluntad)

Pela, quita las pepitas y corta a dados las manzanas. Coloca los trocitos en una bandeja para horno (de las que se usan para gratinar) y espolvorea con el azúcar vainilla y la canela. 
En un bol mezcla la harina, la mantequilla derretida y el azúcar moreno. Mezcla con los dedos hasta obtener una pasta arenosa. Cubre las manzanas con esta masa de crumble y hornea durante 35 min a 200º. Vigila que no se dore demasiado, si no puede quedar demasiado crujiente. Sirve caliente con una bola de helado de vainilla y ¡buen provecho! 

jueves, 11 de enero de 2018

'Shirley' de Charlotte Brontë

'Shirley' se ha convertido en mi segunda novela favorita
de Charlotte, después de 'Jane Eyre'.
Corre el año 1831 cuando Charlotte Brontë llega como alumna a Roe Head, el colegio regentado por la señorita Wooler. Elizabeth Gaskell lo describe así en su 'Vida de Charlotte Brontë': "una casa solariega acogedora y espaciosa que se alza un poco aislada en el campo a la derecha de la carretera de Leeds a Huddersfield". Un lugar en el que las modestas casas de los campesinos se alzaban cerca de las de los propietarios que habían hecho fortuna en sus fábricas, y de las antiguas y solemnes casas solariegas de los nobles. 

La señorita Wooler tenía la costumbre de contar a sus alumnas los acontecimientos acaecidos en la región, envolviéndolos en un halo de misterio irresistible para sus jóvenes pupilas. En sus narraciones revivió para ellas los tiempos de las revueltas luditas entre los páramos solitarios, los atentados e incendios de fábricas; tiempos oscuros de inseguridad y de hambre. Muchos años después Charlotte no había olvidado aquellas historias y decidida a escribir una nueva novela, tras el éxito de 'Jane Eyre', decidió escribir a Leeds para procurarse ejemplares del Mercury (periódico local) para empezar su labor de documentación. Así nació 'Shirley', una novela que la propia autora definía así: "Esta historia es tan romántica como el lunes lo es para trabajadores que deben retomar una vez más su faena." Charlotte deseaba crear una novela social, donde la realidad (sin injerencias de ningún artificio romántico o gótico) fuese absoluta protagonista. Y vaya si lo consiguió. 

Corren los años de las guerras napoleónicas (1811-1812), y los tiempos son duros en Yorkshire. Las manufacturas de Robert Moore han dejado de producir y los obreros, amenazados por la nueva maquinaria y los despidos, se preparan para la revuelta. Todo el pequeño pueblo de Briarsfield espera expectante los acontecimientos y muy pronto los destinos de todos ellos empiezan a cruzarse. En especial el de Caroline Helstone, la dulce y humilde sobrina del reverendo, enamorada en secreto de Robert, y el de la recién llegada Shirley Keeldar, una joven heredera, decidida y adinerada que muy pronto entabla amistad con el joven y apuesto propietario...


La semana antes de la muerte de su hermana Anne, Charlotte había estado escribiendo sin descanso. En sus manos tenía el manuscrito de Shirley. Una labor que se había visto interrumpida tras los trágicos acontecimientos de la muerte de Branwell y Emily.


'Shirley', como ya dejaba claro su autora desde sus primeros compases, no tiene la fuerza arrolladora ni el romanticismo de 'Jane Eyre'; tampoco la soberbia profundidad psicológica de 'Villette' y sin embargo, en su desarrollo, reúne todos los elementos que hacen de Charlotte la grandísima novelista que fue.
No esperéis una trama de grandes acontecimientos ni golpes de efecto (aunque alguna sorpresa de última hora consiga cambiar el curso de la historia), si no esa sucesión constante  de pequeños 'nadas' que nacen de la vida cotidiana.

