domingo, 21 de agosto de 2016

Notas para una vuelta a casa

El verano no ha terminado oficialmente, pero para mi como si estuviese ya finiquitado. Atrás quedaron mis chanclas, mis capazos de la playa (cargados con mil trastos) y mi inseparable bañador de rayas; Arenales, sus cuestas letales, los míos y mi Alicante.
Después de varios trenes y algunas escalas, llegué a París a principios de la semana pasada. Por aquí todo suena ya a rentrée, y lo cierto es que hasta el tiempo acompaña. Llueve y hace fresco. Soplan vientos de despedidas y nuevos comienzos. 

Estampas de verano

Del verano ya solo quedan algunas fotos, una maleta llena de libros y un buen puñado de buenos recuerdos: reencuentros familiares, paseos por el pueblo de mi infancia, compras compulsivas con la "rociaduros" de mi madre y el sabor a gloria del arroz a banda. Amaneceres frente al mar, meriendas con leche preparada, xarrades a la fresca con buenos amigos y partidas de cartas con sabor a batalla...
¡quien pudiese volver a todo eso, aunque solo fuese por un ratito!

Pero bueno, aunque cueste, coraje y a pasar página.


Si todavía estáis a tiempo y aún tenéis vacaciones, disfrutad al máximo del sol y de los placeres de la temporada. Si para vosotros también es el fin...ánimo. Un buen libro, una buena película o serie y una dosis abundante de vuestra música favorita pueden hacer milagros.  Aquí os dejo la fórmula que me está ayudando a superar el bache.

Un fuerte abrazo y felices lecturas a todos.

La vida en Stars Hollow, el piano de Dario Marianelli y las frases de Jack London.
Escalera al cielo.

jueves, 28 de julio de 2016

Lecturas de verano 2016

Material de lectura y girasoles, cosas que alegran la vista y la vida.

Con mucho, muchísimo retraso, aquí estoy por fin.
Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que escribí; el verano, por aquel entonces, estaba a la vuelta de la esquina y mirad en que fechas estamos ahora, ¡perdonadme! Es que estos últimos meses están siendo un verdadero lío, y los libros me han acompañado más como salvavidas que como material de reflexión. Me costaba encontrar un momento para el blog, pero ¿sabéis que? Se acabó el periodo de barbecho ¡hombre ya! Aquí estoy con pico, pala y mis manitas para daros la tabarra de nuevo. 

Una de las tradiciones que sigo en el rinconcito cuando llegan estas fechas (bueno, cuando llega julio) es enseñaros los libros que van a acompañarme hasta el próximo septiembre; así que empecemos por ahí. 

Como veis en la foto de familia, metí en la maleta veraniega mucha lectura de evasión ambientada en distintos puntos del planeta; también una comedia british de esas que tanto me gustan, una lectura más intimista con título muy acorde a la estación y por último una relectura que me hace especial ilusión presentaros. Así pues, ¡empecemos!

Las dos primeras novelas del montoncillo están ambientadas en el mar: una en la costa de Cornualles y otra en el Caribe del siglo XVII. No se a vosotros, pero a mi un velero o un pirata en la portada me ganan de antemano y cuando vi estos dos libros en Gibert no pude resistirme. Esas historias del mar y sus gentes; de marinos audaces y travesías oceánicas forjaron mi infancia y, aún hoy, siguen siendo para mi la mayor de las aventuras. 
The Loving Spirit de Daphne du Maurier prometía mucho de todo esto y lo cierto es que no me ha defraudado. Primera novela de Daphne, publicada cuando tan solo contaba 24 años, "The living Spirit", cuenta la historia de una familia de marinos y armadores de Plyn, una localidad costera de Cornualles. Janet Coombe, una mujer fuerte estrechamente ligada al mar, es la encargada de inaugurar esta saga familiar a la que seguimos los pasos durante todo el siglo XIX. Es cierto que no me ha gustado tanto como "Rebeca" o "Jamaica Inn", pero sin duda os la recomiendo. Daphne apuntaba maneras en la caracterización de personajes y sobre todo en la creación de atmósferas misteriosas y sugestivas. ¡La adoro!

