lunes, 25 de febrero de 2013

El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald

Visualizad una isla, cercana al bullicio de Nueva York pero al mismo tiempo solo perturbada por el rumor del océano. En ella, como una parte más del paisaje, proliferan las mansiones; todas acogen al visitante con verdes parterres de césped, con  burbujeantes fuentes escultóricas y con la brillante superficie de sus piscinas. Nada es desagradable a la vista y la vida transcurre entre horas de ociosidad absoluta.
Dejad ahora de ver e imaginad que todos los que habitan esas casas son felices. Se trata de los triunfadores, aquellos que disfrutan del éxito  por méritos propios o por bendición de una herencia familiar.  Pero a pesar de que su felicidad debería estar asegurada, digo bien imaginad. Os sorprendería saber que a menudo la felicidad que disfrutan es tan efímera como el tiempo que dura una canción. 

Mansiones de Long Island
Entre todas esas mansiones Francis Scott Fitzgerald hace destacar  una frente al resto. Es la casa de Jay Gatsby. Nadie sabe quien es él, de donde vino, ni como consiguió llegar a su mansión de Long Island. De todos modos estos detalles no son de gran importancia para su nutrido grupo de invitados; tiene dinero y eso le convierte en uno de ellos. Nadie falta a sus fiestas y su nombre está en boca de todos. Incluso en los labios de un recién llegado a la isla, Nick Carraway. Como muchos otros viene del Midwest estadounidense para probar suerte en el este. 
Después de conseguir trabajo en Nueva York se instala en una modesta casa, vecina a la de Gatsby y cercana a la de su prima, la encantadora y millonaria Daisy Buchanan. Como todos los que oyen su nombre, Nick se siente intrigado por Gatsby ¿Quién es en realidad? ¿Cómo amasó su fortuna? Y lo que es más desconcertante ¿Por qué se le ve cada noche, a oscuras en el extremo de su jardín, mirando absorto hacia el otro lado de la bahía donde está la casa de Daisy?



Como una cabra!
Creo que muchos en algún momento de nuestras vidas hemos oído hablar de Gatsby. Yo he tardado en darle una oportunidad a su historia y no sabéis como me arrepiento. Fitzgerald tiene un estilo ágil, directo y muy cuidado. No se anda por las ramas y se nota desde las primeras líneas que no está describiendo algo que ha imaginado, sino algo que ha vivido de primera mano. Estamos en los locos años veinte, en la llamada jazz age donde las flappers eran reinas indiscutibles de la fiesta. Aún hoy vemos sus fotografías, sus atrevidas poses, sus vestidos e intentamos imaginar como hubiera sido acudir a una de esas alocadas reuniones. La grandeza de Fitzgerald reside en que no se limita a presentar los fastos de esa sociedad, sino que utiliza su esplendor para mostrarnos al mismo tiempo la degradación y la mezquindad que esconde. Como en una fábula con moraleja, nos enseña las dos caras de la moneda del famoso sueño americano. 

Fiesta en casa de Gatsby
Así la novela va ganando en intensidad. Si al principio parece limitarse a una serie de fiestas y  frívolas conversaciones de gente rica, Fitzgerald va creando una trama que nos va mostrando la verdadera naturaleza de cada personaje y las motivaciones que mueven sus actos. Entre todos ellos es el propio Gatsby el que me conquistó. No pude evitar sentir una mezcla de ternura y compasión por su sueño roto. En realidad por los sueños rotos no solo de aquellos jóvenes de los años 20 sino por los sueños despedazados de tantas personas en el momento exacto en que vivimos. La reflexión de Fitzgerald no ha perdido ni un ápice de validez y eso es lo que la hace aún más demoledora. 

Me entristecí profundamente al leer el fragmento de un diario de niñez de Gatsby. En él va anotando un estricto horario de tareas a fin de convertirse en un hombre de provecho:

Gatsby y Daisy
"Levantarme de la cama    6.00                                
Ejercicios gimnásticos       6.15-6.40
Estudio de electricidad      7.15-8.15
Trabajar                              8.30-4.30
Béisbol y deportes             4.30-5.00
Practicar dicción, postura 5.00-6.00
Estudiar inventos necesarios  7.00-9.00

No perder el tiempo en Shafters
No fumar ni mascar chicle
Bañarme días alternos
Leer un libro o revista buena cada semana
Ahorrar $3 a la semana
Ser mejor con mis padres  "

El ultimo capítulo es magistral y te deja una reflexión que no te abandona en mucho mucho tiempo.


"Había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debía parecerle tan próximo que no le seria imposible lograrlo...Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros...Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y... un buen día...

Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

Esta es una de esas lecturas que recomiendo sin duda alguna. Fitzgerald es un maravilloso novelista y el resto de sus obras ya están en la parte superior de mi pila de lecturas pendientes.

Además por si acaso no tenemos bastante con la novela, ésta ha sido adaptada al cine en varias ocasiones (1949, 1974, 2000, 2012) Será cuestión de verlas a ver que Gatsby nos convence más! :)