Creedme, uno no pasa por encima de una lectura como esta, uno no puede más que habitarla. Imaginad que estáis en el campo, en el pequeño pueblecito de Briarsfield; allí hay cuatro casas principales: el presbiterio del Señor Helstone, la manufactura de un joven fabricante, Robert Moore, la mansión de Fieldhield que pertenece a Shirley Keeldar y la casa de un viejo contratante, el Señor Hiram Yorke.  El cuadro de costumbres es cuidado, la descripción de los páramos de Yorkshire a lo largo de las estaciones sublime. Por ahí andan todavía los vicarios, las viejas solteronas pobres que dedican sus días a las buenas obras, las matronas altivas de provincias con sus ramilletes de hijas casaderas, obreros desesperados, institutrices y preceptores. Día tras día vivimos a su lado, siendo testigos de sus conversaciones y secretos. Espectadores de unos cuadros de interior llenos de encanto que quedan grabados para siempre en la memoria. Adoro que 'Shirley' sea una de esas novelas en las que se describe al detalle las comidas de los personajes. Rosbif, Yorkshire Pudding, verduras, queso y pastel especiado. Vino, licores y cerveza. Un té donde no faltan las tostadas y un recipiente bien lleno de mermelada de naranja; tartaletas y pastelillos de queso y limón, platos con finas lonchas de jamón aderezado con perejil...¡una delicia para los sentidos!

Y que decir de la galería de personajes amables, curiosos y originales que crea Charlotte, ¡es absolutamente maravillosa! Adoro a la familia Yorke, en especial al pequeño Martin (quien tendrá un papel crucial en la novela). A las dos ancianas solteronas y a Hortense, la hermana de Robert (pese a sus muchos defectos).  Y por encima de todo a los tres personajes protagonistas y la amistad que les une. 
Robert y su lucha por elegir entre el amor y la pobreza o el dinero y la salvación de sus negocios. La humanidad y la dulzura de Caroline. Una joven que, pese a su timidez, desea expandir sus alas y encontrar su lugar en el mundo. Y como no Shirley, la huérfana y rica heredera. Una mujer valiente; un espíritu libre, al que Charlotte dotó de muchos de los rasgos de su hermana Emily. La alusión a su amor por el brezo y el gusto por preferir tumbarse en la alfombra a cualquier sillón. Su independencia y sus ansias de libertad. Su fiel compañero Keeper, retratado en la figura de Tartar, y el episodio del perro rabioso y la herida cauterizada con las tenacillas de Tabby al rojo vivo son solo algunos ejemplos. 


Grabados que representan las distintas localizaciones de la novela.

La páginas de la novela están llenas de pasión y fuerza; de un espíritu de insumisión y de revuelta contra las convenciones. Y ¿sabéis que es lo que más me gusta de todo? Qué las auténticas protagonistas de todo ello sean mujeres.
'Shirley' está plagada de ellas. Habla de mujeres que aman, mujeres que sufren por amor, mujeres que nunca han sido amadas. Mujeres que claman por ser escuchadas y comprendidas; que anhelan un campo de acción más amplio que las paredes del hogar: "Si los hombres pudiesen vernos como realmente somos, se asombrarían; pero los hombres más inteligentes y agudos se engañan a menudo con respecto a las mujeres: no saben verlas a su auténtica luz, no las entienden, ni para bien ni para mal: la mujer que consideran buena es una cosa extraña, medio ángel, medio muñeca; la mujer que creen mala es casi siempre un demonio." 
El discurso de la pequeña Rose sobre su objetivo de cultivar sus talentos, su deseo de vagar por el mundo con objetivos que cumplir es admirable. Como también lo es la exhortación de Charlotte a los padres de familia: "¡Hombres de Yorkshire! [...] ¿deseáis sentiros orgullosos de vuestras hijas y no abochornados? Buscadles pues una ocupación que las aleje del coqueteo, de las intrigas y los chismorreos maliciosos. Si dejáis que los cerebros de vuestras hijas sigan estando constreñidos, encadenados, ellas seguirán siendo una plaga y un estorbo, a veces incluso una deshonra para vosotros; dadles cultura, dadles un campo de acción y trabajo, y serán vuestras más alegres compañeras en la salud, vuestras más cariñosas enfermeras en la enfermedad y vuestro más fiel apoyo en la vejez". Y tantas de las frases que pronuncia la indómita Shirley: "Antes de casarme estoy resuelta a respetar, admirar y amar".  
" - ¿Es usted una señorita bien educada?
  - Soy mil veces mejor: soy una mujer honesta, y como tal seré tratada."