Captain Blood de Rafael Sabatini, la otra novela que os anunciaba, ha sido mi pasaporte al Caribe. No el de Curro, ni el de las pulseras "todo incluido" (horror de los horrores) si no ese infestado de navíos y piratas de célebre nombre; de tesoros escondidos y bacanales en la isla Tortuga. Tenía muchísimas ganas de estrenarme con Rafael Sabatini, del que me habían recomendado encarecidamente "Scaramouche"; y al final ha sido Peter Blood el encargado de hacer las presentaciones. La sinopsis de "Captain Blood" anuncia la historia de un hombre pacífico, quien tras ser condenado injustamente a trabajos forzados en las Antillas decide tomar venganza. Un galeón español conquistado y un grupo de fieros compañeros de armas harán el resto.  Os prometo que me lo he pasado pipa con este libro. No es una maravilla literaria; pero tiene ese toque de vieja historia de aventuras que encandila, generación tras generación, a grandes y pequeños. Para mi ha sido como volver a tomar prestado uno de esos títulos de las Historias Selección de la editorial Bruguera que pertenecían a mis padres: las historias de Julio Verne, Emilio Salgari o R.L Stevenson...Un delicioso momento de evasión asegurado.

Ronda de portadas
Después de estas aventuras marítimas me he metido tierra adentro con el libro que llevo ahora entre manos; un libro que promete ser "la lectura" de mi verano y quizá del año, Lonesome Dove de Larry McMurtry. Ya sabéis que a mi me encantan las historias del Oeste; desde siempre, desde que tengo memoria. Mi madre lo inició todo, siendo yo muy pequeña,  con ese primer visionado de "Siete novias para siete hermanos" y mi abuelo remató la faena compartiendo conmigo su pasión por los Westerns. Hasta el día de hoy mi novela favorita del género ha sido Ángulo de reposo de Wallace Stegner. Amo este libro por encima de todas las cosas; de la primera a la última línea. Así que, no se si McMurtry conseguirá arrebatarle el trono; por el momento puedo deciros que apunta maneras. Vaya que si. 

Otra aventura en lugares bastante más fríos, me espera en Islandia de la mano de Halldor Kiljan Laxness
La Campana de Islandia cuenta la historia de una revuelta del pueblo islandés contra la ocupación danesa de la isla. A principios del siglo XVIII, un enviado real llega a Reikiavic para cumplir el mandato de traer consigo la vieja campana de Thingvellir, símbolo de la independencia islandesa. Su asesinato a manos de un pobre campesino cambiará el curso de los acontecimientos. 
Esta será la primera de las varias lecturas islandesas que quiero hacer de aquí a Octubre, antes de mi viaje. Por favor, si tenéis sugerencias (más allá de "Ritos funerarios" de Hannah Kent que ya he leído) no dudéis en dejarme los títulos en los comentarios.  

La comedia inglesa que he elegido para este verano es Wild Strawberries de Angela Thirkell. Acaban de publicarla traducida al francés y me fue imposible resistirme. Thirkell es una autora muy querida allende la Mancha (sobretodo entre los que gustan de comedias amables de entreguerras, tocadas con ese puntito de humor sarcástico). En el menú están incluidos una mansión en la campiña, un puñado de ricachones extravagantes y una historia de amor entre bambalinas. ¡Adjudicada pues!

La lectura intimista de la que os hablaba es Verano de Edith Wharton. Cada vez me voy maravillando más con Edith. Empecé titubeante con "La edad de la inocencia", y caí rendida a sus pies con "La casa de la alegría" y "Las bucaneras". Me resultaba imposible pasar todo el verano sin leer nada más suyo y cuando di con este simple título, "Summer", no me lo pensé dos veces. En la sinopsis de mi edición francesa se apunta que "Verano es una novela que aborda con franqueza la sexualidad femenina, vista como una fuerza vital, poderosa y edificante. Extremadamente moderna para el año 1918 en que fue publicada, Verano era la novela de Wharton que prefería Joseph Conrad: quizá porque en ella salen a la luz los mecanismos íntimos de nuestra naturaleza; esos que suelen estar escondidos en aras de las normas sociales imperantes".  Ojalá que mi admiración por la obra de Edith siga creciendo con este título. 

