viernes, 28 de marzo de 2014

An old-fashioned girl de Louisa May Alcott

Con unos cuantos días de retraso por fin termino mis lecturas del Readathon. Esta vez se encontraban en liza Alcott y Stevenson; Nueva Inglaterra versus la Inglaterra original, y aunque he disfrutado de ambas novelas, esta vez Alcott ha ganado la partida por un pequeño margen.
Muchas de vosotras me dijisteis que os gustó mucho An old-fashioned girl y pensasteis que yo también la disfrutaría. Una vez mas, estabais en lo cierto.

Como muchas obras literarias del siglo XIX, An old fashioned girl se publicó originalmente por entregas. En su caso en una revista infantil  de la que la propia Alcott era editora, Merry's museum. En un principio la novela debía contar únicamente con los seis primeros capítulos, que coinciden con la infancia de los protagonistas; pero la historia de Polly Milton tuvo tal éxito entre sus lectores que Alcott decidió continuar la trama hasta la entrada de la protagonista en la edad adulta. 

Boston en 1870. La estación de tren y el parque que veis
en la ilustración, aparecen en varias escenas de la novela. 
Cuando la conocemos, Polly acaba de llegar a Boston para pasar una temporada con unos familiares acomodados, los Shaw. Junto a ellos, descubre un mundo nuevo de opulencia y diversiones en el que no le resulta nada fácil encajar.
Pero muy pronto, su gran corazón y sus firmes valores harán que se gane el cariño de la opulenta sociedad bostoniana.
Cuando seis años más tarde Polly regresa para trabajar como maestra, su presencia y su influencia cambiará para siempre la vida de los Shaw, sobre todo la de Tom, su antiguo compañero de juegos. Todos se darán cuenta de que una vida de riquezas no es garantía de felicidad y de que está puede encontrarse hasta en los más pequeños detalles.

                                  

An old-fashioned girl es uno de esos libros de trama sencilla y agradable que te reconcilian con el mundo. Una de esas historias que duermen en la estantería de nuestros padres, muchas veces recopiladas en antiguas colecciones juveniles de páginas ya amarillentas. Mientras estas inmerso en su lectura, es inevitable que te vengan a la mente las figuras de Anne Shirley, Jo March o Robin Gareth-Lawless.  Esas heroínas de juventud, que como Polly, atraviesan el difícil momento  del paso de la niñez a la edad adulta. 


La elegancia de Fanny Shaw
 frente a la sencillez de Polly.
Es cierto que Polly no tiene la personalidad arrolladora de sus contemporáneas literarias, pero aún así se hace querer. Para describirla, nada mejor que el título elegido por Alcott para su novela y es que Polly Milton es ante todo una chica "anticuada". Y si ya lo era para los estándares de 1869, imaginad para los actuales.

Es cierto que muchos de los valores que transmite y con los que se va ganando el corazón de los que la rodean son valiosos y admirables:  el respeto por las personas mayores, el valor de los placeres sencillos, la defensa del trabajo y de la independencia....  Pero en ocasiones, Polly peca de ser demasiado perfecta, sencilla y remilgada. A veces te dan ganas de decirle: "chica, que un poco de diversión no te lanza de cabeza a los Avernos".

Pero estamos en 1869 y para confrontar los valores de una vida sencilla con la vida disipada y frívola de los ricos, Alcott necesitaba de un personaje como Polly. Ésta, con su encanto natural irá removiendo conciencias y también levantando algunas pasiones, ya que en la novela tampoco falta una buena dosis de romances y matrimonios.
Precisamente Pilar, me preguntaba que me había parecido Tom, el principal protagonista masculino, y tengo que decirle que me ha parecido un personaje adorable. Me ha encantado su evolución: de niño travieso, a joven dandi despreocupado y de ahí a hombre responsable y trabajador. Su relación con Polly es tierna desde la infancia y por momentos me ha recordado a Jo y a Laurie (salvando las distancias, claro).

La habitación de Polly podía parecerse muchísimo
 a esta.
Pero sin duda, mas que la historia de amor, lo que más me ha gustado del libro ha sido la férrea voluntad de Polly de buscar su camino por si misma. Me he enamorado absolutamente de la pequeña habitación que alquila cuando empieza su trabajo como maestra. En ella encuentra todo lo que necesita para su confort y para llevar a cabo sus proyectos: una chimenea, asientos confortables, su pequeña tetera y una librería bien surtida. Su propio espacio, un lugar donde refugiarse en los momentos duros y donde vivir también los más felices.
La escena final del libro es uno de ellos, pero si tuviera que elegir, mi preferida sería el improvisado picnic que Polly hace con sus amigas. 
En ese instante asistimos al momento en el que un grupo de jóvenes trabajadoras e independientes hablan de sus planes, sus ambiciones, sus éxitos y fracasos. Allí junto a una aspirante a pintora, una escritora, una doncella y una maestra, la elegante Fanny Shaw, que también esta presente, se da cuenta de lo vacía que es su vida.
Todas esas chicas siguen siendo mujeres, pero con una satisfacción añadida, el esfuerzo diario que ponen para conseguir sus metas. Un horizonte lleno de proyectos y no solo una monótona sucesión de bailes, vestidos, placeres y  cotilleos.

"Men must respect such girls as these, yes and love them too, for in spite of their independence, they are womanly". Piensa Fanny en esa escena.

Louisa May Alcott
Ese es el mensaje que Alcott transmite en esta sencilla historia. En aquella América de mediados de siglo XIX un nuevo tipo de mujer estaba naciendo. Chicas jóvenes que buscaban realizarse más allá del papel de esposa y madre, que se dieron cuenta de que defender su independencia no significaba renunciar a su feminidad.

Si habéis disfrutado de Mujercitas y os apetece reencontraros con Alcott o si simplemente estáis buscando una historia sencilla y agradable que os arranque una sonrisa, dadle una oportunidad a esta novela. Puede que este algo anticuada, pero hasta el objeto más viejo tiene un encanto especial e irrepetible digno de atesorar.

¡Feliz fin de semana y felices lecturas a todos!

PD. En la novela hay varias referencias literarias que me han llamado la atención: los consabidos ataques a novelas francesas perniciosas; la alusión de "El secreto de Lady Audley" como novelita de entretenimiento para señoritas (la pobre Braddon siempre saliendo mal parada) y sobre todo la cita del episodio de  las naranjas de Cranford... Ha sido leerlo y me han entrado unas ganas irrefrenables de leer a Gaskell de inmediato :)