Creo que poco más puedo añadir para convenceros de que leáis 'Shirley', sin mayor dilación. Tendréis entre manos una de esas novelas hechas de momentos de silencio, de reposo, de acción; de escenas de la vida cotidiana que invitan a la lectura pausada. Esa tan temida en estos tiempos que corren de la inmediatez. Mientras la leía, llegaban a mi memoria ecos de 'Middlemarch' de George Eliot y de 'Esposas e hijas' de Elizabeth Gaskell. Si las habéis leído y disfrutado, aún tenéis más motivos para haceros con un ejemplar de Shirley. En el caso contrario, apuntad los tres títulos como indispensables recomendaciones para este 2018.

Con este coup de coeur doy por inaugurada la nueva (y espero prolífica) temporada de este rinconcito. 
¡Muy felices lecturas y muy feliz año nuevo a todos!



martes, 3 de octubre de 2017

Volver...con una lista de libros para el otoño.

Nueva temporada de escritura.

Después de cinco meses sin pasar por el rinconcito, aquí estoy de nuevo. ¿Cómo habéis estado? Espero que de maravilla, disfrutando de la lectura y de los placeres de la vida. Me he demorado demasiado en volver a pasar por aquí (las telarañas y la soledad han anidado en el rinconcito), pero en el fondo, creo que he elegido el mejor momento para regresar; octubre, otoño...¿puede existir un mes  y un periodo del año más hermosos? 

Estos días ya llevo conmigo la mantita a todas partes y, aunque los libros me han acompañado también durante los meses calurosos, tengo que reconocer que es ahora cuando más disfruto de ellos; bien sea bajo la manta y acurrucada en el sofá o perdida entre el edredón y los cojines de mi cama. 
Los días empiezan a acortar y llega el tiempo de las viejas películas y las viejas historias. Es la época perfecta para sacar de las estanterías a los victorianos, a los grandes clásicos y a aquella  biografía amenazadora que uno lleva guardando desde tiempo inmemorial.
En una publicación reciente de Instagram os recomendaba una serie de libros que me parecían perfectos para el otoño. Como se que no todos sois adeptos a esta red social, aprovecho esta primera entrada de la temporada para dejaros la fotografía y la lista de lecturas aludida. 
¡Vamos allá!

Escena otoñal con unos cuantos libros perfectos para la estación.


- "Pioneros" de Willa Cather. Con Willa sobran las palabras. Nadie describe las estaciones, con unas pinceladas precisas y evocadoras, como lo hace ella.

- "Las aventuras de Arthur Gordon Pym" de Edgar Allan Poe. Sombrío, oscuro y muy perturbador libro (al menos para mi impresionable corazón). Aún así, ¡incapaz de soltarlo!

- "Pescadores de Islandia" de Pierre Loti 
Creo que no está traducida al castellano, pero espero que alguna editorial se anime algún día; es fantástico y tengo grabadas a fuego en mi mente las escenas en el mar y las despedidas a pie de puerto.

- "El fantasma y Mrs. Muir" de R.A. Dick 
Idem con esta novela entrañable que tiene un ligero toque misterioso; perfecto para los que quieren suspense pero son miedicas como yo. La película protagonizada por la bellísima Gene Tierney es también una maravilla. No podéis perdérosla.

- "Persuasión" de Jane Austen "...otoño, la estación que ejerce una influencia especial e inagotable en todos los espíritus tiernos y artísticos y que incita a todo poeta digno de leerse a intentar describirla o a plasmar sus emociones".

- "La posada de la Jamaica" de Daphne du Maurier que será publicada el año próximo por Alba editorial. En realidad cualquier Du Maurier puede ser perfecto para esta época del año.

- "Una vida" de Guy de Maupassant. "Cuando estuvieron en la puerta de la casa, del lado del mar, una pequeña ráfaga de aire los envolvió. Uno de esos vientos fríos de final de verano, que anuncian ya el otoño. Las nubes desfilaban por el cielo, cubriendo y descubriendo como un velo el manto de estrellas."

- "Qué verde era mi valle" de Richard Llewellyn. "¡Qué bien sabe una taza de té cuando uno se siente deprimido! Té claro, con leche abundante y azúcar amarilla cristalina, en una taza grande, para que cuando la boca se acostumbre al calor se pueda beber en lugar de sorber. Todo lo que parece haberse dormido dentro de uno vuelve a despertar. La taza de té es una buena amiga." Maravillosa novela que no podéis dejar pasar. Apuesto a que no podéis cerrarla sin haber derramado alguna lágrima. 