Y para el final reservo la maravillosa relectura que voy a empezar en breve. Cuando llegué a Alicante, mis padres y mi abuelita me tenían reservado un maravilloso recibimiento: un ramo de girasoles en la entrada de casa (ellos saben lo mucho que me gustan) y un libro nuevo esperando en mi habitación: Persuasión de Jane Austen editado por D'Época. "Persuasión" es mi Austen favorito; la primera vez que lo leí, supe con casi las primeras páginas que lo sería, y aún hoy después de tantísimas relecturas lo sigo confirmando. Tenerlo en una edición tan bonita, hecha con tanto cariño, es el mejor regalo que podría tener en mi estantería. Gracias mi querida familia y gracias D'Época por haberlo hecho posible.


Y hasta aquí los libros de mi verano 2016. Ya os contaré si la lista se amplía con alguna visita a la librería. Por el momento solo me queda mandaros un fuerte abrazo y mis mejores deseos para estos días estivales. No seáis perezosos y aunque haga muchísimo calor, poneos un buen sombrero y salid a pasear un rato. El mar, la montaña, la ciudad...poco importa. Un paseo y un helado en buena compañía puede ser el mejor de los planes. Eso si, no dejéis el libro muy lejos.

viernes, 24 de junio de 2016

IMM: los libros de la maleta londinense.

Peonias y sol. Esto empieza a parecerse al verano.


















Bonjour les amis!
Por fin estoy aquí para enseñaros los libros que me traje de Londres. Perdonad la espera; es que estos meses, entre exámenes, entrevistas y cambios, están siendo un auténtico lío. A lo tonto a lo tonto ya ha llegado el verano y aquí estoy escribiendo esta entrada, muerta de calor. Hasta yo misma me sorprendo diciendo esto, pero es que hoy ha sido el primer día de buen tiempo en lo que llevamos de mes de junio. Veremos lo que dura.

Como os decía en la anterior entrada, casi todos los libros que compré (y que veis ahora posando en las fotografías) provienen de mi ronda tradicional de librerías; en especial de Skoob Books (librerías de segunda mano, paraíso terrenal y alegría de mi bolsillo ¡qué haría sin vosotras!). 

Un total de diez libros que paso a presentaros con más detalle. 

De las estanterías de Skoob me traje dos ensayos, unos diarios y dos novelas:


  -  British Society 1914-45 de John Stevenson es una lectura excelente si estáis buscando una síntesis de este periodo. Esfuerzo de guerra, emancipación femenina, sindicalismo, intervencionismo estatal, educación, conflictividad, cultura popular...son muchos los temas que el autor abarca en este ensayo. Sirviéndose del análisis estadístico y de la explotación de otras fuentes más personales e íntimas (como diarios, memorias y objetos materiales) Stevenson consigue trazar un vívido cuadro de la vida en Reino unido en la primera mitad del siglo XX. Yo acabo de terminarlo y puedo recomendároslo sin titubeos. 


 - Por su parte, Romantic Moderns de Alexandra Harris estaba en mi lista de deseos desde hace años. Esperaba que se publicase en bolsillo para comprármelo, pero el día no llegaba, así que cuando lo vi de ocasión en Skoob me llevé una alegría enorme. En este libro Alexandra Harris nos invita a dar un paseo por las vanguardias artísticas de principios de siglo en Reino Unido, de la mano de escritores, artistas e intelectuales; de Virginia Woolf a Henry Green, de Eric Ravilious a John Piper... ¡imposible resistirme! 
Me gusta muchísimo como escribe Alexandra Harris; yo la descubrí gracias a su biografía de Virginia Woolf: concisa, amena y muy emotiva (os la recomiendo al 100%). Ahora solo me falta hacerme con su última publicación, Weatherland ¡menuda pinta tiene!  

   - Maggie-Now es la última novela de Betty Smith que me queda por leer y, aunque la edición que me he traído está bastante viejita, me fue imposible dejarla. Ya os lo he dicho cada una de las veces que he hablado por aquí de ella, pero vuelvo a repetirme: adoro como escribe Betty Smith. Un árbol crece en Brooklyn se ha convertido en uno de mis libros favoritos y el resto de sus novelas no se quedan atrás. Aquí os dejo las reseñas de las tres (Un árbol crece en Brooklyn, Mañana puede ser un gran día y Joy in the Morning) para que podáis echarles un vistazo. Estoy segura de que Maggie-Now no me decepcionará; eso si, me moriré de pena al saber que no tendré más líneas suyas por descubrir.  

 - Few Eggs no Oranges: the diaries of Vere Hodgson 1940-45 era otro de los títulos Persephone que me moría de ganas de leer. Cuando vi el montoncito de libros grises de ocasión en Skoob deseé con todas mis ganas que estuviese entre ellos, y ¡tachan! allí estaba (con algunas manchas en el borde frontal pero sin ningún daño mayor). Recomendado por Cristina, por Laura, por Elena...y supongo que muy pronto por mi misma, estoy deseando meterme de lleno en esta ventana abierta a la vida cotidiana de la gente de a pie durante la IIGM. Ya os contaré.

   - Y sin abandonar el periodo tengo que presentaros London Pride de Beryl Kingston. Lo cogí por puro impulso: Londres, IIGM, historia de una familia de tres hermanas (puntos positivos); autora desconocida, peso considerable, posible drama romántico inverosímil (puntos negativos). Al final incliné la balanza hacia el riesgo, lo compré, lo cargué por los aeropuertos y... gané el premio gordo. ¡Coup de coeur genuino por esta historia! No quiero deciros más porque estoy escribiendo la reseña, pero enamorada me ha dejado.  

En Persephone Books compré otro de los títulos que había marcado como prioritarios en su catálogo, The Fortnight in September de RC Sherriff. La sinopsis no puede ser más sencilla, como indica el título, esta es la narración de las vacaciones familiares de un grupo de londinenses, que abandonan la capital por la costa del sur de Inglaterra durante una quincena de septiembre. Me gustan las historias sencillas y si son frente al mar muchísimo más. Veremos si hice bien en apostar por Sherriff.



Terrible portada 70's de "Maggie-Now" y preciosa pintura de James Walker Tucker para ilustrar la portada de
"British Society".

En la librería de la National Portrait Gallery compré la biografía de Charlotte Brontë, A Life de Claire Harman. La portada es maravillosa, el contenido no se si tan satisfactorio. Después de leer Vida de Charlotte Brontë (Gaskell) hace unos meses, quise leer una biografía contemporánea para contrastar juicios, informaciones e interpretaciones. Dudé en si comprar primero un ejemplar de ocasión de la biografía escrita por Winifred Gérin (la que le dedicó a Emily Brontë es una auténtica maravilla), pero Harman se cruzó en mi camino, cuando terminé de ver la exposición en el museo, y al final será con ella el estreno. 

Y finalmente en la librería del Imperial War Museum compré tres libros de la Shire Library.

  - Women in the First World War y Women in the Second World War de Neil R. Storey y Molly Housego

  - Y Fashion in the 1940's de Jayne Shrimpton

Los libros de la Shire Library me encantan. Son síntesis muy interesantes, bien escritas y profusamente ilustradas, de un tema, un acontecimiento o un periodo de la historia británica. Resultan muy valiosas como fuente de información primaria y dan muy buenas pistas para profundizar conocimientos en el tema elegido gracias a nuevas pistas de lectura. En cierto modo me recuerdan a la colección Que sais-je? francesa (aunque esta es muchísimo más numerosa). Si leéis en inglés y en francés no dejéis de echarles un ojo a ambas. Estoy segura de que os llamará la atención más de uno de sus títulos.



"Cosas tan bellas me gustan a mi" (añadid la música de "Sonrisas y lágrimas" y tenéis el instante completo)
Junto a los libros del museo os enseño el ejemplar de The Lady que salió publicado la semana que estuve allí, el bolígrafo de rigor que me compré en Paperchase (no se aprecia bien pero son conchas azules y blancas) y las dos postales que compré en el museo: una de soldados británicos listos para salir hacia el frente en la estación Victoria (IGM) y un cartel propagandístico animando a alistarse en el Women's Land Army (IIGM). Aprovecho para recomendaros, si os interesa el tema de la mujer durante la IIGM, el libro de Angela Huth Land Girls (aquí tenéis la reseña).