- "La campana de Islandia" de Halldor Laxness.  

- "Los amores de Sylvia" de Elizabeth Gaskell  "...los páramos salvajes y desolados, circundaban Monkshaven por tierra con la misma eficacia con que lo hacían las aguas por mar."

- "Lady Rose and Mrs. Memmary" de Ruby Ferguson. Un libro Persephone que homenajea el paisaje y las gentes de Escocia. 

- "Vera" de Elizabeth Von Arnim. Perturbador retrato de una pareja de recién casados que gustará a los que disfrutaron con "Rebeca" de Daphne du Maurier (no sin recordárselo). " -Después de todo- dijo con entusiasmo la joven -¿qué puede haber mejor que un marido que te ama?. Y la anciana dama, que ya se había casado tres veces y sabía de que hablaba, respondió con la calma de aquellos que han consumado su vida y hablan a través de la experiencia: - "No tener ninguno".

- "El jardín secreto" de Frances Hodgson Burnett. Bella lectura de infancia. "Los faroles desprendían una luz amarillenta en aquella carretera  selvática que parecía atravesar de cuajo toda la vegetación; los arbustos y matas y zarzales terminaban en esa gran extensión de oscuridad que se desplegaba ante ellos y a su alrededor (el páramo). El viento empezaba a soplar y producía un sonido especial: salvaje, grave, impetuoso."

- "Los habitantes del bosque" de Thomas Hardy. "En un punto cercano a las faldas de Blackmoor Vale, donde ya se avista a unos cuatro o cinco kilómetros la prominente cima de High-Stoy Hill, el camino queda cubierto por la gran cantidad de hojas que cae de los árboles con la llegada del otoño." 

- "El castillo soñado" de Dodie Smith. Otra de mis mejores lecturas de infancia/adolescencia. "Ahora es octubre. [...] Hace una tarde espléndida, dorada, sin viento, aunque un tanto fría. Los trigales son ahora rastrojeras de colores apagados. El único color vivo que diviso es el del arbusto de espino en el camino de entrada."

Dejo para el final la (re)lectura que tengo ahora mismo entre manos. Una novela victoriana que me parece perfecta para estos meses, "Shirley" de Charlotte Brontë. Ella será la protagonista de la próxima entrada. Nos vemos pues en cuanto tenga lista la reseña.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas.





lunes, 24 de abril de 2017

Botín de Sant Jordi 2017

¡Hola a todos! Aquí estoy de nuevo. 
Llega Sant Jordi y es casi imposible resistirse a comprar algún libro nuevo. Los que os enseño hoy son el resultado de varias visitas a la librería. Algunos se vinieron conmigo en la maleta desde Montpellier, otros provienen de librerías lionesas. Cómo veréis todos son ediciones francesas, pero no tendréis ningún problema en encontrar las versiones inglesas. De las españolas os cuento con más detalle en cada presentación. ¡Vamos con los títulos!

Nosotros hemos cambiado la tradición y en vez de rosas hemos comprado ranúnculos. Qué
le voy a hacer ¡me encantan!
Abre la lista Daphne du Maurier, una vieja conocida que nunca me decepciona. Cuando vi esta edición de ocasión tan bonita no pude resistirme, y encima con ese título. "La Cala del francés" suena a mar, a aventuras, a esas historias de antaño que tanto cuesta encontrar ahora. He intentado encontrar alguna traducción al castellano en el catálogo de la BNE, pero no he tenido éxito (si alguien tiene datos me encantará leerle en los comentarios). "La cala del francés" forma parte de las conocidas como Cornish Novels (véase: "La posada de la Jamaica", "Rebeca", "Mi prima Rachel", "The loving Spirit" y "La cala del francés"), un puñado de novelas históricas ambientadas en Cornualles que acabaron convirtiéndose en los mayores éxitos de Daphne. En ellas queda en evidencia lo mucho que Du Maurier conocía su tierra de adopción. Pocos supieron recrear como ella la atmósfera misteriosa de playas, cabos y ensenadas; las brumas marítimas que se adentran entre valles y caminos solitarios. 
En "La cala del francés" una dama inglesa y un pirata galo (de infame reputación) forman la pareja protagonista. Una novela de aventuras y romance ambientada en el siglo XVII que estoy casi segura voy a disfrutar de lo lindo.