Y creo que no me dejo nada pendiente. Se cierra la maleta hasta el próximo viaje. En Octubre tenemos previsto volver a pisar tierras británicas, veremos como de cambiadas estarán las cosas. 

Un abrazo muy grande para todos y, como siempre, muy felices lecturas.

jueves, 9 de junio de 2016

Londres, diario de viaje.

Como prometido, aquí os traigo algunas fotografías e impresiones de nuestra última escapada a Londres. Nuestra última visita databa de 2014 y lo cierto es que ya notábamos la nostalgia y las ganas de reencontrarnos con la ciudad. Pocas cosas nuevas puedo enseñaros con respecto a los diarios de viaje que ya compartí con vosotros años atrás (I, II, III). Londres es nuestro pequeño (gran) rinconcito al otro lado de la Mancha; tenemos pequeñas costumbres y tradiciones que nos gusta respetar, y aunque pequemos de repetitivos...¡qué le vamos a hacer! En muchos parques y squares, en museos, librerías y cafeterías hemos construido recuerdos muy felices; por eso volver a ellos es casi como volver a casa. En esta entrada os invito pues a dar un paseo a través de las fotografías que fui tomando durante nuestra estancia (perdonad la calidad de algunas, hechas deprisa y corriendo con el móvil). ¿Os apetece? Pues ¡vamos allá!

Nuestra habitación en el momento en que tomamos posesión
Como suele ser habitual hicimos de Bloomsbury nuestra base de operaciones. El hotel que escogimos esta vez fue una opción agradable y recomendable. Nuestra habitación, con sus tres grandes ventanales, tenía mucha luz, un baño completamente renovado y el desayuno buffet correcto. Así que si tenéis pensado ir a Londres puede ser una estupenda opción. 
Una vez libres de maletas y después de una parada para comer en The Queens Larder (pub tradicional situado en una pequeña calle peatonal junto al hotel) estuvimos listos para empezar las caminatas. Tuvimos suerte de tener una temperatura muy agradable, fresquita y perfecta para pasear. 

"En Londres todo esta construido alrededor de una plaza con frondosa vegetación; en cada paseo que doy descubro pequeños oasis". Esta cita de "La duquesa de Bloomsbury Street" de Helene Hanff describe a la perfección la impresión que me produce pasear por Londres. Me encanta andar sin rumbo fijo y caer de pronto y por sorpresa en uno de estos oasis. Con el paso de los años he ido recorriendo muchos de ellos y he ido eligiendo los que más me gustan. Bloomsbury Square, es uno de ellos.  

Quizá sea porque imagino a Mary Datchett tras una de esas ventanas,
esperándome para charlar un rato de todo y de nada.

En nuestro camino hacia la National Portrait Gallery, tomamos un desvío hacia Charing Cross para una primera ronda de librerías. Foyles y Any Amount of Books fueron nuestros objetivos. 

Típica foto en Foyles, pero imposible resistirme.
Any Amount of Books o el arte de ver muchos libros que me gustan y no puedo permitirme

Un ratito después llegamos a nuestra cita con Charlotte Brontë. La National Portrait Gallery le ha dedicado una pequeña exposición con motivo del 200 aniversario de su nacimiento. Y cuando digo pequeña, no lo digo en sentido figurado. La exposición apenas ocupa una sala, la número 24; pero pese a su tamaño consigue trazar con éxito todas las etapas de la vida de Charlotte. 
Los héroes de su infancia y los escritores que la influenciaron están presentes; también los retratos y algunas fotografías de sus familiares y personas más allegadas. El toque más íntimo y emotivo de la muestra, lo constituye la pequeña selección de objetos personales de Charlotte. Me emocioné muchísimo al ver algunos ejemplares de los pequeños libritos ilustrados que Charlotte escribió siendo niña junto a sus hermanos; viendo sus diminutos zapatos y algunas de sus cartas. 
Entre todos los documentos una ilustración se me clavó en el alma. 
En una carta que Charlotte escribió a su amiga Ellen Nussey desde Bruselas, no dudó en autorretratarse con crudeza. Mientras que su amiga Ellen aparece bien vestida, hermosa y acompañada de un apuesto caballero; Charlotte aparece representada en la orilla opuesta, mal vestida, poco agraciada y sola. De sus labios sale un único: adiós.
 ¿Qué sentiría en el momento en que escribió esa carta? Veo en ella y en esa representación, ecos de los personajes que estaban por nacer: Jane Eyre y Lucy Snowe.  Pequeñas, poco agraciadas, casi insignificantes, pero con esa enorme fuerza interior que las lleva a cambiar su destino. 

Me hubiese encantado que la exposición fuese más amplia, pero aún así la encontré adecuada y muy emotiva. Sin duda uno de los mejores momentos de nuestra escapada.

Entrada a la sala 24 de la National Portrait Gallery
Esta es la ilustración de la carta que os citaba antes.

El resto de la tarde paseamos por St. James's Park mientras el cielo amenazaba con una lluvia inminente. Las tumbonas del parque estaban todas recogidas, esperando un día más apacible, y pocos grupos de amigos se atrevían a permanecer tumbados en el césped. Nosotros tampoco quisimos exponernos a un chaparrón y decidimos atravesar Green Park hasta llegar a Piccadilly. Aquí es donde cayeron las primeras compras: mermelada en Fortnum y algunos productos de parafarmacia en Boots (la mascarilla de albaricoque St.Ives, The righteous Butter Body lotion de Soap&Glory y un gel de Dove de Peonia, que es una maravilla y no puedo encontrar aquí para mi desgracia).

Esta vez no entramos en Hatchard's pero le hicimos una
reverencia desde la puerta.
La tarde se fue nublando cada vez más y como temíamos pronto empezó a lloviznar. Fue el momento perfecto para hacer una pausa en Tea and Tattle.
Así estaba el cielo cuando regresamos a Bloomsbury.


Perfect time for tea and scones!
Después solo nos quedó hacer una parada técnica en un Marks&Spencer para nuestro picnic nocturno en el hotel.



Con la llegada del nuevo día pusimos rumbo al norte. Me resulta imposible venir a Londres sin visitar Hampstead. Si algún día me pierdo ya sabéis donde encontrarme. 
Me gusta absolutamente todo de esta zona de Londres. El ambiente campestre que se respira, sus tiendas y cafés, la librería que Daunt Books tiene en South End Road, con su característica fachada verde...
Supongo que estará precioso incluso en invierno, pero viendo las lilas en plena floración, cuesta creer que algo pueda superarlo en belleza.

Floristería en el encantador Flask Walk
Floración de las lilas y la glicinia en Burgh House
Una parada en la casa donde residió Keats. Imprescindible homenaje
a uno de mis compañeros de camino.
"¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes que no
despedirán jamás la primavera".
Vitrina de Daunt Books con ediciones del libro que iban a
presentar esa misma tarde. 
Abandonamos Hampstead en un autobus que nos llevó por Belsize Park Camden Town hasta nuestra parada en los alrededores de Regent's Park. Era la primera vez que visitábamos el parque y, aunque fue una pena no poder ver las rosas del Rose Garden en todo su esplendor (ahora estarán preciosas como en estas fotografías), pasamos un buen ratito. 

Flora y fauna en Regent's Park

Después de hacer una pequeña parada en un Pizza Express de Marlybone (no está mal para salir del paso), volvimos a nuestros dominios de Bloomsbury para LA RONDA de librerías. Como sabía que el hotel estaba cerca (para descargar el posible botín) no iba predispuesta a la contención. 

Primera parada Skoob Books, donde arrasé.
Jean pillándome en plena faena.
Siguiente parada, la encantadora librería Persephone. El cielo
en la tierra.
Y para terminar la London Review Bookshop. Otro imprescindible en Bloomsbury
que no podéis perderos.

Con los libros bien resguardados en el hotel, nos pusimos otra vez en marcha dirección Covent Garden (¿lleváis la cuenta de los kilómetros de marcha que llevábamos a nuestras espaldas? Pues nada, ahí seguíamos, frescos como una rosa). 