Preciosas portadas de estas ediciones de bolsillo
francesas.
Mi siguiente adquisición fue una selección de cuentos de Thomas Hardy. El título francés es "Une femme d'imagination et autres contes", y en castellano podéis encontrarlos en la edición de los "Cuentos completos" de Hardy que publicó Alba editorial. Estos cuatro en concreto están protagonizados por cuatro mujeres, y cuentan las terribles  experiencias amorosas a las que deben hacer frente. Un joven soldado extranjero, un violinista de un pequeño pueblo, un hombre dominado por las convenciones y el hombre idealizado que solo habita en los sueños son los antagonistas de las cuatro heroínas. 
Tristeza, sensibilidad y preciosas descripciones de la naturaleza están garantizadas.

Otro ejemplar de ocasión que metí en la saca fue "La hija de un héroe de la Unión Soviética", el primer trabajo de Andrei Makine,  un escritor francés de origen ruso que tenía muchas ganas de descubrir. Narra la historia de un héroe condecorado tras la batalla de Stalingrado y su familia durante el periodo soviético. Una inmersión total en la vida cotidiana de la Rusia de la segunda mitad del siglo XX. Esta novela no ha sido traducida al español, pero tenéis disponible gran parte del trabajo de Makine gracias a Tusquets, en especial su obra mas conocida y ganadora del Goncourt "El testamento francés". Ya os contaré que tal resulta mi primera toma de contacto.

Ahora le llega el turno a tres títulos de una de mis elecciones favoritas la de Belfond Vintage. En esta ocasión "Mrs. y Mr. Bridge" de Evan S. Connell y "Ahora en Noviembre" de Josephine Johnson (premio Pulitzer de 1935).  Esta última está considerada como una obra destacada e imprescindible sobre la Gran Depresión Americana. Cuenta la historia de tres hermanas de clase media que se ven abocadas a la miseria y a la supervivencia cuando su padre pierde su empleo. Un relato desesperanzador de un país devastado por la crisis económica. Promete muchísimo.
La única edición española que he podido encontrar de "Ahora en noviembre" es de Plaza&Janés, exactamente del año 1964. En realidad es una recopilación de novelas ganadoras del premio Pulitzer. Johnson comparte el volumen II con Edna Ferber ("Así de grande"), Margaret Mitchell ("Lo que el viento de llevó") y Conrad Richter ("La ciudad"). Esto me recuerda que tengo que leer a Richter.


Me encanta la pintura del libro de Makine.
Los dos volúmenes que componen la historia de los Bridge, son básicamente el retrato de un matrimonio y de una época. Corren los años treinta del pasado siglo y Mrs. Bridge, mujer de un prestigioso abogado de Kansas City, intenta encontrar un sentido a una vida llena de comodidades, pero completamente vacía. Mientras, su esposo lidia con las crisis económicas y los estallidos sociales que minan su mundo blanco y acomodado. Los fragmentos de la vida de una pareja de clase media durante el periodo de entreguerra se suceden; los estereotipos, las buenas maneras y los filtros de sociabilidad que uno se impone para ganar en respetabilidad se convierten en los verdaderos protagonistas.

En mi edición francesa se apunta esto: "Mrs. Bridge y su pareja Mr, Bridge forman una obra dual, fiel reflejo de la América de entreguerras. Gracias a una escritura de una precisión devastadora, un tono de extrema elegancia y una construcción virtuosa, es legitimo hablar de la obra de S. Connell como la homóloga de "Vía revolucionaria" de Richard Yates o de "Stoner" de John Williams". No necesito más para convencerme.

Genial diseño de las ediciones Belfond,
como siempre.
Y finalmente, dos joyas para mi colección Austen:
La preciosa edición conmemorativa francesa de las novelas de Jane, ilustradas por Hugh Thompson, fue el regalo de Jean para Sant Jordi. Es una auténtica maravilla, con su diseño a doble columna y esas preciosas ilustraciones originales. El otro ejemplar es la biografía que le dedicó su sobrino James, titulada "Recuerdos de Jane Austen" (publicada en 1870). Está considerada como la primera biografía de la autora y la primera defensa de las obras de Jane, que fueron tachadas por sus contemporáneos de "insulsas y banales". Podéis encontrarla en castellano en esta edición de Alba editorial.