Pausa dulce para reponer baterías chez l'ami Jamie Oliver.
Tarde de compras en Covent Garden
Y para acabar nueva parada en el Marks and Spencer para hacernos con provisiones para la cena. Esa noche vimos Eurovision en la habitación del hotel. Del resultado de España mejor ni hablamos. 


Para el último día reservamos el paseo descubrimiento del viaje, la orilla Sur del Támesis, y una visita pendiente que, a decir verdad, no resultó muy satisfactoria. Bien temprano nos plantamos en las colas de entrada de la Torre de Londres y os puedo asegurar que a la media hora de entrar ya nos habíamos arrepentido de pagar la visita (me temo que las aglomeraciones pueden con nuestro estado de ánimo). Pero bueno, después de todas las veces que nos habíamos resistido a entrar, ya podemos decir que nos hemos quitado la espinita.

Tower Bridge desde el interior del recinto fortificado.
Tras la visita y un pequeño momento horrible con mayúsculas (una madre extravió a su hija en las inmediaciones de la Torre y os podéis imaginar la escena de pánico. Menos mal que fue enseñando la foto de la pequeña y con ayuda de la gente pudo dar con ella) cruzamos a la otra orilla por el London Bridge. Al principio el contraste con el ambiente de la City nos pareció abismal. Las calles por donde pasamos, a excepción de las que bordeaban el Borough Market, estaban bastante vacías y silenciosas. Pero fue un paseo muy agradable. Nos encantó el ambiente de Borough Market, la multitud de puestos de comida y productos típicos. De verdad una delicia y un sitio estupendo para comer.

Vista de Saint Paul desde Southwark
Mensaje en una fachada de Southwark que me llamó
la atención al pasar y que resultó ser el slogan de una
antigua fábrica de cerveza, situada en estos edificios.
También hicimos una parada en The Globe e intentamos imaginarlo
en la época isabelina.
Y me encantó descubrir una placa azul desvelando que el
mismísimo vicealmirante de la Bounty, William Bligh fue el antiguo propietario
de esta casa (añado que me enamoran estas puertas azules).


El broche final al paseo y por extensión al viaje fue la visita al Imperial War Museum. Me gustó mucho la apuesta didáctica con la que han decidido mostrar sus colecciones. Es evidente que los colegios e institutos son uno de los principales públicos del museo, y solo había que ver la cara de los chicos para comprobar lo efectiva, instructiva y lúdica que resultaba la visita para ellos. Tengo que reconocer que a mi me encantan los museos a la antigua usanza, con sus colecciones expuestas de forma abigarrada y a veces confusa. Esos en los que tienes que desplegar toda tu pericia y paciencia para dar con la perla rara (como en aquellos gabinetes de curiosidades que tanto fascinaban a las gentes del XVIII).  Pero, en ocasiones, se agradecen los aires de modernidad.


La preciosa entrada principal del Imperial War Museum.


Como siempre, un auténtico placer volver a Londres. Que no
se me enfade París pero...ya estoy deseando volver. 

Y me temo que aquí tengo que poner punto y final al paseo. Espero que hayáis disfrutado con las fotografías y muy pronto os enseño el montoncito de libros que traje en la maleta como resultado de mis correrías londinenses. Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas. 

lunes, 30 de mayo de 2016

Mrs. Palfrey at the Claremont de Elizabeth Taylor


Una tarde cualquiera de café y lectura.
Como ya os dije en entradas anteriores, Mrs. Palfrey at the Claremont resultó ser una muy buena lectura. Triste y dura por momentos, pero en cualquier caso, impecable.

Recuerdo perfectamente que este fue uno de los primeros libros de Elizabeth Taylor que compré mientras dotoreaba por las estanterías de Gibert Jeune. Por aquel entonces muchos de los libros de la sección de bolsillo todavía estaba ordenados por editoriales, y a mi me era imposible no acercarme al rincón de la Petite Bibliothèque Payot- Rivages.
Así fue como Mrs. Palfrey llegó a mi vida.

Corren los años 70 cuando Mrs. Palfrey llega con sus maletas al hotel Claremont; un establecimiento que, pese a su buena posición en el barrio de Kensington, tiene mucho más de residencia de ancianos que de lugar de prestigio. Entre los muros del hotel, los distintos huéspedes (ancianos en su gran mayoría) ven pasar los días en absoluta monotonía. Se suceden las mismas rutinas, las mismas comidas e incluso las mismas conversaciones. Lo único que da un poco de chispa a su existencia es la velada competición que unos y otros llevan para ver quien recibe más visitas de amigos y familiares.
La pobre Mrs. Palfrey, completamente olvidada por su hija y su único nieto, es el lastimoso farolillo rojo de la competición. Pero todo cambia cuando un accidente la lleva a conocer a Ludo, un joven escritor que también vive enfrentado a la soledad.



Como veis por la fotografía, ya han pasado varias semanas desde que terminé esta novela, pero os escribo sobre ella con la emoción intacta. Mrs Palfrey at the Claremont es uno de esos libros que permanecen con uno incluso mucho tiempo después de haberlo terminado; puede que sea por lo bien escrito que está, por las emociones que desbordan sus páginas o quizá simplemente porque toca uno de esos temas cotidianos al que a veces es tan difícil enfrentarse, la llegada de la vejez.

La forma en la que Elizabeth Taylor evoca este periodo de la vida es sincera y sin concesiones. No solo muestra los estragos físicos que el paso del tiempo deja en el cuerpo, si no también los que ocasiona en el espíritu. Mrs. Palfrey lo dice en la novela: "El mayor desastre de la vejez es no sentirse capaz de aventurarse a hacer cosas por uno mismo, ver reducida tu libertad".


Duele tanto ver como rememora aquellos tiempos en los que tenía un hogar propio, la libertad de fijar sus propios horarios; de no temer salir a la calle sin rumbo fijo, sin tener que reducir su campo de acción a las calles adyacentes del hotel Claremont, por miedo a una caída, por miedo a la fatiga, a perderse si la memoria juega una mala pasada...
Y aún más doloroso es ver el aislamiento que a veces trae consigo la vejez, la falta de lazos con el exterior. El mundo reducido a una habitación, a una casa propia en el mejor de los casos, a una residencia cuando no existe otra solución. 

Elizabeth Taylor y una escena de la adaptación cinematográfica
de Mrs.Palfrey at the Claremont con Joan Plowright y Rupert
Friend en los papeles protagonistas.
En la novela Mrs. Palfrey y Ludo, viven pequeños momentos de complicidad y entusiasmo que aligeran la atmósfera y nos ayudan a tomar un respiro. Pero Taylor no nos lleva a engaño, la suya es una relación interesada, desprovista de sentimentalismos. Mrs. Palfrey se sirve de él haciéndolo pasar por su nieto ante el resto de huéspedes del hotel, y Ludo se sirve de ella como objeto de estudio para su próxima novela. El tema central de la historia, la soledad que ambos comparten, siempre está bien presente.

Leer a Elizabeth Taylor supone vivir una experiencia intensa; no entiendo como una escritora con su pericia haya podido ser víctima de tal olvido. Taylor siempre encuentra las palabras exactas para capturar una emoción, un momento o un lugar; los hace reales, los llena de vida. Sus personajes respiran, ríen, sufren y deambulan ante nuestros ojos. En ocasiones felices, a menudo melancólicos.

Mrs. Palfrey at the Claremont describe a la perfección la melancolía de la vejez, los ritos que la acompañan, la larga espera de una llamada, de una invitación o de una visita en el mejor de los casos. Es una lectura que invita a la reflexión y a la toma de conciencia. Yo no puedo más que recomendárosla, y deciros para terminar (aunque sea algo tan obvio), que si tenéis todavía con vosotros a vuestros abuelos, o si cruzáis en vuestro camino una persona mayor, (una vecina, un desconocido en el autobús)... por favor, sed amables y pacientes; no podemos imaginar el enorme valor que puede tener un simple gesto de amabilidad, un amago de conversación.

Un fuerte abrazo a todos y muy felices lecturas.

PD. Mrs. Palfrey at the Claremont ocupa el año 1971 en mi Century of Books
PD1. Podéis encontrar dos novelas de Elizabeth Taylor (La señorita Dashwood y El juego del amor) en el catálogo de la editorial Ático de los libros