Y hasta aquí el botín del día del libro. Aunque para que nos vamos a engañar, para los lectores fieles cualquier día es el día del libro. El lunes volveremos a pisar las librerías y las bibliotecas con las mismas ganas. Quedan muchas páginas por descubrir y desgraciadamente nuestro tiempo es limitado. Así pues, disfrutemos y leamos. 

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas. 

PD. Podéis leer aquí las reseñas de "El albergue de la Jamaica" y "The loving Spirit" de Daphne du Maurier.
PD1. ¡Buenísimas noticias! Alba acaba de anunciar que publicará "La posada de Jamaica" en Rara Avis, el próximo año. Id ahorrando.
PD2. Por favor perdonad la demora en la respuesta de comentarios de la entrada anterior. Mañana arreglo cuentas con vosotros :)

viernes, 3 de marzo de 2017

Cajón de sastre: un puñado de libros nuevos y ronda de reseñas...

Rincones de casa en los que me encanta pasar las horas

Escribo esto sentada frente a la mesa de la cocina; puede que algún día me atreva a hacerlo desde el fregadero, homenajeando a Cassandra Mortmain, pero por el momento me mantengo en lo convencional. Hace mucho que no escribo en el rinconcito (casi dos meses) y huelga decir que lo he echado muchísimo de menos. Decidme ¿cómo estáis llevando estos primeros meses del año? Espero que de maravilla. A algunos de vosotros os sigo la pista por Instagram (Winifred ¡qué alegría encontrarte el otro día!), pero nada como venir a charlar por aquí con más tranquilidad.

A modo de resumen de mis meses de enero y febrero, he venido cargada con una especie de cajón de sastre: últimos libros comprados y varias mini-reseñas. Así que si os place, ¡empecemos!


Algunos libros nuevos...

Como veis en la pila de la fotografía, entre mis últimas compras se colaron dos nuevos LondonMartin Edennovela que leí en 2014 en una vieja edición francesa y, ahora al fin tengo en castellano (ya sabéis que la atesoro como una de mis novelas favoritas) y El lobo de mar, en una edición de bolsillo que tiene un irresistible marinero tatuado en su portada. 
Acabo de empezar a leerla y por el momento Lobo Larsen, uno de sus protagonistas, me tiene cautivada. "Usted camina con las piernas de un muerto. Nunca ha tenido piernas propias. No sería capaz de caminar solo ni una jornada y conseguir la carne necesaria para llenarse la tripa tres veces". Esta es una de las primeras frases que dedica a Humphrey Van Weyden, el joven intelectual que va a convertirse en su compañero de infortunios y aventuras. La travesía, promete.

También compré otro título de una de mis autoras más queridas, Willa Cather. En este caso Sapphira y la joven esclava, que podéis leer en castellano en esta edición de Impedimenta. 
Esta fue la última de sus novelas, publicada en 1940; narra la historia de una familia esclavista del viejo Sur, en los albores de la guerra de Secesión.
Si todavía no os habéis acercado a la obra de Willa, os invito a hacerlo cuanto antes. Aquí os dejo con las reseñas que le he dedicado hasta el momento para que os hagáis una idea de lo que podéis encontrar en sus novelas:
PionerosSombras bajo la rocaLa casa del profesor.


Apenas siete euros cada ejemplar. Lo que daría para que la
edición de bolsillo tuviese la misma importancia en España.
Otros dos viejos conocidos llegaron hasta mis estanterías en sendas ediciones de bolsillo, Jane Austen y Henry David Thoreau. El volumen dedicado a Jane recoge las cartas que esta envío a lo largo de su vida a sus sobrinas Fanny, Caroline y Anna. El volumen de Thoreau recoge por su parte las cartas que este intercambió con a su amigo Harrison Blake entre 1848 y 1861; todo un manifiesto de su ideología y visión del mundo. Podéis encontrarlas en castellano con el título Cartas a un buscador de si mismo (Errata Naturae). 

En la cesta libresca de estos dos meses también se colaron varios autores con los que voy a estrenarme. En el caso de Laura Ingalls Wilder  tendría que añadir "con los que por fin voy a estrenarme". Todavía no puedo creer que haya pospuesto tanto la lectura de la saga de la Casa de la Pradera. Vi (y disfruté) la serie cuando era niña, pero no se porqué, pasé por alto los libros. En fin,  como bien dicen, nunca es tarde y presiento que voy a pasar ratos muy agradables con estas novelas, de momento las tres primeras: Little House on the Prairie, Farmer Boy y Little House on the Big Woods.
Estos son los ejemplares de ocasión que estoy
reuniendo; ediciones de Puffin Books.

Jim Fergus es otra nueva apuesta en lo que a literatura "de la frontera" se refiere. Su novela Mil mujeres blancas me tentó desde las primeras líneas de su sinopsis. Voy a traducirosla para haceros partícipes de la causa de mi entusiasmo: "En 1874, el presidente americano Ulysses S. Grant acepta, con el máximo secretísimo, una proposición hecha por el jefe indio Little Wolf. A saber, intercambiar mil mujeres blancas por una cantidad considerable de caballos y bisontes para así favorecer la integración del pueblo indio. Sellado el pacto, algunas mujeres se presentan voluntarias, pero en su gran mayoría las elegidas provienen de centros penitenciarios y asilos de todo el país. Una de ellas, Mary Dodd, será la encargada de narrar su historia."


Evidentemente estamos ante un libro de ficción; si bien es cierto que la proposición si fue formulada  durante la conferencia de paz en Fort Laramie de 1851, las mujeres nunca fueron enviadas. Ya os contaré que tal resulta la lectura.

Y cerrando la pila, los últimos libros que me traje a casa "A House Full of Daughters", un libro de memorias escrito por Juliet Nicolson, nieta de Vita Sackville-West y Los verdes años de A.J Cronin. Este último lo compré un sábado al volver de correr por el parque. Cuál no fue mi sorpresa cuando en el camino de vuelta a casa me salió al paso un mercadillo de libros de segunda mano. Ni que decir tiene que empleé tres de los cinco euros que llevaba en el bolsillo en llevarme un ejemplar. Cronin fue el elegido. Me temo que muchos otros se vendrán conmigo en mañanas de sábado.

Y ahora, algunos libros leídos...


Extraña mezcla de ediciones de bolsillo y segunda mano.
Sarnia de G.B Edwards, fue mi primera lectura de este año. Autobiografía ficticia, confesión íntima, Sarnia o "El libro de Ebenezer le Page" (título original) es ante todo una crónica detallada de la vida cotidiana en la isla de Guernsey, durante gran parte del siglo XX. Ebenezer, anciano de ochenta años, jamás ha salido de su isla excepto para jugar un épico partido de fútbol en la vecina Jersey (el enemigo secular). Ha sido testigo de dos guerras mundiales, de la Ocupación alemana, y ha visto vivir y morir a la mayor parte de sus familiares y conocidos. Para no olvidarlos, para recordar y atesorar cada episodio, decide entonces pertrecharse de varios cuadernos escolares y escribir su historia.
El resultado dista mucho de ser un relato dulcificado por la nostalgia; la vida en la isla es dura, las rencillas familiares feroces y pese a todo, ¡cuánto cariño por las raíces desprende cada una de sus páginas!. Ebenezer, misógino, cascarrabias, reaccionario y taciturno, es uno de esos personajes que uno termina apreciando casi a su pesar. Le conocemos siendo un niño y cerramos la última página con un último adiós desgarrador "¡No quiero morir! Quiero vivir para siempre, simplemente para ver los barcos pasar por las bahías y puertos de mi isla". Podríamos contar con los dedos de una mano las cosas que atesora o que son importantes para él:  Jim, su amigo del alma, Tabitha su hermana, Liza Queripel, el que podría considerarse el único amor de su vida y por encima de todo Guernsey, su tierra; isla batida por los vientos,  y la fuerza de las olas, orgullosa de sus raíces normandas e inglesas.
Ebenezer dice "La vida en esta tierra no es gran cosa. A un día feliz, y a los sueños de felicidad para el futuro, les sigue el triste despertar a la realidad. Suma algunos placeres, olvidados tan pronto como se consuman, y por lo demás, continuar día tras día, como un burro atado a un arado." Sarnia, pese a todo, no es un libro triste, pero si realista y sincero. Está lleno de sinsabores, de pequeñas y grandes tragedias; de recuerdos felices y de preciosas relaciones humanas. 
Si habéis leído y disfrutado de "Qué verde era mi valle" (aquí podéis leer mi reseña), "Lark Rise to Candleford" o "Sidra con Rosie" estoy segura de que disfrutaréis con "El libro de Ebenezer le Page".
Este libro tenía que formar parte de mi Century of Books, así pues, el año 1981 es suyo.

Adelanto de la próxima edición de
Impedimenta
Un día en la vida de una mujer sonriente, por su parte, ha sido mi primer encuentro con Margaret Drabble y, que puedo deciros; esta recopilación de relatos (escritos entre 1960 y 2000) es una auténtica maravilla.  Cada uno de ellos indaga y deja al descubierto las emociones y pensamientos más íntimos de una mujer en un instante clave de sus vida. Capturas de instantes cotidianos, en apariencia banales, pero en realidad trascendentes. Relatos que lidian con el deseo, los remordimientos, la hipocresía, la enfermedad o el éxito. Historias que dicen mucho sobre las bendiciones y en especial las dificultades de ser mujer.  
Yo tuve que ir leyéndolos despacio, espaciándolos durante varios días, porque en ocasiones la intensidad de lo narrado era tan grande que no salía indemne de la lectura (jamás olvidaré el relato titulado "La guerra como regalo", ni el reencuentro de los dos amantes en el café de la esquina, ni la alegría de la viuda que se reencuentra al fin con la soledad.)
Desde luego esta no será la última vez que lea a Margaret Drabble. Me ha cautivado la facilidad con la que crea personajes y atmósferas en apenas dos trazos; con la fineza y la profundidad con la que estudia el alma femenina. Bravísima.

Por el contrario, Nine Coaches Waiting de Mary Stewart fue la gran decepción de este comienzo de año. Mary Stewart es una autora muy querida entre muchas blogueras británicas, que me encanta seguir, y "Nine Coaches Waiting" uno de los títulos más  elogiados. Pensaba que iba a disfrutar mucho con esa promesa de romance, misterio y entretenimiento, pero nada mas lejos de la realidad. 
Linda Martin, joven protagonista de la historia, acaba de conseguir un empleo como institutriz del pequeño heredero Philippe de Valmy. Al llegar a la fastuosa propiedad que la familia tiene en los Alpes franceses, Linda queda cautivada por el entorno y también por el carácter afable del pequeño Philippe. Sin embargo, con el paso de los días, el ambiente apacible se enrarece y los familiares que rodean a Philippe empiezan a actuar de forma extraña y amenazadora... Joven institutriz, ambiente sombrío, rico y apuesto heredero...ya veis que los ingredientes recuerdan a un libro muy querido al que no quiero nombrar en esta reseña (no merece ser mancillado). No quiero desvelaros nada importante (por si alguien se aventura a leerlo), pero el misterio queda desvelado casi desde las primeras páginas y la historia de amor no se mantiene por ninguna parte. Me llevé esta novela a Annecy, para leerla mientras estaba cerca de los Alpes y os prometo que lo único que me animó a seguir con la lectura fueron las descripciones y la atmósfera que Mary Stewart crea en la novela. Estuvo muy lejos de ser suficiente. Quizá repita algún día con Mary, pero sinceramente, dudo que pronto.

Otro libro a atesorar en mis estanterías
Dejo en el tintero las reseñas de los dos últimos libros de la lista, Main Street de Sinclair Lewis y La casa en Mango Street de Sandra Cisneros. Fueron lecturas demasiado enriquecedoras y necesito dedicarles un poco más de tiempo y espacio. 
El año pasado tardé un poquito más en dar con mi primer coup de coeur, pero este 2017 se estrenó con fuerza gracias a Sandra Cisneros. Si encontráis "La casa en Mango Street" en una librería de segunda mano (o podéis adquirirlo en internet) no lo dejéis escapar. En especial todos aquellos que os enamorasteis de Francie Nolan, la protagonista de "Un árbol crece en Brooklyn". Creo que la historia de Esperanza Cordero, otra joven que busca su camino en un contexto difícil, resonará con fuerza en vuestro interior y tardareis mucho en olvidarla.

Por hoy, nada más. Solo desearos (como siempre) muy felices lecturas y un estupendo fin de semana.